4 de septiembre 2002 - 00:00

Seguridad: a falta de políticas, una comisión

Oponerse a quien intenta un cambio ante una situación desesperada no parece un acto generoso ni solidario. Por lo tanto, hay que poner la mejor voluntad para entender lo que Eduardo Duhalde y su ocasional adláter Felipe Solá han diseñado para resolver el problema de la inseguridad. Pero, ¿se puede confiar en que la más iluminada idea es la creación de una comisión especial?. Que esa comisión, casi siempre inservible como lo prueba la historia, está compuesta por 12 miembros, lo que hace deliberativo e inútil al cuerpo (más de tres es un desatino). Y, por si fuera poco, la preside quien en el mismo tema quizás le aportó algún favor personal al Presidente en la provincia, pero ciertamente no fue eficaz en su ejercicio cuando le tocó controlar la seguridad. Léase León Carlos Arslanian. Por lo tanto, por más empeño que uno pueda ofrecer, cuesta sospechar que este nuevo engendro tendrá algún resultado exitoso. Inclusive, hasta lastima -y tal vez dé lástima-que algunos nombres prestigiosos de la comisión se opaquen en este propósito.

Porque nadie puede olvidar que desde 1987 el peronismo gobierna el corazón de la inseguridad bonaerense. Ininterrumpidas gestiones de Antonio Cafiero, Duhalde, Carlos Ruckauf y Solá. Ellos mismos iniciaron, prolongaron o exacerbaron un problema de violencia que hoy conmueve a los ciudadanos. Aunque para ellos, en la intimidad, esa realidad «es una desaforada histeria de la clase media con la ola de secuestros, asaltos y asesinatos». Hasta que les tocó a ellos, claro, como el caso del hijo del vecino y político obediente de Lomas de Zamora, Osvaldo Mercuri. Carguen o no con la culpa, lo cierto es que el peronismo bonaerense --siempre asociado, por otra parte-es el responsable del caótico estado.

Más Duhalde, sin duda, ya que estando o no en la administración, siempre impuso su poder. Vale recordar que inventó juristas para convertirlos en políticos o políticos transformados en juristas. Sin prejuicios y cambiando más que el clima, pasó de la «mejor policía» a «la más corrupta». Ningún caso le dio réditos, todo empeoró. Si hoy recurre a Arslanian, seguramente por falta de consenso en otras personalidades, es para repetir una telenovela con exangüe rating, concluida antes de tiempo y de forma poco honrosa para las partes. A mediados de 1999, por el incremento de la inseguridad, Carlos Ruckauf -entonces candidato a gobernador portando un rosario y con el «metabala» en la boca-lo desacreditó ante Duhalde y Arslanian debió partir tapándose la nariz, advirtiendo que la derecha más reaccionaria se apoderaba del distrito. Apuntaba en sus declaraciones también contra el ex juez Jorge Casanovas, entonces asesor de Ruckauf, hoy diputado y paradójicamente también consultado por la Casa Rosada para la nueva comisión. Ahora, para todos los protagonistas, parece que no hay diferencias ideológicas y que «la histeria de la clase media» se contagió al gobierno.

• Informes graciosos

Al margen de lo que diga Arslanian, su paso de un año no es recordable. Hubo más inseguridad, a pesar de lo gracioso que resultaban sus informes de cómo descendía el delito, tuvo publicidad en el progresismo, se peleó con la «Bonaerense», hizo cambios procesales -impedir que la Policía interrogue, de modo que hoy el complicado en la AMIA, Telleldín, jamás fue indagado por ésta ni otras fuerzas, siempre más informadas que un magistrado-y logró todo lo contrario de lo que siempre se dice: aumentó el presupuesto para el área de 600 a 950 millones de dólares pero igual se debilitó la cuestión de seguridad (con lo que se demuestra que no se trataba de una cuestión de plata sino de método y utilización de recursos). También mejoró su propia condición: nunca se desmintió que a Duhalde le vendió en 3 millones de dólares un plan de seguridad que muchos le atribuían a Luis Moreno Ocampo.

• Acusación

Este ciclo penoso se multiplicó con Ruckauf y ahora, escandalosamente con la dupla Solá-Juan Pablo Cafiero, sin olvidar a otro responsable hoy en las alturas nacionales: Juan José Alvarez. Con otras novedades: desde La Plata, vía funcionarios como el ministro Rafael Magnanini y el segundo de Seguridad, Marcelo Sain, denunciaron que la causa de la inseguridad proviene de un complot político y que el aparato duhaldista se financió con el juego y otros delitos más aberrantes (por la coima que la «Bonaerense» le cobraba a los distintos rubros de la delincuencia luego convertidos en un «cajón» desviado a comisarías, intendentes y el propio gobierno provincial. Grave acusación de la que nadie se hace cargo a pesar o a raíz de que el peronismo gobierna desde 1987. Nadie reclama por esta distracción tan obvia.

Y complica no solo a Duhalde. ¿Se puede decretar inocente, no sabe/no contesta o descuidado el propio Cafiero que acompañó a su padre en gran parte de la gestión?. ¿Duhalde, Ruckauf?, el propio Solá que siempre estuvo en los intestinos del duhaldismo. O en apariencia el ingenuo abogado de Ramallo, Rafael Romá, quien de hecho presidió la provincia de Buenos Aires en tiempos de Duhalde, ya que despachaba en su lugar debido a las continuas actividades paralelas del gobernador (sea en campaña, haciendo otro tipo de política o con distracciones en el spa para meditar). Hoy Romá, para los que se olvidan, es el segundo de Elisa Carrió en la nueva agrupación ARI. Ninguno de ellos parece tocado por la varita de esas imputaciones, más elocuentes y serias porque provienen de quienes son sus colaboradores, socios y funcionarios.

Mientras, claro, crece la escalada de secuestros, express y de otro tipo, los asaltos y asesinatos, se hacen moda por la simplicidad frente a negocios más complejos, como puede ser el de la droga, una red de prostitución, el robo y desarmadero de autos, la piratería del asfalto o los levantadores de juego. Por no hablar de los círculos concéntricos que a veces se confunden entre los elementos policiales y las bandas de malvivientes. Dramático descenso de calidades, riesgo de vida y una administración para la que la mejor alternativa es comisionar una comisión. Como diría Kafka, se padece de una enfermedad neurológica que generalmente aparece en la vesícula: hay piedras en el cerebro.

De todo como en botica, el criterio supermercadista integra a policías (Frutos, Rafaini) con fiscales (Quantín), jueces (Pedro David) con penalistas (Norberto Spolansky). Unos de nota, otros amigos, como el caso de su colaborador Carlos Alberto Beraldi (en este caso, no incluyó a otro de su entorno, Carlos García Berro quizás por las imputaciones que llovieron sobre su hijo en la red de prostitutas asesinadas en Mar del Plata). No hay método ni proyecto, tampoco una idea. Solo se acumulan voluntades, se supone que buenas. No parece lo mejor para el momento ni tampoco para un gobierno, sea el nacional como el provincial, que desde 15 años no resuelve el problema. Más bien, es el problema.

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