Trotskistas se ríen del "gallinero justicialista"
La pelea política en el peronismo de Buenos Aires oculta, por la crudeza y por el tamaño del distrito, a cualquier otra querella preelectoral. Explicable que dé argumento a cualquier especulación y para que se ejerciten las plumas mordaces, como la del trotskista Jorge Altamira, numen y dueño del Partido Obrero. En la última entrega del periódico partidario «Prensa Obrera» el ex diputado Altamira, padrino además de piqueteros, se ceba con lo que llama el « gallinero justicialista» y las pretensiones del Presidente de protagonizar el capítulo que nunca llega de la «nueva política».
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Jorge Altamira
En este marco, el espantajo de que en la Argentina se entronice un «partido único», que se queda con la mayoría y minoría del Senado, es un asunto secundario. Para que el «partido único» sea una posibilidad, debería existir una perspectiva económica y social ascendente, cuando en la Argentina lo que existe es una pauperización galopante.
• Beneficio nulo
A quienes todos los días llaman al pueblo a la calma con el pretexto de «no-hacerle-el-juego-a-la-derecha» les debería llamar la atención el nulo beneficio que hasta ahora ha obtenido la derecha de la crisis peronista para reforzar una posición propia.
En lugar de esto, en la Ciudad de Buenos Aires la derecha se ha puesto al servicio de las necesidades de seguridad policial de Ibarra; Macri tiene un pacto con el kirchnerismo. Los que despotrican contra Kirchner (López Murphy y Sobisch) están solos como perros y, para colmo, peleados entre ellos; las encuestas no les dan nada entre nadie. Es cierto que están los que especulan que Duhalde, que en su momento procreó a Ruckauf, podría recurrir a un frente con Patti, Rico y Menem, lo cual desnuda el potencial fascistizante de un amplio sector de la burocracia y del lumpenismo justicialista. Pero para el duhaldismo sería un pésimo negocio, porque la burguesía no quiere tumultos de ningún tipo tampoco tumultos fascistas.
En la Argentina y en América latina el centroizquierdismo le está resultando el mejor negocio. La política argentina se desenvuelve en el marco de un Estado en semidisolución, como lo demostrará la falta de gas en el invierno próximo o la necesidad de pagar sumas siderales para importarlo o subsidiarlo.
De otro modo, el desprecio popular a los «políticos», que ha sido la norma desde que se consolidó la democracia burguesa representativa en todo el mundo, no habría llegado a los extremos que conocemos, en especial luego de haber vivido la experiencia de una atroz dictadura militar.




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