El presidente de Estados Unidos anticipó para el miércoles 23 su anunciado encuentro con Néstor Kirchner, sorprendiendo a la propia delegación argentina que culminaba ayer su gira por Europa. Se esperaba que el encuentro fuera en setiembre, pero la intención de la Casa Blanca es adelantar el diálogo con una Argentina que necesita imperiosamente acertar con un plan económico que le permita salir del default y regresar al mundo. Sugestivamente, se conocieron también ayer en Washington declaraciones de altas fuentes del Departamento de Comercio culpando a la Argentina y a Brasil por las demoras en la negociación por el ALCA.
Néstor Kirchner con José María Aznar al encontrarse ayer en Madrid.
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Aquí, cómo se tejió esa citación que fuerza a Kirchner comenzar a tomar en serio la consecuencia de las palabras y los hechos y la necesidad de hacer un alto el fuego contra los fantasmas: el gobierno había asumido ya que la visita de Kirchner sería hacia fin de año, después del verano, después del viaje a la Asamblea de la ONU en setiembre, después de la asamblea del FMI en Dubai.
Nunca. Eso se lo dio a entender el Presidente al cronista en Londres, cuando alardeó que la fecha la ponía él, que era cuando quisiera, bah, en setiembre. Pero en la noche del martes, el verdadero gerente del encuentro, el embajador saliente de los Estados Unidos lo sorprendió a Rafael Bielsa con un llamado de Buenos Aires a París. El diplomático le comunicaba que el Departamento de Estado quería que Kirchner estuviera el 23 de julio en Washington y que era una oportunidad única, porque además el Argentina Desk de la cancillería americana quería que fuera una visita de Estado, es decir, con discusión de temas en agenda cerrada, previamente analizada por los gobiernos, sesión de trabajo de los dos gabinetes y firma de los acuerdos pendientes después de la última visita de Estado, que es la que hizo Carlos Menem a Bill Clinton.
Kirchner: Buenísimo, setiembre 23, cae justo que vamos a ONU.
Bielsa: No, Néstor, 23 de julio, la semana que viene, ya... ¿qué hacemos?
Kirchner: ¿Estás seguro de lo que decís? ¿Lo chequeaste?
Bielsa confirmó la charla con Walsh y le aseguró que no había dudas y que además querían que fuera una visita de Estado.
¿Qué hacemos? Imposible decir que no. Pero que no sea de Estado, que vayamos a hablar.
Quedaron en hablar. Bielsa se comunicó de nuevo con Walsh y buscó en Washington al nuevo embajador José Bordón, que lleva horas en ese destino. Walsh pidió tiempo, la diferencia de horas beneficiaba a EE.UU., 5 horas menos en Buenos Aires que en país y algunas menos con Washington. Recién a las 4 de la madrugada lo llamó Bielsa a Kirchner, que seguía despierto en la suite que le había preparado Abel Posse en la vieja residencia de los embajadores. El canciller además peparaba, con su secretario Aníbal Fernández, las valijas, porque tenía que pasar el día de ayer en Roma firmando acuerdos y escuchando quejas del canciller italiano por la suspensión del decreto de aeropuertos, la situación de los bonistas de la península y los créditos que la Argentina recibe y no gasta.
Cuando Kirchner empezó la jornada oficial ayer, ya sabía la noticia pero le faltaba la confirmación escrita de Washington. Por eso fue envalentonado al máximo con los empresarios y los gozó como mejor estratega de negocios ante la crisis de 1999-2001 como si el Presidente no hubiera tenido nada que ver con esos hechos. También lo sabía cuando habló con José María Aznar y con el rey. Recién cuando llegó de Roma Bielsa, pasadas las 18, junto a otros personaje clave en este trámite, el jefe de asesores de la Cancillería Eduardo Valdés (venía de Buenos Aires, mañana acompaña a Bielsa a la visita en Portugal), el Presidente reunió al canciller y a Roberto Lavagna y les pidió que empezasen a dibujar una lista de temas para anunciar como de imprescindible discusión con Bush.
Obviamente, entraron en esa servilleta la deuda con los privados, el acuerdo con el FMI, el rol en Irak, la negociación del ALCA. También les indició que buscasen alguna explicación a la sorpresa. Nadie la encontró salvo que Washington considerase que llevar la reunión a después de octubre sería una dilación onerosa para una Argentina que da muestras claras de que improvisa en el armado de un plan de gobierno después de que asumió quien debe aplicarlo.
Lo que sí encontró uno de los tres que estaban reunidos mientras ya el cóctel de la embajada bullía con los infaltables Héctor Alterio, Analía Gadé e Ignacio Copani, fue una explicación audaz: Bush se vio ayer con Tony Blair en Washington, le contó de sus charlas en Londres con Kirchner y le transmitió su fascinación con el personaje. Bush, diría esa explicación que no faltará hoy en la boca de alguno de los exagerados del oficialismo, no se lo quiere perder a Kirchner porque teme, además, que avance la negociación Mercosur-Unión Europea y Estados Unidos se quede en la banquina con el ALCA. Como ni el país ni Kirchner están en el centro del universo, ésta no será la versión oficial, pero se la dejará correr por las dudas. Antes de salir, le indica a Bielsa, que tiene Portugal hasta el domingo: «Pensá si no tenés que irte de Lisboa a Washington directamente para arreglar todo». El canciller, tan insomne como el Presidente, pone gesto de mi mujer me mata... Kirchner dobla el mensaje de la Casa Blanca -en realidad un print de la página Web del Departamento de Estado que ya había comunicado la noticia al mundo hacía media hora-, se lo pone en un bolsillo y entra al salón del cóctel. Se encuentra con el cronista antes de zambullirse en el cóctel de despedida en la residencia del embajador de la Argentina en Madrid, y no puede con el genio ante el reclamo de una primicia, etcétera, etcétera.
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