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7 de julio 2006 - 00:00

Telerman, 4 meses corrigiendo rumbo

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Algunos sostienen que Jorge Telerman no logra darle el ritmo que promete a su gestión, la cual emprendió formalmente hace cuatro meses, una vez que resultó destituido Aníbal Ibarra por la tragedia de Cromañón. En cambio, si se enumeran en un anecdotario las situaciones conflictivas que suma podría creerse que hace más tiempo que está al frente del gobierno, el cual pretende reconquistar en 2007.

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Si bien asumió el 14 de noviembre del año pasado, lo hizo como una suerte de suplente, mientras Ibarra era suspendido en sus funciones; juró su cargo el 7 de marzo y ya Jorge Telerman espera contar, antes de fin de año, no sólo con un nutrido corte de cintas, sino con un soporte político que avale su candidatura para la reelección.

Hasta ahora, podría decirseque ha sorteado conflictos de todas las tonalidades.

Ni bien arrancó el 7 de marzo, cuando juró su cargo en la Legislatura porteña, tensó la relación con el gobierno nacional, que quiere lo adopte como candidato de la Ciudad en 2007. Fue por algunas frases de su discurso, pero nada comparables esas rispideces (que mantiene con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández) con avatares posteriores.

A menos de un mes de gestión, debió sobreponerse al incendio en un taller textil de Caballito, donde fallecieron seis personas bolivianas -entre ellas dos niños- que casi se convierte en su propio Cromañón, pero que finalmente derivó en un tema de relaciones exteriores, al punto de reclamar Evo Morales por esas situaciones en su reciente visita al país.

Después se enredó Telerman en limar las asperezas con el gobierno de Kirchner mediante el armado de su gabinete. Le demoró cerca de un mes ese organigrama que, en principio, no conformó ni a propios ni ajenos (al punto que ya hizo reemplazos). Colocó en esa nómina la piedra de una de las discordias, cuando nombró en Hacienda a Guillermo Nielsen, convertido en el hombre fuerte de su «staff» (maneja el tercer presupuesto del país) y receptor de los conflictos que uno tras otro le sobrevivieron. Entre esas situaciones, hubo paro en los hospitales porteños, también en las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires y también el gremio de municipales lo acorraló con cese de actividades por un aumento de salarios que sigue en tratativas. Todo, en 16 semanas que coronaron, como si fuera poco, con la usurpación de edificios destinados a viviendas sociales, esta semana en el barrio de Flores.

  • Acusación

    Al mismo tiempo, Telerman se alejó de Ibarra, se enfrentó con Daniel Scioli -en prematura competencia de precandidatos- y llegó a acusar a los adherentes del vicepresidente de dar a conocer un informe sobre emergencia sanitaria en las zonas aledañas al Riachuelo, con presunta intencionalidad política.

    También terminó de sumar en contra de Alberto Fernández, cuando desalojó de su gabinete al ahora ex ministro de Salud Donato Spaccavento, un ginecólogo, titular del hospital Argerich que en ese centro dispuso una unidad de atención al Presidente, con quien mantiene tanta amistad como con Cristina Kirchner. Junto con ese desalojo, removió -a menos de dos meses de haberlo nombrado- al titular de Obras Públicas para reemplazarlo por el ex macrista Juan Pablo Schiavi, un funcionario borocotizado que logra -como Telerman- penetrar el círculo de las decisiones del kirchnerismo.

    Pero, después de todo, amplió el jefe de Gobierno su núcleo inicial: «Es que es poca la gente de Telerman, Oscarcito (Feito), Sergio (Beros, secretario Legal y Técnico) y Gaby (Cerruti, ministra de Derechos Humanos y Sociales)», describe un allegado a ese entorno.

    Ahora Telerman cuenta con el Grupo Cerviño, que junto a los nombrados animan el ministro de Producción, Enrique Rodríguez -anfitrión de las tertulias en su domicilio-, y Schiavi. Una muestra de esa afinidad ocurrió días atrás, cuando Rodríguez presentó una agrupación, la primera que busca la reelección de Telerman, aunque para los más cercanos al jefe de Gobierno ese «armado» resulta como poco incipiente.

    En cambio, Telerman supo fortalecer su relación con el ex jefe de Gabinete de Ibarra, Raúl Fernández, quien, dentro del posibarrismo, parece cumplir con la misión de terminar acercando al destituido mandatario con el actual. Por el momento, como lo hizo ayer, Fernández trasmite algunas ideas de Telerman (ver nota aparte). Pero el jefe porteño apuesta a que un partido político como el socialismo (mantiene un acuerdo que coronó con el nombramiento de un ministro) termina institucionalmente acordando su reelección. Deberá esperar: «Nosotros como partido decidimos que este año no vamos a hablar de candidaturas», aseguró Norberto La Porta.
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