Fernando Siro, fallecido ayer, fue uno de los protagonistas de las negociaciones de la lista que Domingo Cavallo presentó en la Capital Federal en las elecciones de 2000. Debió haber ocupado una banca como legislador en lugar de su esposa, Elena Cruz, pero el cálculo del cupo femenino lo obligó a ceder ese espacio a su cónyuge.
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La negociación por ese lugar en la lista, que consiguió empujado por el grupo de afinidad que formaba con Horacio García Belsunce (h) y Eduardo Varela Cid, fue protagonista hace una semana de la sesión en Diputados donde Alberto Fernández presentó su informe mensual como jefe de Gabinete.
De hecho, Siro fue la causa por la que dos diputadas, Paula Bertol y Marina Cassese, se enfrentaron con el jefe de Gabinete.
Cuando Alberto Fernández explicó que al momento de cerrar esa lista de Cavallo en la Capital, en la que participó como candidato luego electo a legislador porteño, no sabía de la existencia de Elena Cruz, la macrista Bertol, de pie en el recinto, le recordó: «Usted fue quien negoció con Siro ese lugar y se puso a la esposa porque había que colocar a una mujer. Yo estaba en el puesto 40 de esa lista y lo sé bien».
Esa parte de la historia del país -con la polémica luego desatada por las declaraciones de Cruz en apoyo al gobierno de Jorge Rafael Videla- quedará ahora en la nebulosa ante la desaparición física de su principal protagonista.
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