«Siéntanse orgullosos del Estado argentino que no permite que ingresen estas personas. Hay elementos legales que tenemos los argentinos que durante muchos años fracasaron porque nadie les dio bolilla y con tres funcionarios en el avión hubiera pasado la valija sin ningún problema. Pero eso no sucede más en la Argentina», dijo ayer Aníbal Fernández, ministro del Interior. ¿La casualidad hizo que personal de la Aduana registrara con el escáner el equipaje del pasajero «portavalores» venezolano o fue dateada para que cumpliese esa tarea?
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Es cierto lo de Aníbal F., la valija hubiera pasado sin problemas amparada por la presencia de los tres funcionarios. Pero sólo si -como ocurre habitualmente con vuelos oficiales «charteados» de pequeños jets- la aeronave hubiera descargado el pasaje y el equipaje en la plataforma militar del Aeroparque Metropolitano. Ese sector carece de escáneres y de cámaras de vigilancia de la Policía de Seguridad Aeroportuaria.
Allí, el personal de la Aduana recurre al «semblanteo» de los ocasionales pasajeros para determinar quién debe ser revisado y quién no. Por regla general y como se trata de gente de gobierno o de funcionarios de la administración pública, rara vez someten los bultos a la revisión en detalle.
El fatídico día del arribo del Cessna Citation alquilado por ENARSA, la plataforma militar estaba ocupada por el T-01, el avión presidencial. No había espacio para la operación de otra aeronave. El destino del valijero estaba sellado. No tuvo otra alternativa que pasar su carga en dólares por el escáner desatando el escándalo. Algunas preguntas sobrevuelan y agregan una dosis conspirativa al episodio. ¿Quién ordenó que el T-01 permaneciese en la plataforma militar? ¿Tenía información adelantada el titular de la PSA, Marcelo Saín, y se preparó una celada al venezolano portavalores? ¿Colaboró en el encierro alguna línea de su socio Carlos Aguilar, director de Inteligencia Estratégica Militar, ex funcionario en la PSA?
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