21 de septiembre 2005 - 00:00

Sin mensaje Chiche Duhalde, víctima de medicina propia

De tanto advertir que Néstor Kirchner era agresivo y violento, recomendarle mesura y tranquilidad, Hilda Chiche Duhalde logró que el Presidente morigerara sus discursos y acusaciones. Fue lo peor que le podía pasar (en la jerga se reconoce como «avivar giles»), ya que al suministrar la medicina consiguió una momentánea cura, pero ella se quedó sin mensaje opositor, dejó de ser una alternativa balsámica, comprensible, frente al desahogo frenético del matrimonio oficialista. Pero esa calma reciente del matrimonio santacruceño produjo un vacío imprevisto en la campaña del duhaldismo, la razón para que discuta su estado mayor electoral en busca de nuevos recursos y argumentos, ya que otras variantes son impensadas: no hay forma de que Chiche debata con su rival Cristina de Kirchner por el desinterés de ésta, menos que se pueda esperar una confrontación esclarecedora de proyectos específicos para la provincia. Demasiada exigencia pedir proyectos en la Argentina.

No fue improductivo en números para la causa de Chiche, sin embargo, señalarle a Kirchner el desafuero constante contra su marido Eduardo Duhalde y su organización política basadaen el peronismo. Ese solo reproche o llamado a la reflexión presidencial le permitió a una de las esposas aspirantes al Senado levantar en las encuestas, al menos en las que trascendieron, cuando era verdad revelada que Kirchner disponía de 70% de popularidad y el duhaldismo no arañaba 12%; mientras su adversaria, también esposa aspirante a senadora, descendía en los guarismos, al menos de una terraza en la cual nadie supo realmente si estuvo. Parecía una tendencia. Pero el tratamiento oficial de mafioso y padrino a Duhalde, de tráfico de drogas o de conspirador, se diluyó de repente hace diez días y el desafiante mandatario mudó su prosa flamígera y personalizada, aconsejado por quienes creen que esa beligerancia le hacía perder votos también en la audiencia porteña. Como un predicador, el santacruceño comenzó a invitar a su audiencia bonaerense para que le ofrezcan su mano, lo besen y lo ayuden, clamando en la esperanza bondades del Cielo. Más el pastor Giménez que un luchador de la tribuna. Hasta cambió el tono: ya no grita tanto. También encontró una forzada salida para su denuncia de un golpe de Estado que le endilgaba a Duhalde (su jefe de Gabinete, sin ruborizarse, lo explicó como un planteo político no como una amenaza a la institucionalización del Estado), al tiempo que cesaba en el ataque al peronismo en manos de otros, expresado en su punto máximo cuando un habitual repetidor de la marcha peronista, el ministro Aníbal Fernández, un día le recomendó a los bonaerenses que «se metan la marcha peronista en el culo». De eso ya no se habla, por el contrario, hasta promueven foros con sus candidatos para hablar -y persuadir- del peronismo que debe ser. Buenos muchachos, en suma.

Nadie sabe, en rigor, cuál es el verdadero Kirchner, si aquel de hace 20 días con encendida gola o este otro de edulcoradas promesas, casi un hippie de los '70, rubro que también orilló en su experiencia platense. Pero, ¿importa la definición de la personalidad presidencial para las elecciones? Lo que interesa es que el cambio de actitud de la pareja oficial logró congelar los índices de intención de voto en la provincia, al menos es lo que reconocen los expertos. O lo que padecen los duhaldistas, víctimas de sus propios consejos y hoy sin stock de ideas para enfrentar la nueva situación.

• Duda

En esos cuarteles no se atreven a profundizar contradicciones (sí hay una suerte de TV Registrada sobre expresiones de Cristina. ¿Se animarán a difundirla como ya hicieron modestamente con la agraviante frase de Fernández sobre la marcha peronista?), menos a dirigir la campaña contra quien verdaderamente se opone a Chiche: Kirchner. Esa es una ofensiva que no autoriza Duhalde y su mujer duda en emprender. Ni siquiera se exhibe que, de hecho, dividieron el bloque del PJ en Diputados. Sólo queda Luis Patti desatado, reclutando adhesiones por la inseguridad reinante (Duhalde tampoco permite que lo ataquen a León Arslanian, un Jano bifronte para el bonaerense y el santacruceño), y agradeciendo al gobierno central que lo pretende poner en prisión por cuestiones de hace 30 años, jugadaque le generó más favores que deudas y que, simultáneamente, le reveló que él podría ganar espacio si peleaba en otra categoría. Hizo la transición y «ahora puedo ser Rocky», se ufana, mientras su lista de diputados hace empalidecer en números a la que logre el duhaldista oficial Jorge Villaverde (lo que indicaría que resultará mucho más barato haberse sumado a Patti que a Duhalde y con los mismos resultados).

Desteñida en estas horas, la dama duhaldista se refugia en el ajedrez que no entiende de su marido, algo semejante a la función que cumple la otra dama, más bien oculta tras el destello ganador de su esposo Presidente, o sobresaliendo a su lado como en Naciones Unidas, desplazando a quien debía ocupar ese lugar, el canciller Rafael Bielsa, lo que motivó la indignación de éste, más de un brote nervioso, pues al revés de otros colegas del mundo le habían reservado fila 32, punta de banco, en lugar de la primera línea. La humillante diplomacia argentina no se aplica sólo con los franceses de Suez.

Ninguna, entonces, por sus medios deslumbra en Buenos Aires, mientras la movilidad electoral parece haberse estacionado. Respiran más cómodos en la Casa Rosada por esta situación y los duhaldistas, maniatados por no saber qué decir, se duelen además de que en esta batalla por primera vez sus rivales tienen más promesas de obras y subsidios que ellos, más heladeras y cocinas para repartir. Se lamentan en cada esquina porque Duhalde era un amarrete o porque Kirchner parece demasiado generoso. La impasse les ha quitado la euforia de hace 15 días.

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