Argentina y Uruguay aplicaron a pleno la « diplomacia secreta indirecta», una disciplina de las relaciones internacionales que se basa en presionar al contrario vía un tercero, en la cumbre de Viena que terminó el sábado. Mientras Néstor Kirchner quiso mostrarse públicamente como un presidente defensor de la ecología, habló con el jefe de gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero para que intervenga en el conflicto presionando a la empresa ENCE para que paralice sus obras. Por su parte, el uruguayo Tabaré Vázquez declaró en cada posibilidad que pudo que su país es un defensor de las inversiones extranjeras, mientras que en una reunión con el comisario general de la Unión Europea (UE), Peter Mandelson, acordó que desde ese bloque se presione al Banco Mundial para que libere los más de u$s 800 millones que el organismo que dirige Paul Wolfowitz prometió para levantar la planta de Botnia en Fray Bentos.
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Si se tiene en cuenta que ambos presidentes se habían prometido mutuamente a dejar el tema papeleras por fuera de la cumbre de Viena, ya que se decía que se trataba de un conflicto bilateral que no debía mezclarse en un evento multilateral donde la clave era negociar el libre comercio y la rebaja de los subsidios, el evento terminó siendo un fracaso.
Prácticamente no se avanzó un solo paso en la posibilidad de acelerar la integración entre el Mercosur y la UE, ya que este último bloque se mostró algo espantado por el grado de conflictividad que muestra hoy el proyecto de integración comercial que forman la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Toda discusión quedó para cuando el Mercosur solucione, si lo logra, sus problemas internos. Para el bloque esto significa una oportunidad perdida, ya que no hubo oportunidad para discutir seriamente uno de los problemas más importantes para mejorar el intercambio comercial sudamericano con el mundo: la posibilidad de reducir los subsidios agrícolas o al menos incrementar los cupos para ingresar importaciones de productos primarios originarios del Mercosur.
Así las cosas, lo central en Viena para la Argentina y Uruguay resultaron las negociaciones por las papeleras de Fray Bentos, en teoría el capítulo que menos se iba a discutir según la promesa original de los dos presidentes. Ayer se conoció incluso que tanto Kirchner como Vázquez utilizaron los recursos de la diplomacia indirecta (un mecanismo que en general fue abandonado por los países desarrollados al finalizar la Guerra Fría), para conseguir apoyos internacionales a favor de la causa de cada país. El panorama fue el siguiente:
La Argentina. El diputado nacional ex duhaldista y neokirchnerista José María Díaz Bancalari, que integró la comitiva oficial en detrimento del titular del bloque oficial Agustín Rossi, reveló ayer un dato desconocido del viaje a Viena: que en la reunión entre Kirchner y José Luis Rodríguez Zapatero, éste se comprometió a intervenir ante la papelera ENCE para que las obras de la planta no avancen hasta que esté acreditado el impacto ambiental que producirían. El legislador dijo que «con respecto a ENCE, la papelera que tiene capitales españoles no avanzará absolutamente en nada hasta que no esté perfectamente acreditado cuál es el impacto ambiental del proyecto. A eso se comprometió Rodríguez Zapatero, para luego continuar con las conversaciones». Explicó que «en caso de que haya perjuicios de polución con respecto al medio ambiente o a los recursos ambientales no renovables», Rodríguez Zapatero estaría dispuesto «directamente a avanzar hacia otro lado». Esto quiere decir que Kirchner utilizó la reunión para presionar sobre Zapatero, con el fin de suspender las obras y cuestionar el hecho de que el otro proyecto de la región, el de Botnia, siga adelante.
Logro
Si la promesa del español se concretara, ENCE debería suspender ya la construcción de la planta, y esperar a que desde el Banco Mundial, o desde el tribunal de La Haya, se anuncie oficialmente si las pasteras son o no contaminantes. Como se cree que estas definiciones tardarán al menos un año en concretarse, es difícil que el compromiso de Zapatero se cumpla. Lo importante, entonces, es que el argentino pudo incorporar al español a la causa, e interesarse con la posición local del conflicto, algo no menor en medio de un bloque, la UE, contrario a la posición de Kirchner.
Uruguay. Además del encuentro con la presidenta de Finlandia,Tarja Halonen, en el que obviamente fue defendido a ultranza el proyecto Botnia, Tabaré Vazquez tuvo una reunión clave para el futuro de las papeleras con el comisario europeo Peter Mandelson. El británico fue abiertamente un defensor del levantamiento de las plantas, al extremo de asegurar que las pasteras podrían funcionar tranquilamente en cualquier país miembro de la UE. Sin embargo, en la reunión que mantuvo en Viena con Vázquez fue aún más lejos, y se habría comprometido a intervenir personalmente ante el norteamericano Paul Wolfowitz para que éste libere los fondos necesarios (unos u$s 800 millones) para la continuidad del proyecto de Botnia en Fray Bentos.
Recordaba Mandelson, en el encuentro con el presidente uruguayo, que conoce particularmente al ex número 2 de la Secretaría de Defensa de George W. Bush, cuando el británico integraba el gabinete de Tony Blair y apoyó a los Estados Unidos para la invasión de Afganistán.
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