23 de julio 2004 - 00:00

Sacan a otro jefe de Policía

La cada vez más cuestionada política oficial de no intervenir ante las manifestaciones violentas disparó ayer la renuncia del jefe de la Policía Federal, comisario general Eduardo Prados. El uniformado no aceptó someter a sus efectivos a no portar armas de fuego en el operativo en torno a la Legislatura porteña por considerar que eso significaba desmerecer a la institución. Se opuso, en privado, a esa indicación de Néstor Kirchner y, como no consiguió que se reviera, decidió dejar su cargo. Su salida expresa el creciente malestar que existe en la Policía Federal frente a la inacción a la que la somete el gobierno, que el viernes pasado permitió que manifestantes atacaran durante horas la Legislatura. Pese a las quejas, el gobierno ratificó que, de ahora en adelante, la orden será "disuadir y prevenir" con efectivos desarmados. Prados es el segundo jefe de la Federal que deja el cargo desde que asumió Kirchner, en mayo de 2003. Anoche, el gobierno salió a desmentir que esa dimisión inicie una cadena de renuncias que podrían arrastrar al secretario de Seguridad, Norberto Quantín, y al controvertido Gustavo Béliz.

Disconforme con la política oficial de desarmar a los policías que custodian las marchas piqueteras, el comisario general Eduardo Prados renunció ayer a la Jefatura de la Policía Federal, cargo que había asumido en octubre pasado en reemplazo de Roberto Giacomino.

Oficialmente, el detonante fue la discrepancia entre la Casa Rosada y Prados sobre el operativo para proteger la Legislatura porteña: Néstor Kirchner ordenó que los uniformados no porten armas de fuego; Prados -por creer que quitar el arma a los efectivos es «desmerecerlos»- se opuso y dimitió.

En su lugar asumirá el comisario mayor Néstor Valleca, hasta ayer segundo de la fuerza. En tanto, el comisario Jorge Oriolo -ex superintendente de Investigacionesserá el subjefe. El resto de la cúpula lo definirá Kirchner a su regreso de la gira por Bolivia y Venezuela.

• Ratificación

Anoche, el vicepresidente Daniel Scioli y el ministro de Justicia y Seguridad, Gustavo Béliz, anunciaron desde Casa de Gobierno que la salida de Prados respondió a una «diferencia de criterios» entre el ahora ex jefe de la Federal y el Presidente.

A pesar de los espasmos que generó la renuncia de Prados, vía Scioli y Béliz, el gobierno ratificó su postura de «no reprimir» y actuar con «disuasión y prevención» ante las manifestaciones sociales.

Sin embargo, ayer se especulaba con que la onda expansiva sería mayor: podría apurar la salida del secretario de Seguridad,
Norberto Quantín, e, incluso, decapitar al propio Béliz. Además, en el seno de la Federal circulaba la amenaza de una renuncia masiva de la plana mayor.

En rigor, Prados liberó ayer el hartazgo de la comandancia policial por el maltrato -o, al menos, destrato-del gobierno ante la fuerza. La frase de Kirchner, en China, advirtiendo que no reprimiría con
«una policía de gatillo fácil» está grabada a fuego entre los uniformados.

Hubo, incluso, un hecho previo: tres semanas atrás una delegación de comisarios se lamentó ante Béliz por el sometimiento oficial. Ayer, revelándose contra una orden de Kirchner --impensable en otro contexto-, Prados explicitó ese malestar.

Ese motivo se conjugó con otras tensiones para disparar la salida del ahora ex jefe que no fue cuestionado por los destrozos del viernes en la Legislatura. La responsabilidad por esos hechos se orientó, sin escalas, al gobierno nacional, a quien se cuestionó por su inacción.

A pesar de las versiones, anoche Béliz negó la comentada renuncia de Quantín.
«Es una persona de bien y está trabajando en su despacho». Un rato antes, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, salió a desmentir el desplazamiento del ministro de Justicia y Seguridad.

Fue una tarde de desajustes. Al confirmar la salida de Prados, Fernández dijo que el comisario había sido echado. Más tarde, en conferencia de prensa, Scioli y Béliz lo corrigieron.
«Hubo una diferencia de criterio y como debe primar la postura de la presidencia, Prados renunció.».

El desacuerdo entre el jefe policial y el Presidente se centró en qué armamento debía portar la tercera línea de policías apostados en torno a la Legislatura porteña para evitar que se repitan los incidentes del viernes pasado.

Antes de partir hacia Bolivia, Kirchner ordenó que los efectivos no porten armas de fuego; Prados quería que, obviamente sin usarlas, lleven sus pistolas. No se llegó a un acuerdo, y el jefe policial presentó su renuncia.

• Sin coincidencia

«La instrucción del Presidente fue que no portaran armas de fuego vitales los efectivos de la Policía Federal. En este punto no hubo una coincidencia en cuanto al modo de actuación manifestado por el hasta hoy jefe de la fuerza», especificó Béliz, que consideró un «éxito» el operativo de ayer.

Frente a esa divergencia, el flamante jefe de la Federal, Valleca -que se venía desempeñando como segundo de Prados-, quedó al frente del operativo montado alrededor de la Legislatura y la Casa Rosada para evitar agresiones durante la marcha piquetera de ayer.

«Esto transmite tranquilidad a todos los participantes de una movilización y transmite mayor nivel de tranquilidad a los propios integrantes de la Policía en cuanto a su falta de responsabilidad ante situaciones no deseadas que se puedan producir»
, agregó el ministro.

Eso será, en adelante, la línea de acción que deberá respetar la Federal, con eje en
«la prevención y la disuasión» para «evitar por todos los medios situaciones de mayor violencia». Para eso «nos parece apropiado que el personal lo haga sin portación de armas de fuego», se despidió Béliz.

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