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26 de junio 2002 - 00:00

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Aunque no se reconozca, Alfonsín hace mutis del Senado también por respeto a sí mismo: se sentía agraviado por las acechanzas de Rodolfo Terragno y algún otro radical, pero también por otras mujeres colegas que cuchicheaban o lo zaherían en oportunidades diversas. Es fácil descubrir los nombres leyendo la nómina femenina del Senado. Entendió entonces que, a su edad y a lo que había logrado en su vida, continuar en un lugar donde se permitían y toleraban actividades mezquinas, dirigidas contra él, suponían una ofensa a sí mismo. No es misógino ni engreído, simplemente que era hora de terminar con el conventillo del Congreso. Lástima que no lo pensó antes de postularse.

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