L as declaraciones de Roger Noriega, subsecretario para el Hemisferio Occidental, tienen un solo propósito: preparar el clima para la reunión de mañana entre los presidentes George W. Bush y Néstor Kirchner en la cumbre presidencial de Monterrey, México.
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Contrariamente a lo que nos dicen las autoridades argentinas, la reunión entre los dos presidentes no se va a realizar en un ambiente distendido y de amistad (las afirmaciones de Condoleeza Rice así lo confirman). Ese clima fue el que primó en la primera reunión realizada en Washington el pasado mes de julio, cuyo símbolo más fiel fue la mano del presidente argentino sobre la rodilla del presidente de los Estados Unidos. En esta reunión de Monterrey, si hay sonrisas, serán de circunstancia.
Un dato para tener en cuenta es que la reunión surge de la iniciativa de la misma Casa Blanca, cuando, en general, es el Departamento de Estado el que solicita y organiza este tipo de encuentros. Este hecho demuestra que es el gobierno de los Estados Unidos y, en especial, la administración Bush, la interesada en realizar la reunión bilateral.
El gobierno norteamericano está impaciente y ansioso con el gobierno argentino. Considera que realizó un esfuerzo importante para que el acuerdo que la Argentina firmó con el Fondo Monetario Internacional fructificara. Pero observa que la respuesta argentina es altamente insatisfactoria. Los republicanos que gobiernan la Casa Blanca esperan un alineamiento más claro y firme de parte del gobierno argentino. La conducta de la administración Kirchner en cuanto a los ejercicios militares conjuntos, el caso Cuba y el coqueteo con la izquierda latinoamericana desconcierta y preocupa al gobierno estadounidense.
Es por ello por lo que el objetivo que alienta el presidente Bush en esta reunión es saber dónde está parado y, fundamentalmente, a dónde quiere ir Néstor Kirchner. La política exterior argentina, por un lado, y los gestos presidenciales, por el otro, confunden a los republicanos que quieren una mayor precisión en cuanto a los objetivos hemisféricos que alienta el gobierno argentino. Los funcionarios argentinos, antes de sentirse agraviados por haber sido considerados de izquierda, deberían mentalizarse sobre el estado y el carácter que en estos momentos tiene la relación bilateral. Pero, ante todo, deben ser conscientes de que no están negociando con diplomáticos, sino con guerreros.
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