En el acto de recordación del atentado a la Embajada de Israel, hace dos años, abuchearon tanto al ministro de Justicia de Eduardo Duhalde, el constitucionalista Jorge Vanossi, que ni se le entendió el discurso. El cenáculo de Kirchner, que cuida la imagen del Presidente, con más celo que a la joven novia Letizia en España, no quería sorpresas y llevó aplaudidores propios. Debían contrarrestar eventuales silbidos a Cristina, la primera dama, al canciller Bielsa o, eventualmente, a Felipe Solá. No los hubo, pero ya que habían ido, aplaudieron cuanta mención de los funcionarios se hizo, como buena claque profesional. Hubo bastante sorpresa en los tradicionales concurrentes. Sobre todo, por un discurso un tanto descolocado del canciller, en el que habló poco del tremendo atentado de 1992 y mucho de desaparecidos, «juventudes esclavizadas» y dejó frases grandilocuentes como «derrotero quiere decir camino y antes quería decir puerta» y «los caminos ensangrentados». Poco serio.
Hubo unas cuatro mil personas en Arroyo y Suipacha para recordar el atentado contra la
Embajada de Israel. Ginés González García, Felipe Solá, Aníbal Ibarra, Cristina Kirchner y Rafael Bielsa desplazaron del centro de la escena al embajador Benjamín Oron.
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