La presencia del gobierno entero ayer en el Congreso dejó más por la información prodigada por los ministros, en los corrillos, que por el discurso de Néstor Kirchner. Hubo un dato que brilló entre todos: Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, comentó a diputados peronistas que el gobierno ya tiene decidido pagar el 9 de marzo los u$s 3.100 millones que se le deben al FMI. Claro, antes descuentan un llamado de Horst Köhler a Néstor Kirchner, dando el visto bueno por el avance en la negociación de la deuda. El gobierno confía en que los tres bancos contratados serán capaces de formular una propuesta aceptable por el mercado en 30 días y manteniendo el discurso oficial hasta ahora. Ese «producto» debe satisfacer a los bonistas, que hoy consiguen por sus papeles en default 30 centavos por dólar; y al gobierno, quien promete pagar 25 centavos por dólar. La brecha se cerraría, según se comentó ayer, con dos variables: un bono ligado a la tasa de crecimiento y un acuerdo con el G-7 para que, a través del FMI, los países ricos se hagan cargo de los intereses impagos durante estos dos años en los que Roberto Lavagna se negó a negociar en serio con los acreedores. Este último deseo, se admitió ayer en esas conversaciones reservadas del Congreso, es el de más difícil satisfacción.
Néstor Kirchner ayer en la apertura del 122º período de sesiones ordinarias ante la Asamblea Legislativa, durante la cual los corrillos generaron más interés que lo que se dijo en el recinto.
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• El jefe de Gabinete se sinceró delante de un par de duhaldistas. La inquietud por la suerte de las negociaciones externas ganó a ese grupo cuando Kirchner visitó Lomas de Zamora, la semana anterior, con motivo del fallecimiento de la madre de Eduardo Duhalde. «Creo que los Estados Unidos nos soltaron la mano», confesó el Presidente. Era el corolario principal de la visita de Roberto Lavagna a la cumbre del G-7 en Boca Raton, cuando le informaron al ministro que Washington no abogaría más por la Argentina delante del Fondo. «¿Entonces rompemos con todo?», le preguntó a Fernández un integrante de la conducción del bloque PJ. Habla el jefe de Gabinete: «No, vamos a ir a un arreglo. Esta semana es clave para completar el sindicato de bancos que organizará la reestructuración y en 30 días vamos a tener la propuesta para los acreedores. Está en manos de esos bancos y nosotros diremos si aceptamos o no. Pagaremos el 9...».
• Un diputado, como si fuera periodista, quiso confirmar lo que parecía algo importante pero dicho al pasar: «¿Tienen decidido pagar el 9?». «Sí -contestó Fernández-, previa comunicación de (Horst) Köhler con Néstor garantizando que en el tema de la deuda dimos un paso importante en el sentido correcto.» Hubo un comentario sobre Cristina Fernández de Kirchner y una frase desafortunada en Nueva York («¿Qué puede pasar porque rompamos con el Fondo? Peor estuvimos cuando hacíamos caso a todas sus instrucciones en los años '90") que, según se dijo en el Congreso, «hizo más daño que todos los discursos de barricada que pronunciamos nosotros, por el contexto en que fue dicha».
• «La presión que estamos recibiendo del G-7 es importantísima», confesó el jefe de Gabinete en esas conversaciones informales de ayer e ilustró esa situación con la visita de los acreedores externos, impuesta sobre todo por el gobierno de Italia. Sin embargo, Fernández se mostró optimista en que se alcanzará una ecuación satisfactoria para el mercado y para el discurso oficial, sobre todo por la creación de un bono ligado a la tasa de crecimiento que permitiría acercar la brecha entre oferta y demanda sin que quede demasiado visible la concesión oficial. Menos alentador resultó el comentario del jefe de Gabinete sobre el otro aspecto clave de la negociación: la posibilidad de que el G-7, a través del Fondo, se haga cargo de pagar los intereses caídos de estos dos años de parálisis de Roberto Lavagna en la negociación. «Sería lo ideal pero desde afuera las señales no son del todo alentadoras», se concluyó en ese corrillo.
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