29 de noviembre 2006 - 00:00

Un matrimonio no puede concentrar todo

Roger Noriega
Roger Noriega
El ex secretario de Estado Adjunto de Asuntos Latinoamericanos, Roger Noriega, (ahora reemplazado por Tom Shannon) está por estas horas en Buenos Aires. No llegó en misión oficial ni reservada, esta vez vino por asuntos «particulares». Negocios, se entiende. Esto lo dejó bien en claro apenas se sentó, con una veintena de argentinos, ayer a la mañana en la Fundación Pensar, bajo la atenta mirada de los Triaca: «Jorgito», director ejecutivo, y «don Jorge», en calidad de invitado.

Con un español similar al que hablaba el recientemente desaparecido, Freddy Fender (el máximo exponente del «country border»), Noriega hizo una corta introducción con un estilo desacostumbradamente moderado, aunque con lecturas contradictorias. Observó que, América latina está gobernada por líderes mayoritariamente con una tendencia de «izquierda», aunque dejó de lado las ideologías: «Hay dos campos. Unos gobiernan con respeto a la institucionalidad, a la convivencia. En otro campo están los que concentran en sus manos el mayor poder, en contra de la institucionalidad».

  • Ubicaciones

  • Como era de esperar, en este campo Noriega ubicó a Hugo Chávez, Fidel Castro y Evo Morales. De reflejos rápidos, antes de que el ex canciller Andrés Cisneros o el experto en cuestiones de «Seguridad Continental», Mario Baizán (se aclara porque estaba también Juan Carlos Blumberg, un experto en «Seguridad Nacional»), Roger Noriega adelantó que no sabía en qué «campo se ubica el presidente Néstor Kirchner».

    El diálogo con los asistentes se abrió con una presentación de Bernardo Neustadt quien aclaró ser un periodista retirado que «por momentos» vuelve a la profesión. Neustadt preguntó: «¿Podemos saber si usted informó al gobierno argentino que está en Buenos Aires?». Sorprendido, Noriega respondió que no. «Ah, se lo preguntaba para que esté prevenido y no le roben la cartera», respondió en relación con el robo que sufrió días pasados, en un bar de San Telmo, una hija del presidente George W. Bush. La algarada de Neustadt hizo sonreír a todos, desde Noriega a los demás: Ramón Puerta, Jorge Castro, el rabino Sergio Bergman, Malu Kikichi y al «pajarito trotamundos» de Julio Cirino. Pero Neustadt no terminó ahí, también habló de su próximo libro «Es la moral estúpidos» y, cuando explicó de qué iba a tratarse, le hizo soltar a Noriega la reflexión más polémica del encuentro. Dijo: «No es sano que una pareja y unos pocos amigos concentren todo en sus manos. Voy a empezar a hablar de estas preocupaciones más públicamente». Todos entendieron.

    Como deseando que la transgresión no se profundizara, Ramón Puerta cambió la conversación que pasó a deslizarse por el campo institucional y la política mediática del gobierno. Lo hizo con sobriedad, como es su costumbre, pero explicó cómo en los últimos días pasó a convertirse en un «objetivo» del Ejecutivo, por el simple hecho de intentar ser una opción de gobierno dentro del peronismo. Palabras más, palabras menos, explicó que «una foto no lo dice todo». Noriega no lo entendió bien, los otros presentes sí. Puerta se sentía victimizado por la foto del acto del sábado último en «Los dos chinos», en la que aparece rodeado de ex funcionarios de Menem y Duhalde.

  • Contradicciones

    «Es una tragedia que Kirchner no haya cuidado su relación personal con el presidente Bush», dijo Noriega. Y luego reveló: «Yo fui testigo de un diálogo íntimo, ameno, entre Bush y Kirchner. Y luego, horas después Kirchner hacía un discurso público contra Bush.» Se refería al encuentro en Monterrey (2004) y al discurso del mandatario ante la Cumbre de presidentes, en el que Bush se sacó los auriculares para no seguir escuchando. Ahí no paró la explicación sobre los desencuentros personales. Vino un poco más hacia el presente: «En (la cumbre de) Mar del Plata se quemaron las cenizas de las relaciones personales entre los dos, innecesariamente, gratuitamente. Pero debemos tomar conciencia de que Kirchner no quiere tener relaciones maduras con nosotros». Y con esta frase, Noriega demostró no estar con la sintonía actualizada. Puede ser cierto que la relación personal de Kirchner con Bush no es la perfecta, pero le falta información al ex alto funcionario. Se entiende, no tiene acceso a los cables cifrados que salen de Buenos Aires hacia «Foggy Botton», sino sabría que Michael Matera, el segundo de la «embajada», dijo al día siguiente de la presentación de credenciales de su jefe, Earl «Tony» Wayne, en el Palacio San Martín, no hace más de un mes, que la denuncia argentina contra Irán, por el atentado a la AMIA, era «la señal» más clara, contundente, de aproximación argentina a Washington. La comparó con el envío de las naves al Golfo de Carlos Menem, cuando la «Operación Tormenta del Desierto». Son los claroscuros de la relación, las contradicciones del propio ser humano. Como, por ejemplo, las amistades argentinas de Norman Bailey, el nuevo jefe de la oficina de seguimiento de las actividades del chavismo y el castrismo en el Hemisferio, con sede en Langley, Virginia. Designado por el zar de la Seguridad estadounidense, John Negroponte, Bailey asesoró al ex presidente Eduardo Duhalde (el que tomó la idea de cambiar «deuda por tierra») y trajinó las calles de Washington con Mario «Pascualito» Montoto y el abogado Carlos Prieto.
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