El pasado viernes se puso en marcha el gremio más importante de la Patagonia, no sólo por su número individual de afiliados, sino por su capacidad económica y su incidencia en una actividad clave para el país: la explotación petrolera y gasífera. Unos 13.500 afiliados -sobre un total de 15.556- al sindicato de Trabajadores del Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa decidieron desafiliarse de la Federación Sindical Argentina de dicha actividad y manejarse como sindicato de primer grado con facultad de firmar convenios paritarios de manera directa y de administrar sus propios recursos, incluida la obra social, cuya recaudación anual supera los $ 100 millones y se proyecta hacia montos superiores.
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Con este millonario fondo, la organización patagónica que conduce el neuquino Guillermo Pereyra promete otorgar mejoras sustanciales en la prestación de servicios médicos y de farmacia, cubriendo 100% y 90% del costo. También dice que creará un fondo compensador para que los petroleros se jubilen con 82% móvil del total de las remuneraciones salariales y no con la del salario básico solamente, como ocurre en la actualidad, además de atender a dichos jubilados con la mutual sindical, reforzando los precarios servicios del PAMI. Este fondo tendrá un aporte de las empresas de $ 300 millones anuales.
Los petroleros neuquinos se quejan de que la Federación se queda con 60% de los aportes propios de ese sindicato que individualmente representa 60% de la masa de trabajadores petroleros. Además, cuenta con el apoyo de los sindicatos de Chubut -el próximo 14 de abril decidirá también desafiliarse- de Santa Cruz que afronta un proceso electoral interno a definirse en mayo.
Compromiso
Los dos dirigentes con posibilidades -Héctor Segovia y Abel Chuffi- han comprometido con Pereyra su desafiliación a la central confederal que políticamente se reporta al ministro de Trabajo, Carlos Tomada, quien fue su asesor legal antes de llegar a la cartera laboral. En total, los patagónicos representan a unos 26.000 trabajadores contra 29.000 del padrón general. Como contraparte, Pereyra se reporta a Julio De Vido y a Hugo Moyano, quien acaba de concederle una silla en la CGT al sindicato patagónico por afuera de la Federación. Lo mismo hizo Gerónimo «Momo» Venegas de los peones rurales que comanda las 62 Organizaciones Peronistas. Con este apoyo y con línea directa con el matrimonio Kirchner -el sindicalista sureño fue un decidido impulsor de la candidatura de la actual presidente y se pronunció en su defensa en el último conflicto con el campo-, Pereyra cree que tiene allanado el camino en la burocracia legal del Estado -léase Ministerio de Trabajo y ANSeS y Ministerio de Salud- para funcionar en forma autónoma y, de ese modo, sentarse a la mesa chica de las próximas negociaciones por concesiones petroleras y la reformulación del parque energético.
Para esto último, ya tiene previsto el nacimiento de la Confederación de Sindicatos de la Energía junto a Oscar Mangone de Gas Natural, Oscar Lescano de Luz y Fuerza y Antonio Cassia del SUPE (ex YPF). Este conglomerado espera ser bendecido por Cristina de Kirchner antes de fin de mes, cuando Cassia retorne de Europa. Además, el sindicalista neuquino mantiene una alianza estratégica con el gobernador de Neuquén, Jorge Sapag, y ahora se le ha sumado el santacruceño Daniel Peralta, quien arrima a este selecto club al nuevo socio argentino de YPF, Enrique Eskenazi.
Para cerrar el círculo, Pereyra suele ser interlocutor privilegiado de Antoni Brufau, cada vez que el CEO de Repsol YPF visita a la Argentina y tiene relación con Mario Das Neves, el gobernador de Chubut a través de su principal aliado en la región, el gremialista Mario Mansilla.
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