21 de marzo 2008 - 00:00

Siguen los cruces entre el Gobierno y el campo. Temen que los piquetes deriven en hechos de violencia

Las declaraciones altisonantes, la bronca de miles de productores, los gestos duros desde el Gobierno y la decisión de sectores hiperkirchneristas de enfrentar cara a cara a los huelguistas hizo crecer en las últimas horas el temor de que el "piquetazo" del agro derive en episodios de violencia en el interior del país.

El Gobierno tomó nota del asunto y prepararía dispositivos especiales de seguridad a partir del martes, tras el feriado del lunes, cuando se espera que recrudezca la medida de fuerza del campo y se generalicen los cortes de ruta con numerosas expresiones espontáneas que podrían salirse de cauce.

Las últimas declaraciones de los distintos actores involucrados en el conflicto, tanto desde el Gobierno como desde las entidades del agro, contribuyeron a calentar el escenario, pero a esto se suma la bronca que se palpa en las bases agropecuarias, los productores que se ponen al frente de sus campos en el día a día, hartos de que les metan "la mano en el bolsillo", como declaran.

Hasta ahora, el Gobierno no adoptó medida extraordinaria alguna en materia de seguridad y en cambio optó por buscar el desgaste político de la protesta, que fue condenada por la mayoría de los gobernadores y castigada con dureza por el líder de la CGT, Hugo Moyano.

Justamente, el moyanismo hizo un anuncio que sonó a advertencia cuando el gremio de los camioneros dijo que enfrentará cualquier piquete que no los deje recorrer las rutas argentinas, en especial la conocida como del Mercosur, que lleva buena parte del transporte de carga hacia y desde Brasil.

Esa posición dura pareció alentada desde el Gobierno, ya que horas antes el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, había calificado de "piqueteros de buenos modales" a los ruralistas.

Fernández también le apuntó duramente al presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Mario Llambías, a quien acusó de emitir "mensajes altisonantes".

Según pudo saber la agencia NA, el enojo del ministro coordinador está vinculado con que Llambías sería, desde la óptica oficial, uno de los responsables de que haya fracasado un intento de diálogo protagonizado por el jefe de Gabinete y el titular de la Sociedad Rural, Luciano Miguens.

El otro dirigente del agro al que apuntan desde la Casa Rosada es Eduardo Buzzi, el líder de la Federación Agraria Argentina, que alguna vez mantuvo buen diálogo con el Gobierno pero que luego radicalizó su posición.

Entre quienes observan en la agudización de este conflicto el germen de la violencia están los que llaman la atención sobre el escrache que el piquetero Luis D´Elía pretende encabezar el jueves próximo ante la sede de la Sociedad Rural.

Sobre esa movida no hay muchos detalles y tampoco se sabe si D´Elía quiere dirigirse al centro de Exposiciones de Palermo o a la sede formal que la Rural tiene en Florida y Corrientes, pleno centro porteño.

Cualquiera sea la decisión, si esa manifestación se produce hay temores de que desemboque en episodios de violencia que incluyan un intento de copamiento de los predios, además de pintadas.

A esto se suman posiciones más radicalizadas entre productores del interior bonaerense, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba, entre otras zonas, que estarían buceando la idea de llevar la protesta a las propias "narices del poder".

Entre quienes militan en esas posiciones más duras proponen un tractorazo masivo a la Plaza de Mayo, pero también manifestaciones en distintos espacios públicos del interior y hasta "tomas" simbólicas de edificios públicos, incluidas las gobernaciones.

Desde el Gobierno ya le advirtieron a los productores que si hay desabastecimiento se saldrá a decir que la culpa la tienen los hombres de campo, que pagarán el costo político de que falte leche, carne o pan en la mesa de los argentinos.

El clima se está enrareciendo, y no aparece un liderazgo claro que busque algo de racionalidad.

La presidenta Cristina Kirchner, de descanso en El Calafate, aún no se ha pronunciado oficialmente, y ha dejado que sus ministros fijen la posición del gobierno.

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