Salvo las notas del pretérito «El Hogar», década del '40 por lo menos, en los medios argentinos no aparecían notas como la cobertura del viaje de la esposa del Presidente, Cristina de Kirchner, a París. Casi un debut turístico para la señora -se sabe que el matrimonio no ha sido propenso a los viajes en toda su larga historia, apenas incursiones por la plástica Miami, específicamente en el barrio de Ball Harbour- y, en alguna medida, un revival del periodismo social de otras épocas. Aunque los protagonistas de esos viajes, entonces, no eran peronistas. Ahora los grandes diarios dispusieron enviados especiales o corresponsales para atender el paseo de la señora por el Sena, la recorrida con el bateau mouche, un tentempié en el quartier latin, un vistazo al Jeu de Pomme y hasta la visita al mausoleo de Napoleón, personaje que ella admira a pesar de ser republicana. Novedades de otra década, cuando no había aviones y la gente tenía problemas para viajar, casi una ofensa para ese mundo de clase media que en los '90, para hablar de un período más cercano, visitó más de una vez la capital francesa. Sólo faltaba un periplo por las galerías Au Printemps.
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Tan vacuas resultaron las notas sobre los días de visita que hasta mencionaron, como si fuera importante, que a la primera dama la custodiaban discretamente dos guardaespaldas -mientras estaba en la borda del barco de paseo- porque ella «está amenazada junto a su marido, Néstor Kirchner». Como si fuera a ocurrir un atentado en el bateau mouche, en París, donde ni Bin Laden se atreve.
Ayer, la primera dama amagó con alguna responsabilidad como funcionaria (además de ser senadora, tiene un despacho en la Casa de Gobierno) al pronunciar un discurso en el que pidió un «replanteamiento» de los países ricos sobre la deuda y exportaciones de las economías emergentes, donde el atraso y la miseria fomentan no sólo enormes flujos migratorios, sino también el terrorismo.
Al hablar en el Senado francés, Cristina de Kirchner amenazó a sus oyentes con que «parte de los problemas de Europa va a proceder de las formidables migraciones provocadas por la falta de condiciones económicas y sociales para sobrevivir en los países emergentes».
• Punto clave
La senadora sancionó, además, que «el terrorismo procede de la ignorancia y de los fanatismos, que siempre encuentran su caldo de cultivo en el atraso y la miseria».
La primera dama calificó la renegociación de la deuda argentina como punto clave de la nueva etapa del país tras la crisis de diciembre de 2001. Tras destacar que se logró superar esa crisis «sin recibir un solo peso de los organismos oficiales y sin recurrir al mercado de capitales», defendió el «éxito» del gobierno de su marido en una «hasta entonces impensable negociación con el Fondo Monetario Internacional» sobre una deuda de 150.000 millones de dólares. «De mi país se fueron tantos millones de dólares en términos de valores actuales como los que recibieron Alemania y quince países europeos con el plan Marshall o, para que me entiendan, en la Argentina hubo un Marshall al revés».
La crisis en la Argentina, dijo, «no fue sólo económica o social, sino también moral», y «la impunidad no sólo se limitó a los derechos humanos, sino que afectó a otras esferas, como la corrupción o la evasión fiscal», añadió.
Además, Fernández subrayó que el hecho de que Kirchner coincida en el poder con Luiz Inácio Lula Da Silva en Brasil y con Ricardo Lagos en Chile es «una oportunidad única para el avance de América latina», con la que «finalmente la Argentina se ha reencontrado».
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