Reutemann
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El hombre de Santa Fe -sin versear, en la más pura intimidad-habla con palabras casi extranjeras en la política criolla como «patria». Luego dice: «Aunque pudiera ser útil y votado, se necesitan 30 millones de pesos para llegar a la presidencia.» ¿Qué político se fijaría de dónde provienen los medios, mientras lleguen? Reutemann no quiere arribar a cualquier precio, asumir compromisos de contribuciones ahora que se transformarían en exigencias después si se encumbra en una magistratura.
El santafesino, como se ve, es absolutamente incomún. Medita y le pregunta a quien esto escribe sobre problemas económicos del momento, que suma a otras opiniones por eso de conocer la necesidad y analizarse para satisfacerla. No el poder por el poder en sí.
Fue a la gobernación de Santa Fe porque la vio degradada, porque no dudaba que conocía bien su provincia y sería útil quizá con aplicar sólo austeridad. También porque a una hora de la sede de gobernar podría gozar de la tranquilidad de su campo.
Hasta exageró la austeridad y se llenan los santafesinos de anécdotas de, inclusive, su «amarretismo», como dicen risueños pero satisfechos de un político que actúe así. De cómo se trae el tarro del café con que invita en la Casa de Gobierno provincial. De lo que maneja -inclusive helicópteros-, ahorrando choferes oficiales. De la nafta que paga de su bolsillo cada vez que se aleja en un vehículo provincial a su campo fuera del trayecto de un viaje oficial.
Ya hemos contado el chiste santafesino: «Reutemann tiene un cocodrilo en el bolsillo derecho del pantalón para que nadie meta la mano por plata. Pero, además, un veterinario en el bolsillo izquierdo para cuidar la buena salud y actuación del cocodrilo».
Para comprender a este hombre, como se señaló, hay que apartarse de los cánones más clásicos que guían el accionar de los políticos argentinos. Al único hombre de la política que me atrevería a asemejarlo fue aquel presidente de Brasil, Janio Quadros. Había sido buen gobernador de San Pablo en los años '50. Le insistieron, dudó pero se postuló y ganó la presidencia de Brasil. Aunque nunca explicó bien por qué, renunció a menos de un año de asumir. Fue la sorpresa general. El hombre no aspiraba a la fama, presumiblemente sí a ser útil a su país. Quizá descubrió problemas insuperables dentro del esquema o vio venir lo que años después se concretaría sobre su sucesor, Joao Goulart: el golpe militar brasileño que, a diferencia de los argentinos, degradó a la demo-cracia pero fue útil a la economía ya que los uniformados encaminaron el Brasil industrial moderno.
El hombre de Santa Fe no es de los que renuncian pero medita bien antes de dar cualquier paso. No va a ser candidato sólo porque el cordobés De la Sota se sienta hoy sin fuerzas no sólo para enfrentar a Carlos Menem en la interna sino tampoco a Adolfo Rodríguez Saá, su archienemigo desde que no le cumplió una palabra, algo que demasiado frecuentemente se le imputa al hombre de Córdoba.
Tampoco para satisfacer al matrimonio Duhalde, que si no es a ellos mismos prefieren Reutemann a cualquier otro. Y lo dicen. Habiendo hablado bastante con Reutemann, igual no me atrevería a afirmar si se postulará o no a la interna del justicialismo para aspirar a la candidatura presidencial. Sí afirmo que si lo está decidiendo -o ya lo hizo-será en función de variables y alternativas totalmente distintas de la que los analistas calculan para este tipo de decisiones en hombres públicos. Por caso, la mera insistencia -aun de sus más allegados-tampoco hace efecto en su decisión.
Si, en cambio, tuviera que opinar, diría que es conveniente y necesario que Reutemann participe en la interna del PJ. Sus carencias para el cargo son pocas. Una es la susceptibilidad. Este jueves estaba herido con Eduardo Menem que, bastante toscamente, dijo que el accionar de Reutemann y el cordobés De la Sota como posibles candidatos en la interna era «una maniobra». ¿De quién? Si a Carlos Menem absolutamente le conviene que el santafesino concurra para que no diga nadie si la gana: «Pero no estaba Reutemann».
No hubo reunión este fin de semana en Santa Fe pero lastima al santafesino la sola posibilidad de que se le ofrezca ahora ir en fórmula detrás de Carlos Menem. No cabe concebir, entonces, que Eduardo reitere, 15 años después, el error político de 1987, cuando se apersonó a su hermano Carlos Menem y le pidió que desistiera de su candidatura en la interna abierta del justicialismo a cambio de un puesto asegurado en la fórmula como vicepresidente del entonces favorito, Antonio Cafiero, encabezándola y ya en ese momento ocupar dos ministerios bonaerenses cuando Cafiero gobernaba. Menem rechazó la poco atractiva propuesta y cambió la historia.
Si en la interna justicialista están Carlos Menem, Carlos Reutemann y otros destacados del partido como Adolfo Rodríguez Saá y el salteño Juan Carlos Romero, habrá varias derivaciones. Pocos dudarán de que el ganador de tremenda puja tiene más asegurada que nadie la presidencia de la Nación, aunque medie luego una elección general en marzo. Será la principal interna sobre los que puedan ir con formula única -Elisa Carrió, Luis Zamora, Ricardo López Murphy, Patricia Bullrich-y aun los que no podrán, por prestigio, eludir hacer su interna como la UCR, quizá lanzando a Rodolfo Terragno contra el chaqueño Angel Rozas.
Perder eventualmente frente a Carlos Menem no hará mella en ningún justicialista ni tampoco -o menos aún-en Carlos Reutemann. En cambio, podría surgir la posibilidad de que el segundo acompañe al primero más votado.
Una fórmula presidencial donde estén los nombres de Reutemann y Menem -en el orden que sea pero por resultado de la interna-sería un impacto y una de las mayores esperanzas hoy de recuperación del país, en tan grave crisis.




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