Nueva York - El Pentágono lanzó el viernes desde la base de Vandenberg, en California, un satélite espía, conocido como KH-11 Keyhole, con la misión exclusiva de peinar el territorio de Afganistán desde 300 kilómetros de altura a la busca de Osama bin Laden. Con la ayuda de éste y otra media docena de satélites de reconocimiento, el ejército estadounidense confía en tener imágenes tanto de los movimientos de Bin Laden como de los sistemas defensivos de los talibanes.
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Según adelantaba en su último número la revista «Space Technology», el KH-11 puede ser capaz de obtener imágenes instantáneas y de altísima resolución de pequeños grupos de personas e incluso localizar un fuego. Con la ayuda de otra tecnología perfeccionada en los últimos dos años, la Broadcast Request Imagery Technology (BRITE), el satélite estará en condiciones de enviar imágenes instantáneas en tiempo real a una base instalada en tierra.
Así, a un hipotético comando de soldados le bastaría una computadora portátil para -sobre la marcha- conocer los últimos movimientos del enemigo al otro lado de una montaña o en un terreno especialmente escarpado como el de los montes del sudeste de Afganistán. «Vamos a tener un papel importante en esta guerra contra el terrorismo», anticipaba al diario «USA Today» el almirante James McArthur, director de operaciones del Comando Espacial del Pentágono en la base de Peterson, Colorado. «Nuestros sistemas de observación van a servir no sólo para explorar el terreno y prever el clima, sino para seguir los últimos movimientos de nuestro enemigo y anticipar las armas que van a emplear.»
En la caza y captura de un enemigo tan escurridizo como Bin Laden, que se supone cambia de campamento todos los días, el seguimiento en tiempo real es imprescindible.
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