19 de enero 2006 - 00:00

Rodríguez Saá vuelve al PJ pero quiere ser el conductor

Adolfo Rodríguez Saá y Juan Carlos Romero
Adolfo Rodríguez Saá y Juan Carlos Romero
Rodríguez Saá reunió ayer a sus acólitos de la Cámara de Diputados para discutir la postura que tomará ese bloque en relación con la reforma al Consejo de la Magistratura que llegará al recinto en febrero. Sin embargo, como se verá, no hubo demasiadas precisiones sobre el tema ni debería haberlas en los próximos días. En cambio sí se conoció un pronunciamiento respecto del otro proceso que ha comenzado a verificarse actualmente en el oficialismo: Rodríguez Saá se postuló como futuro presidente del PJ en una instancia de normalización.

La noticia resulta más comprensible si se recuerdan algunos antecedentes y, también, si se examinan los intereses de Néstor Kirchner en relación con el PJ. Lo primero: Rodríguez Saá junto con Carlos Menem iniciaron una campaña en favor de que se normalice el partido el año pasado.

Señalaban lo que se sabe: desde hace tiempo esa fuerza está descabezada y su vida interna se regula en el juzgado de María Servini de Cubría, que intervino el partido con el agente de la SIDE Ramón Ruiz.

• Desafío incómodo

Cuando levantaron esa bandera, los dos ex presidentes sabían que le estaban provocando un incómodo desafío a Kirchner, quien para aceptar el convite debía reforzar su dependencia de Eduardo Duhalde. Hoy, sobre todo por efecto de las elecciones de octubre pasado, la misma demanda tal vez termine por ayudar al Presidente. Si algo desea hoy el santacruceño es que el PJ se normalice para dar por clausurado el ciclo en el cual ese partido se presentó a las elecciones generales con más de una oferta. Esa dispersión fue providencial para la llegada al poder del actual elenco gobernante.

También resultó útil en las últimas legislativas, cuando se trataba de sumar diputados desde distintas procedencias. Ahora, cuando Kirchner está moviendo las piezas en orden a su reelección en 2007, nada podría ser más dañino que la fragmentación del PJ en varias fórmulas. Por eso el propio mandatario comenzó a hablar de normalizar el partido y convocó a todo el mundo para esa tarea. Inclusive a Juan Carlos Romero, un gobernador distante, a cuya provincia jamás asistió, ni siquiera durante la campaña electoral.

Rodríguez Saá, entonces, ayuda reclamando (como esos periodistas radiales que, simulando enojo e independencia, levantan la voz y golpean la mesa diciendo: «Tengo miedo de que este presidente afloje»). Distinto sería que el puntano anuncie que, por las razones que fuere, «no están dadas las condiciones para competir y por lo tanto iremos por afuera del partido». Eso sí, pretende pasar una factura por esa colaboración reclamando un lugar preponderante: la jefatura. Para el Presidente puede ser una cooperación incómoda. ¿

Aceptará que Rodríguez Saá encabece el PJ? ¿O lo enfrentará? Si lo hace, ¿lo hará a través de un gobernador aliado, tipo Eduardo Fellner? ¿Estaría ese gobernador en condiciones de ganarle al puntano? ¿O debería postularse Kirchner? ¿Quiere Kirchner, frente a una clase media no peronista para la que trabaja con esmero, aparecer peleando una interna de su partido o encabezándolo? Son las preguntas iniciales que se desprenden detrás del lanzamiento de ayer. Otro peronista distante de la Casa Rosada, el salteño Romero, ya se las formuló y terminó diciéndole a Kirchner lo siguiente: «No sé cómo será el proceso, pero quiero conocer sus reglas y participar de él». ¿Tendrá Rodríguez Saá la posibilidad de decírselo, él también personalmente, al santacruceño? Lo único que se puede afirmar es que a fin de mes él y Romero se encontrarán en Punta del Este.

Hay que observar con atención la lógica de esta discusión interna en el PJ porque echa una luz indirecta sobre la votación para la reforma del Consejo de la Magistratura. Allí también Rodríguez Saá ayuda reclamando. Uno de sus voceros, el diputado Carlos Dellepiane, explicaba ayer ante este diario que «no tenemos todavía claro cuáles son las consecuencias jurídicas de la reforma del Consejo tal como salió del Senado». Casi un insulto para Rodríguez Saá, que votó a favor del Ejecutivo con algunas disidencias parciales (sólo para ubicar al lector temporalmente: fue en la época en que se le reguló a San Luis la liberación de los fondos atrapados en el « corralito»). O «el Adolfo» no sabía lo que estaba votando o ayer no quiso que sus seguidores se beneficiaran con esos conocimientos y los mandó a estudiar. Todo un problema político si los diputados no llegan a las mismas conclusiones que el senador. Para quienes pensaron que aquellos fondos de San Luis se entregaron a cambio del apoyo al proyecto de Cristina Kirchner, una desmentida: no puede haber alguien tan torpe en el gobierno que hiciera esa concesión sin garantizarse también la postura del « adolfismo» en Diputados. ¿O sí?

Por las dudas, Dellepiane dijo que se tomarían su tiempo y que recién desentrañarían «las consecuencias jurídicas y políticas de la reforma en la segunda semana de febrero, no antes». Parecía estar en Sotheby's el diputado. Más allá de las humoradas, está claro que los siete diputados reunidos ayer en San Luis quieren iniciar una negociación con el gobierno antes de votar, atrapados por el precedente de su jefe en el Senado. ¿Se tocarán los dos cables y habrá una negociación legislativa mientras Kirchner y el puntano discuten sus roles dentro del PJ? Es la incógnita de los próximos 15 días.

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