6 de mayo 2002 - 00:00

Romero acompañó restos de Mera Figueroa

Directo en sus percepciones ni en los momentos de mayor crisis de su salud perdió su capacidad de entender los fenómenos de la política y de la vida. Hace un año y medio hizo una cadena de llamados por teléfono a sus amigos comunicando que tenía cáncer. «Ante la muerte -consolaba a sus amigos- siento ya más curiosidad que temor.» Hace algunos meses repitió la cadena para contar que se había curado. Instantes antes de morir el sábado a la noche en la silla del portero de su casa en la avenida Del Libertador en la Capital Federal, indicó Julio Mera Figueroa a un acompañante: «Llámenlo a Carlos Menem, que creo que me estoy muriendo».

El gobernador de Salta Juan Carlos Romero encabezó ayer el cortejo que acompañó los restos del ex ministro Mera Figueroa en el entierro que se realizó en el cementerio de la capital provincial. Había sufrido ese día en su domicilio de la avenida Del Libertador un aneurisma de estómago, a los 62 años.

Curado de su cáncer, Mera Figueroa había retomado su actividad política y en la noche del día anterior a su muerte mantuvo reuniones con dirigentes salteños, entre ellos su sobrino, el diputado nacional Juan Manuel Urtubey. Había manifestado interés en el lanzamiento de la candidatura presidencial de Romero y su diagnóstico sobre el futuro del actual gobierno era más que escéptico.

Mera era -pese a que ocupó un lugar lateral del escenario en los últimos años- uno de los referentes más importantes del peronismo contemporáneo.

• Trayectoria

Fue asesor de Héctor Cámpora y armador junior del tercer gobierno de Juan Perón. Diputado en 1973 se despegó (junto a Nilda Garré) del grupo de diputados críticos a quienes el general expulsó por «imberbes» (uno de ellos, Julio Bárbaro, no se afeitó nunca más los bigotes).

Preso y torturado en 1976, se exilió en 1979 en el Uruguay en donde desarrolló actividades de empresario inmobiliario.

El regresar la democracia actuó muy cerca de
Vicente Saadi, uno de los gerentes -en lo político y en lo material- de la exaltación nacional de Carlos Menem.

Para ello fue negociador, como interventor del PJ de la provincia de Buenos Aires, del regreso del peronismo al poder en 1987. Actuó en ese momento muy cerca de
Antonio Tróccoli como interlocutor con el entonces oficialismo para institucionalizar el PJ de esa provincia.

En 1988 (internas del PJ contra
Antonio Cafiero) y en 1989 actuó como jefe de campaña de Menem y allí desplegó sus mejores dotes como conocedor, como pocos, de las profundidades de la política argentina, no sólo del peronismo.

Después del triunfo del riojano intentó negociar con el gobierno de
Raúl Alfonsín un gabinete de coalición que le permitiese al mandatario radical llegar al 10 de diciembre. Un sector del menemismo (más adelante caracterizado como «celeste») logró precipitar la salida adelantada y achicó el espacio interno de Mera Figueroa, que se afianzó al asumir Menem como conductor del ala «rojo punzó».

Desplazado por esa pelea con el ala celeste de
Eduardo Bauzá, Eduardo Menem y José Luis Manzano, no tuvo cargos al asumir Menem, salvo una designación como asesor presidencial para repatriar al país los restos de Juan Manuel de Rosas.

Recién en febrero de 1990 llegó a ser ministro del Interior, cargo en el cual estuvo hasta agosto del año siguiente. Debió firmar la intervención a la gobernación de Catamarca de
Ramón Saadi y enfrentar la incautación de fondos del tesoro regional de Río Negro por el radical Horacio Massaccesi.

En esos dos temas se enfrentó airosamente con
Domingo Cavallo, quien intentó intervenir también Río Negro, pero Mera actuó en las dos oportunidades como garante de acuerdos con la UCR que incluyeron la no intervención que buscaba el ex ministro de Economía nada menos que de la provincia de La Rioja, de donde provenía el propio presidente.

Mera
dejó su cargo de ministro como víctima de una querella de negocios que enfrentó a sectores privados en la confección de documentos de identidad. Un mes antes de dejar el cargo se casó con Agustina Braun Blaquier, su segunda esposa (había enviudado a finales de la década de los años '80). Ese hecho de su vida privada fue usado también por sus opositores para criticarlo y lograr su relevo por José Luis Manzano.

• Empresario

Fuera de la órbita oficial, nunca ocupó más cargos. Intentó emprendimientos empresariales como criador de caballos de carrera -afición de toda su vida-, broker de frigoríficos y productor de miel.

Como dirigente del PJ fue clave como interventor partidario en Córdoba, donde alimentó el renacimiento de
José Manuel de la Sota y más tarde fue uno de los gerentes de la campaña presidencial de Ramón Ortega.

Después de 1999 retomó su trabajo junto a
Menem, para quien armó una red política en la provincia de Buenos Aires. En medio de la crisis final del gobierno de Fernando de la Rúa fue uno de los tantos peronistas que acercaron modelos de gobiernos de coalición. Incansable en el armado político trabajó en las elecciones del club River Plate (su hijo entró en la directiva por la minoría) y la muerte lo sorprendió cuando organizaba su cumpleaños para la semana que viene con un solo pedido: «Que vengan todos, pero por favor que nadie me fume enfrente».

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