Se repite Macri: cede con Madres como con patentes y sindicatos
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Esta vez no fue la suba de ABL, ni los docentes, ni las patentes. Bastó que un grupo de
Madres de Plaza de Mayo tomara la Catedral para conseguir que Macri diera marcha atrás
con los fondos que intentó controlarles.
El millón de dólares que reclamaban las Madres estaba destinado a la compra de materiales y al pago de salarios de 1.300 trabajadores de la construcción de viviendas populares en diversas obras impulsadas por la Fundación Madres de Plaza de Mayo. Ese acuerdo es en realidad casi un «joint venture» entre esa asociación y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Las Madres son hoy casi socias de la Ciudad gracias a la empresa que montaron en conjunto, con tecnología traída de Italia para la fabricación de los paneles premoldeados con que se construyen esas viviendas en la zona de Los Piletones, junto a Ciudad Oculta. Todo se hizo en tiempos de Jorge Telerman, pero como herencia de los proyectos que se habían lanzado cuando Aníbal Ibarra aún conducía la Ciudad. En síntesis: aunque le pese a Macri, esa sociedad es hoy indisoluble y aunque los fondos sean aportados por la Nación y él los administre, ayer se probó que poco puede hacer para controlar el destino que Bonafini les dé.
En esa suerte de capitulación del macrismo, Schocklender se llevó mucho más que los fondos. Al cerrar su encuentro con Bullrich, el asesor de las Madres informó que se acordó, además, la creación de una comisión tripartita entre la Nación, la Ciudad y la Fundación que tendrá como tarea fundamental definir la estructura de financiamiento de las obras en ejecución, a saber: 600 viviendas en la Villa 15, 300 viviendas en el Núcleo-Habitacional Transitorio, 700 en las villas 21 y 24, 1.300 viviendas en la Villa 20, 780 viviendas en Castañares, la terminación de 432 viviendas en Los Piletones y otras 600 viviendas más en ese mismo barrio. La convivencia, entonces, continuará, algo que quería garantizarse Bonafini.
Quedaron así en el olvido las advertencias que más tempranole había lanzado Michettia la agrupación: «El Gobierno porteño no tiene nada en contra de la organización Madres. Deberán cumplir con la instrumentación legal que se le exige a cualquier empresa constructora que trabaje con la Ciudad. Ninguna empresa, organismo u ONG tendrá privilegios respecto de otras».




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