10 de junio 2005 - 00:00

Suman lamentos

Eduardo Duhalde, quien no parece disponer de la prisa del presidente Kirchner para suscribir un acuerdo en Buenos Aires, manifestó, hace 48 horas, telefónicamente con Aníbal Ibarra, su disposición a conservar la estabilidad institucional en la Capital Federal. Si bien no es la primera vez que se pronuncia en ese sentido, en este momento su voz tiene otras repercusiones: ha sido público que el auspicio a una intervención en el Gobierno porteño ha sido impulsado desde la Casa Rosada (se llegó a decir, inclusive, que estaba redactado el proyecto de intervención) para no contaminarse de la mala estrella de Ibarra por la evolución política del caso Cromañón. Ibarra ha sido cauto, relativamente, para no acusar a Néstor Kirchner de la confabulación mediática, pero más de un colaborador -como el caso de su secretario de Cultura, Gustavo López- expuso sin remilgos que la operación para voltearlos provenía de la Presidencia. No resulta casual que los dos grandes socios políticos originales del santacruceño, Duhalde e Ibarra, hoy se sienten por lo menos traicionados desde la Casa Rosada, lugar donde creían tener un hermano mayor o uno menor ( según los protagonistas). Ahora contemplan que han perdido la afinidad de esa cofradía y, por lo tanto, se asisten mutuamente. Claro que uno parece en situación más comprometida que el otro, pero la asistencia de éste es un auxilio político invalorable.

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