Eduardo Moliné O'Connor se va con gran dignidad. Peleó hasta el último minuto en un juzgamiento plagado de irregularidades. Después de más de 50 años, se hizo juicio político a un juez de la Corte Suprema. Lo expulsan por el contenido de sus fallos, lo cual vuelve al país una republiqueta porque se crea un precedente único en naciones: primera instancia, cámara de apelaciones, casación y/o Corte Suprema y si el fallo no agrada se recurre al Senado para sancionar al juez. Algunos senadores -pocos- por lo menos rechazaron inhabilitarlo para el futuro, aunque votaron la expulsión. Voto nominal en cada causa (le pudieron probar sólo 2 cargos sobre 9) para que queden registrados los nombres. El oficialismo apenas logró 2 votos más para sancionar. País poco serio.
Desde el segundo piso de las galerías, casi encima de la cabeza de
«Esto es una victoria porque, en un proceso normal y con garantías de defensa, no hubieran podido destituirme; ahora, acudiré a la Corte y a organismos internacionales», confirmó.