Néstor Kirchner había planeado la captura de la CTA, central gremial paralela a la CGT, para quitarle a la oposición de centroizquierda un ámbito desde donde enfrentar a su gobierno. Propuso, incluso, que Edgardo Depetri, leal diputado ultrakirchnerista, desplace a Víctor De Gennaro, quien empezó como aliado del patagónico, pero ahora es uno de sus críticos más ácidos. No ocurrió: en la cúpula de la CTA no habrá ningún ultra-K. Ni llegaron a la cima los delegados piqueteros que encarnarían, ante la ausencia de Depetri, al kirchnerismo puro. Como si fuese poco, el grupo de Luis D'Elía marcha a quedar fuera de esa mesa sindical.
Ni Edgardo Depetri, ni Luis D'Elía, ni Milagro Sala, capitana de la Tupac Amaru. La cúpula de la CTA que transitará 2007, año visagra en el plan de Néstor Kirchner, estará desierta de dirigentes ultrakirchneristas. Y luego de 15 años, se correrá Víctor De Gennaro.
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El miércoles se agota el plazo para anotar listas y candidatos para intervenir en la elección del 9 de noviembre en la que la CTA elegirá nuevo jefe. De Gennaro se baja de la Secretaría General, pero su espacio, la agrupación «Germán Abdala», pactó boleta única.
En el triunviro que desde diciembre próximo conducirá la CTA no habrá ningún ultra-K. Tiempo atrás, Néstor Kirchner le propuso a Depetri que pelee por ese sillón. El diputado y líder de ATE prefirió preservar la unidad ceteísta. No intentó, quizá porque no podía, imponerse.
Como este diario anticipó a principios de agosto, Hugo Yaski será secretario general y Pablo Micelli, de ATE, ocupará una de las dos secretarías adjuntas. En la otra, finalmente, se sentará Pedro Wasiejko, del gremio de los neumáticos, un histórico de la CTA. Además de quedar desplazado de la cima de la central, el ultrakirchnerismo estaba ayer a un paso de sufrir otro golpe: la FTV de Luis D'Elía amagaba con autoexcluirse de la nueva conducción, disconforme con los «lugares» con ofrecían pagarle a su sector.
El cierre de listas que operarápasado mañana clausurará una larga pulseada, marcada por un enfrentamiento entre pro y anti-K, además de por un tironeo entre gremios y piqueteros. Los datos más relevantes:
Yaski es un personaje dual. De larga militancia en los gremios docentes, llegó a CTERA y desde allí sintonizó con el gobierno tras el proyecto de financiamiento educativo que impulsó Daniel Filmus con aval de la Casa Rosada. Hoy por hoy, Yaski es un moderado con leve simpatía por Kirchner, pero está lejos de ser un ultra-K como Depetri o D'Elía. Tampoco es, claro, un crítico feroz, aunque, como el grueso de la CTA, adhiere al planteo dialéctico respecto de que con Kirchner no se movieron las variables de la distribución de la riqueza. Equilibrado y equilibrista, Yaski se convirtió en el fiel para balancear entre los pro y los anti.
Yaski llega porque De Gennaro decidió correrse a un costado. Desde el congreso en Burzaco, en 1991, que gestó el Congreso de Trabajadores Argentinos, germen de la CTA, De Gennaro estuvo siempre en la cúpula de la central. Ahora decidió salir de esa tarea -igual quedará como secretario de Relaciones Institucionales- para alimentar el armado de un movimiento social y político que, de prosperar, debutaría en elecciones en 2009. El sindicalista advirtió que no era correcto encabezar la CTA y, en paralelo, armar un «movimiento político». En un comienzo con cercanía a Kirchner, luego De Gennaro se fue distanciando y funciona en la actualidad como uno de los referentes del «progresismo» más críticos del patagónico.
En marzo pasado, en Mar del Plata, la CTA votó la creación de una segunda secretaría adjunta para repartir una a cada una de las ramas que forcejeaban en la central: los pro K y los anti-K. Por estos últimos entraría Micelli, de ATE. Por los alineados con el gobierno, todo indicaba que sería proclamada Milagro Sala, jefa de la agrupación jujeña Tupac Amaru, legión piquetera ligada al gobierno y que tiene como terminal más fluida a nivel nacional a Depetri. Pero ese cargo será, finalmente, para Wasiejko, a quien se define como militante de una «izquierda independiente», no partidaria, que construyó poder sindical en el gremio de los neumáticos, que todavía controla.
La negociación por el armado de la lista abrió un debate interesante: la adjunta bis que ofrecían a Sala era requerida por el sector de gremios de la producción. Se pensó por eso en Wasiejko, y en un momento se mencionó a Victorio Paulón, de la UOM Villa Constitución, de mayor y mejor sintonía con los ultra-K. El duelo fue entre «gremios productivos» (reunidos en la Federación de Trabajadores de la Industria y Afines [ FETIA]) y los «territoriales», que reúne a grupos piqueteros. Ganaron los gremios: Wasiejko, que participó del congreso de Burzaco a principios de los 90, será adjunto bis y Sala iría a la Secretaría de Acción Social, sitio que también pretendían para Daniel Barragán, de ATE Buenos Aires. Paulón igual tendrá una butaca de peso: será secretario gremial mientras los « productivos», aunque de otra rama, también se quedan con la Secretaría de Organización, que ocupará José Rigane, «filo-PC», de Luz y Fuerza de Mar del Plata.
D'Elía, a su vez, mantiene una disputa para pedir un reconocimiento mayor para su espacio. Propuso, en algún momento, a Tito Nenna, de UTE Capital (docentes), como adjunto, pero no prosperó. La FTV amenazaba, incluso, con renunciar a que Estela Díaz siga al frente de la Secretaría de Género. Depetri, a su vez, no tendrá lugares relevantes al igual que otros sectores piqueteros cercanos al gobierno. Con esto, lejos de «capturar» a la CTA, como alguna vez propuso Kirchner, esa central parece estar cada vez más lejos -o al menos más autónoma- de la Casa Rosada. En rigor, otros cargos de peso de la mesa serán ocupados por dirigentes que, sin ser críticos feroces, tampoco están enrolados entre los ultra-K. Por caso, Daniel Jorajuría, opositor a Luis Barrionuevo, que impulsa el Nuevo Sindicato de Gastronómicos, que será secretario de Administración. Jorajuría representa a los «simplemente inscriptos», gremios que esperan reconocimiento oficial.
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