26 de septiembre 2006 - 00:00

Trotskistas acusan a la cumbre cubana de "imperialista"

Expertos en que se cumpla la máxima que dice que un partido de izquierda es todo aquel que se divide por dos, los trotskistas del Partido Obrero salieron a impugnar los resultados de la cumbre de Países No Alineados de La Habana. Allí pareció dar el do de pecho la izquierda de tradición comunista, apantallada por Hugo Chávez que ha pasado a ser el financistade lo que queda del sueño insurgente. Es cierto que la reunión de los países gobernados por la izquierda era una invitación a las disidencias de la propia izquierda. Un ejemplo lo da el análisis que hace «Prensa Obrera», órgano del Partido Obrero, que imagina a los concurrentes a la cumbre como alineados detrás de algún imperialismo.

La reunión de los «países no alineados», que acaba de concluir en La Habana, ha sido presentada casi unánimemente como el intento de establecer un frente de los «países del Sud» contra el imperialismo y, en particular, contra Estados Unidos. No es el caso: los documentos aprobados (por consenso) cuentan con el respaldo de algunos de los más sólidos aliados internacionales de los Estados Unidos -como Indonesia, India, Pakistán, Egipto y las monarquías del Golfo- para no mencionar regímenes como los de Afganistán e Irak, que son títeres de las tropas de ocupación imperialistas.

La declaración aprobada por los mandatarios y representantes de los 118 países miembros del « movimiento de no alineados» quedó muy lejos de las declaraciones previas de algunos de los participantes.

  • Dominación

  • Llama, por ejemplo, a « transformar la globalización en una fuerza positiva» y defiende el «libre comercio», es decir, la dominación internacional del capital financiero. Varios de los integrantes latinoamericanos del «movimiento» han firmado «tratados de libre comercio» con Estados Unidos... sin mencionar que algunos de sus miembros más destacados, como China e India, son los centros más importantes de acumulacióndel capital «globalizado» a escala internacional.

    La declaración final reivindica a las Naciones Unidas -a las que llama a «reformar»- y, en particular, a sus «misiones de paz». Como se sabe, esas «misiones» son resueltas por el Consejo de Seguridad, donde Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia ejercen el derecho de veto. Las «misiones de paz», por lo tanto, sólo son aprobadas si sirven a los intereses de las grandes potencias imperialistas contra los pueblos del Tercer Mundo. A pesar de ello, la declaración insta a los «países no alineados» a «contribuir con las misiones de paz de la ONU», es decir, a poner sus tropas a disposición de la intervención imperialista internacional.

    La crisis del Medio Oriente estuvo en el centro del debate de los «no alineados».

    La declaración no repudia la ocupación imperialista de Irak y Afganistán; al contrario, llama a defender a los gobiernos títeres que establecieron las fuerzas de ocupación. La declaración «condena todas las formas de terrorismo en Irak», lo que incluye naturalmente la legítima defensa de la nación ocupada contra las tropas ocupantes. Respecto de Afganistán, va todavía más lejos al señalar su preocupación por las «enormes dificultades» que enfrenta el gobierno (y su fuerza armada, los 30.000 soldados desplazados por Estados Unidos y la OTAN) y alertar contra «el resurgir de los talibanes».

    Los «no alineados» respaldaron el derecho de Irán a enriquecer uranio con fines pacíficos. No se trata, sin embargo, de una defensa incondicional, sino que la subordinan a la colaboración de Irán, «de manera urgente, activa y plena», con la Agencia Internacional de Energía Atómica de la ONU, algo que no cumplen ni Estados Unidos ni Israel. Más que un apoyo, parece una advertencia.

    De una manera general, y en particular en las cuestiones candentes de Medio Oriente, los «no alineados» se alinearon con las posiciones defendidas por el imperialismo europeo (y por una parte del propio imperialismo norteamericano) contra Bush y su camarilla. Por eso, critican las «guerras preventivas» y las «cárceles secretas», pero defienden el Tribunal Penal Internacional. Este tribunal, establecido por la ONU para juzgar crímenes de guerra, no considera «crímenes de guerra» los cometidos contra el Líbano.

    La «cumbre» de los «no alineados», por último, ha dado un salvoconducto a los regímenes antiobreros y antinacionales más represivos del mundo, puso a la diplomacia «tercermundista» como un furgón de cola del imperialismo europeo y de los sectores del imperialismo norteamericano opuestos a Bush.

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