Scioli, cauto, arma una liga propia de intendentes leales
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Algo es cierto: el peronismo bonaerense luce fragmentado entre la ortodoxia que comanda José María Díaz Bancalari desde Avenida de Mayo, la costura del ministro del Interior Florencio Randazzo, lo que amontona Alberto Balestrini y el núcleo FAM, vía Pereyra, que casi se espeja en el PJ oficial.
No es casual, entonces, que esos cuatro actores figuren en todas las grillas que circulan para la definición de la nueva cúpula partidaria bonaerense. Los mandatos vencen a fin de año pero todo indica que el pulseo por la sucesión de Bancalari se postergará para principios de 2009.
El movimiento más previsible sería, a esta altura, que la jefatura recaiga en Balestrini. El dirigente de La Matanza, ahora vicegobernador, se mueve con la seguridad que le otorga la promesa privada que a mediados de 2007 le hizo Kirchner de bendecirlo para comandarel PJ bonaerense.
Sólo un sacrílego de «La Doctrina» podría presumir que ese compromiso no será, llegado el momento, respetado por el patagónico. Pero, a juzgar por lo aprestos, hay mucho herético dando vueltas si no no se explica por qué varios dirigentes desafían a Balestrini en la carrera por la jefatura partidaria.
Es imposible desvincular de esos escarceos la decisión de Scioli de imaginar un núcleo puro en la provincia. En eso concibe a Balestrini como un socio estratégico y por lo tanto, perjuran a su lado, no hará ningún movimiento para desbarrancar al matancero de la deseada conducción del PJ.
Entre tanto, las gestiones iniciales que llevó adelante Pérez, en estos días serán refrendadas, pronto, por el propio gobernador. Seguirán, además, las charlas con algunos referentes, sobre todo del conurbano. A Curto y Othacehé --separados por una rancia y arcaica antipatía mutua-, Alvarez y Pereyra se le sumarán otros contactos. También nexos en la Legislatura.
El argumento es darle solidez política a la gestión oficial y por eso, en cada diálogo, se detienen en precisar que ese circuito de relaciones no suponen ningún tipo de desmarque ni de diferenciación de la conducción que, a nivel nacional, ejerce Kirchner. «Esto es más kirchnerismo» dirán como eslogan.
Exponen como certificado de esa lealtad sin fisuras el rol que el ex presidente le dio a Scioli en el PJ nacional, donde además de vice lo convirtió en el portavoz formal de las decisiones del partido. En teoría, los recelos de otros tiempos entre Kirchner y su ex vicepresidente, se diluyeron.
En La Plata, no sin ufanías, rememoran que pocos meses atrás, el imaginario político pronosticaba que ante el primer traspié de los Kirchner, Scioli se convertiría en el primer Judas. Y que, contra los augures, el bonaerense fue el soldado más fiel. Olvidan citar la dependencia pecuniaria del gobernador.



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