Trotskistas atizan a gremios oficialistas
El líder del trotskismo criollo -una ideología de museo que se agrega a los atractivos turísticos que ofrece la Argentina de hoy a los visitantes con moneda fuerte- Jorge Altamira, además de actor y legislador jubilado, es periodista de economía, tema que desarrolla en el periódico partidario «Palabra Obrera». En la última entrega, fustigó a los burócratas sindicales y al gobierno, y acuñó un lema que prosperará: cuanto peor está un gremio, más oficialista es el dirigente gremial. Veamos lo principal de esa nota de Altamira.
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Una semana después de la golpiza, la huelga docente neuquina fue levantada. Lo de Moyano marca una pauta, quizás un techo, para el resto de la burocracia. Zanola firmó sin obtener aumentos en el básico, aunque las sumas extrabásico sean del orden de 20% debido a lo bajísimos que son los salarios de los bancarios. ¿Los bancarios también se sacrifican por la inflación? Solamente los bonos indexados, ajustados además al crecimiento de la producción,han dado a los financistasganancias de más de 50% sobre la inversión. El Banco Central los subsidia vendiéndoles bonos o títulos propios, al punto de que la deuda financiera del Central ha llegado al nivel más alto desde el fin de la convertibilidad.
De todos modos, como lo demuestra la explotación de bolivianos y no bolivianos en todo el país, no solamente en la Ciudad de Buenos Aires, o de los trabajadores agrarios, y en todas las tercerizadas que trabajan para los monopolios, el salario mínimo es la mitad del oficial. La CGT, incluida la de Moyano, ha abandonado por completo a los trabajadores desorganizados, que sin embargo son mucho más de la mitad de la clase obrera. La recuperación económica pone al desnudo, aún mucho más que la crisis, el carácter superexplotador de la «burguesía nacional», el carácter servicial del gobierno y el carácter entreguista y parasitario de la burocracia sindical. Nada más ilustrativo que los escasos cincuenta inspectores que tiene la Ciudad de Buenos Aires -«podrida en guita»- para ejercer la «policía del trabajo». Lo mismo ocurre, por supuesto, en Santa Cruz o en San Juan, o con los basurales de Gobernador Gálvez en Santa Fe, y así de seguido. Kirchner le ha pagado 10.000 millones de dólares al FMI, pero destinará 168 millones de pesos para enfrentar la contaminación del agua en la cuenca Riachuelo-Matanza, por lo que demorará dos décadas la depuración del nitrato del agua. ¿Por qué sorprenderse, entonces, de que las «calificadoras de riesgo» suban la «nota» financiera de la Argentina, a pesar de que todavía tiene 20.000 millones de dólares en default y conflictos contractuales con Aguas Argentinas? La Argentina se ha reconvertido en un paraíso del capitalismo a costa de la mayor pérdida de poder adquisitivo del salario en toda la historia y de una superexplotación que no tiene precedentes.



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