La mesa de conducción del comité nacional de la UCR definirá desde hoy la estrategia de defensa frente a los embates de los radicales K que viene mostrando desde que Roberto Lavagna les dio el portazo final y volvió a los brazos de Néstor Kirchner. Mientras en la junta de disciplina partidaria apurarán el dictamen de expulsión del neuquino Horacio «Pechi» Quiroga por haber aceptado un cargo en el gobierno nacional, la mesa de conducción partidaria aprobará la convocatoria a un proceso de ratificación de las afiliaciones, la apertura de un seminario de discusión ideológica y la agenda de una gira de Gerardo Morales y del mendocino Ernesto Sanz para explicarle a los dirigentes de todo el país por qué no habrá acuerdo con los concertadores de Julio Cobos.
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El espacio de maniobra que le queda al binomio Morales-Sanz -dupla que aunque tiene discusiones internas sigue reflejando la resistencia al avance K en el partido- es cada vez más chico. Como confiesan en los pasillos de la UCR «sólo queda seguir para adelante». Cualquier otra estrategia implicaría hoy un acuerdo con los radicales K, a través de una amnistía total para los que fueron a jugar en la elección junto al gobierno y la disolución de la actual conducción.
El resto de los actores no aporta hoy para otra cosa: Margarita Stolbizer considera que llegó tarde el reconocimiento del daño que le hizo el alfonsinismo en la interna bonaerense y sólo habla de continuar en la Coalición Cívica. Y en la Capital Federal hasta Rafael Pascual pide negociar con el radicalismo K.
Por eso habrá mucho ruido esta semana. No sólo «Pechi» Quiroga estará en la picota. Es el primero en la lista de expulsables, pero lo siguen Pablo Verani, Arturo Colombi y Miguel Saiz, a los que, casi con inocencia, la mesa de conducción les envió un último mensaje antes de la ruptura final: «Su situación de indisciplina no es tan grave como la de Quiroga que ya integra el gobierno nacional como funcionario de la Cancillería».
Adversario
El problema con el neuquino excede ya su pase al kirchnerismo. Quiroga, como aliado del mendocino Julio Cobos, es un posible adversario para Morales, en una eventual ofensiva de los denominados radicales K para conquistar la dirigencia del partido, si es que se abre una puja interna con todos los radicales. Es decir, los que están adentro y los que hoy no son reconocidos ya como afiliados.
Así, el ex intendente de Neuquén podría sumarse al grupo de los expulsados del centenario partido, que lidera el desterrado vicepresidente Julio Cobos, a quien el comité nacional decidió echar luego de que aceptara acompañar a la presidente Cristina Kirchner en la fórmula electoral. Quiroga es uno de los pocos radicales K que logró acceder a un cargo en la gestión kirchnerista, en el marco de la concertación plural que inauguraronlos Kirchner y que nuclea a miembros de distintos partidos.
El enfrentamiento entre el radicalismo orgánico y el kirchnerista quedó sellado para Quiroga el día que asumió la subsecretaría de Asuntos Institucionales de la Cancillería, el pasado 10 de enero.
Al acto asistieron Cobos, como máximo exponente del radicalismo K, y el gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, otro mandatario radical del ala kirchnerista.
Al día siguiente la junta de disciplina del comité nacional de la UCR recibió la solicitud de expulsión de Quiroga, que esta semana podría concretarse.
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