9 de mayo 2007 - 00:00

Se enardeció Kirchner con la cruz de su provincia

Nunca se imaginó que en su provincia natal, Néstor Kirchner podría encontrar la rebelde horma de su zapato, luego de haberla gobernado en sumisión durante 10 años. Santa Cruz, que parecía un territorio escriturado para el Presidente, se le ha convertido en una pesadilla sin alternativas de solución, ya que ceder ante la presión de los docentes significaría -a juicio de la Casa Rosada- abrir las compuertas para un alud de demandas de otros sectores. Y no sólo en ese terruño patagónico. Pero el distrito arde: hubo desde anteanoche refriegas, marchas, tumultos, heridos, bombas incendiarias, un gentío acechó la casa del mandatario en Río Gallegos (la cual ya, se dice, habría sido convenientemente vaciada) y debió multiplicarse la intervención protectora de la Gendarmería con algunos incidentes. Tal vez exageraron los participantes en los disturbios, pero resultó insólita -otra vez más- la declaración del ministro del Interior, Aníbal Fernández, al comentar los episodios: dijo que los manifestantes «se autohirieron para dar lástima». Mientras, el obispo de la ciudad sigue conduciendo a los quejosos, otra cruz para el oficialismo. Si explotó la provincia, también el mandatario estalló, defraudado, en el Salón Blanco: como si fuera el gobernador de Santa Cruz -en reemplazo del inexistente y casi desconocido Carlos Sancho-, se lamentó por el escaso reconocimiento de sus vecinos («yo, que levanté esa provincia, a la que recibí destruida»), la actitud de los manifestantes (« patoteros cobardes que quisieron atacar a mi mamá y a la señora que la cuida, avanzaron sobre mi casa») y explicó con lenguaje violento que los maestros de Santa Cruz (si aceptan la propuesta del gobierno) van a ser los mejor pagos de todo el país. Nadie creía que esas palabras, hoy, alivien ese amenazante polvorín que es Santa Cruz, tierra en la que todo sirve para que los niños no hayan asistido a la escuela desde que empezó la función gremial y política mientras la protesta se inspiró en la consigna que volteó a De la Rúa: «Que se vayan todos».

Refriegas, marchas, tumultos, heridos, bombas incendiarias... Nada faltó enla provincia del Presidente, en la que se multiplicó presencia de gendarmes.
Refriegas, marchas, tumultos, heridos, bombas incendiarias... Nada faltó en la provincia del Presidente, en la que se multiplicó presencia de gendarmes.
No tardó Néstor Kirchner en reaccionar contra los docentes de Santa Cruz, a los que tildó de «cobardes patoteros» tras los incidentes que se produjeron en la madrugada del lunes frente a la puerta de su casa, en pleno centro de Río Gallegos.

Precisamente, el mismo blanco elegido la semana pasada por un desquiciado que robó un camión y lo volcó frente a la residencia oficial, en un hecho que el gobierno no se cansa de vincular con un atentado.

Pero la diatriba del patagónico tuvo también una motivación embrionaria: «Esos que dicen defender la educación fueron a amenazar a mi madre, a mi 'pobre vieja' que tiene 86 años. Ellos sostienen que la ciudad está militarizada, pero a mi vieja no la defendió ni un perrito», languideció.

Lo cierto es que ayer, Kirchner insistió en vincular el conflicto docente con cuestiones «políticas» y consideró que los docentes de Santa Cruz «son los que más ganan en el país».

Dijo, además, que no se dejará«amedrentar» y señaló que «nadie» le hará callar lo que siente.

«Que tengan todos claro. El problema docente es un tema político porque soy el presidente de la República y por eso me quieren extorsionar», cargó.

Aludió así a la tensa situación que se vive en su provincia, minutos después de que los docentes resolvieran mantener la huelga por la que sólo han dictado clases durante 14 días desde que comenzó el ciclo lectivo, el 5 de marzo pasado. De esta manera los maestros rechazaron la «conciliación obligatoria» dictada el lunes por el Ministerio de Trabajo de la Nación, tras el fracaso de las negociaciones que se desarrollaban en Buenos Aires entre el gobierno provincial y los sindicalistas.

«El Ministerio de Trabajo les ofreció una audiencia de partes, pero la rechazaron: si tantas ideas tienen, que las defiendan en ese campo», cuestionó Kirchner durante un acto realizado en la Casa de Gobierno donde se anunciaron obras públicas para Lanús, con la presencia de la primera dama, Cristina Fernández, y el vicepresidente, Daniel Scioli, entre otros funcionarios.

«En vez de discutir la conciliación la rechazan. Para ellos allí se termina la democracia. Si eso no es lo que me gusta rompo todo, así no es como se hacen las cosas», enfatizó el Presidente.

Antes de cargar contra los docentes en conflicto, Kirchner hizo un sintético ejercicio de memoria y repasó su actividad política en Santa Cruz desde los tiempos en que era jefe comunal.

En ese contexto, se dirigió todo el tiempo a los habitantes de su provincia a quienes le pidió que «tengan buena memoria», y rememoró el momento en el que asumió como intendente y tuvo que «salir con los militantes a levantar la basura y barrer las calles» a raíz de la falta de fondos de la jefatura de Río Gallegos, hoy gobernada por el radical Héctor Roquel. Posteriormente, contó que vivió una crisis similar cuando asumió en 1991 como gobernador ante una provincia «que estaba quebrada y no podía pagar los sueldos públicos».

«En los dos casos nos pusimos a trabajar, en silencio, con la certeza de que debíamos hacer más que hablar. Salimos adelante, logramos crecer y ser una provincia con superávit. Los santacruceños no lo deben olvidar», remarcó.

Asimismo, Kirchner dijo que muchos de los docentes que ahora protestan son « desagradecidos» porque «hace poco que están en la provincia».

Por otra parte, el mandatario nacional dijo que «no todos los docentes santacruceños son iguales» y volvió a cargar contra «la banda de patoteros que creen que generando miedo pueden hacer lo que ellos quieren».

Valoró, sin embargo, la «mesura y responsabilidad» con la que los demás maestros del resto del país acordaron con sus diferentes provincias los aumentos salariales, así como también el resto de los trabajadores, olvidando tal vez los incidentes de Neuquén, donde el mes pasado resultó muerto el maestro Carlos Fuentealba.

Mientras el Presidente hablaba desde el Salón Sur un grupo de manifestantes, que se movilizó primero frente a la casa de esa provincia, intentaron llegar hasta la Casa de Gobierno, hecho que les fue impedido.

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