Silencio oficial por broma contra judíos
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Tras un año con más bajos que altos en su relación con la comunidad judía, los Kirchner habían logrado recomponerla con el solo trámite de prometer que el Presidente denunciará públicamente a Irán y lo responsabilizará por el ataque terrorista contra la sede de AMIA. Eso los habilitó para concurrir al acto anual en Pasteur y Viamonte, algo que el año anterior no habían podido hacer; sabían que Kirchner sería acusado de inacción en la investigación del atentado.
Esa promesa es a plazo fijo: la misma debería cumplirse el próximo 25 de setiembre, cuando Kirchner hable ante la Asamblea de las Naciones Unidas. La oportunidad para el mandatario, afecto a gestos y símbolos, será única: no sólo lo escucharán mandatarios de todo el mundo sino que quien lo anteceda en el atril será el propio Mahmoud Ahmadinejad, presidente de Irán.
La promesa de atacar a la república islámica se la hizo Kirchner a un grupo de familiares de las víctimas del atentado, algunas semanas antes del acto del 18 de julio pasado. Uno de ellos, Sergio Burstein, la hizo pública; el mismo Burstein fue quien durante el último fin de semana criticó la visita de Chávez por sus vínculos con Teherán y admitió «no entender por qué la Argentina hace negocios con un estado que apoya a Irán». Ayer el grupo que integra se llamó a silencio, lo mismo que las autoridades de la comunidad judía.
De todos modos, no parece probable que en la ONU el Presidente vaya a fondo contra ese país: en el último acto de AMIA se le volvió a reclamar la ruptura de relaciones con Teherán, algo que obviamente no tiene en sus planes hacer.




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