Para el partido Boca-River la publicidad televisiva llegó a la mitad de lo calculado. En el propio estadio la recaudación fue $ 80.000 menos de lo esperado. Un banco extranjero tiene sus cifras en rojo. También una conocida universidad privada de Buenos Aires, ha recurrido a los bancos. Lo mismo una no menos conocida constructora de Córdoba. Hasta el monopolio «Clarín» sólo por su actividad en cable adeuda 1.200 millones de dólares. Lo que se estimaba una buena venta en el inicio de abril en autos sólo quedó reducido al repunte particular de una automotriz, no del resto. Pensemos en empresas en convocatoria como Alpargatas, Comercial del Plata, una petrolera DAPSA y muchas más. Dramática es la situación de la mayoría del comercio minorista y se suma la interrupción de la mayoría de las cadenas de pago.
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Próximo a cumplirse 35 meses continuos e ininterrumpidos de recesión en la Argentina la situación comercial está haciendo insostenible la vida de sus empresas, aun las más sanas. El drama es grande también en los desocupados porque no se avizora la posibilidad de que se reabran las expectativas de más fuentes de trabajo, precisamente por esa situación dramática de los empleadores. Podría decirse que -dentro de la crisis general-los que menos se ven afectados son los que tienen una remuneración mensual asegurada. Pero de éstos, muchos también padecen demoras en los pagos de haberes y otros el temor por la inestabilidad de las empresas donde se desempeñan en cuanto a que puedan mantenerles los puestos de trabajo. De los que trabajan, el que no tiene seguridad en la continuidad de su haber mensual y tiene deudas, por caso de tipo hipotecario, es de los más afectados.
La ligera baja de precios -consecuencia obvia de la tremenda recesión-es el único alivio que se tiene, aunque también en esto hay problemas porque las tarifas de servicios y transporte público se han incrementado por no ser alternativas optativas para el usuario y además porque esos precios están estipulados en la mayoría de los contratos de concesión.
Frente a este panorama gris se encuentran «las medidas de Cavallo» (ya nadie habla de un «plan» del actual ministro de Economía porque se acepta que no es tal sino un conjunto de disposiciones bien pensadas, pero sólo para superar la emergencia financiera que soportaba el país). Las «medidas» se muestran acordes con alejar al país del abismo financiero, pero dejándolo adormecido todavía a 3 metros del borde. Además, salvar los huecos del Estado sacrificando más al sector privado no puede ser por sí reactivante nunca.
Un gobierno que le saca a ese sector privado -desde empresas a particulares-15 millones de dólares por día con el «impuesto al cheque» y apunta a 3.000 millones a fin de año, más haberse llevado de las reservas del Banco Central 500 millones de dólares, es lógico que tienda a superar la crisis financiera, pero ¿cómo se reactiva la economía? Mantener el gasto público y su alto déficit no activa a ningún país si se hace extrayéndole más dinero al verdadero motor pujante que es el gasto de los ciudadanos y de las empresas. El Estado tiene déficit no porque consuma ni invierta sino porque paga inoperancias como empleos públicos exagerados, «ñoquis», universidades atiborradas sin selección de ingresos, subsidios, compras recargadas.
La gran duda de economistas, empresarios y analistas es cómo salir de la recesión, cómo despertar expectativas de consumo, cómo hacer sentir tranquila y segura a la población. Se oye mencionar las más variadas alternativas.
Por caso que el Estado debiera comenzar a actualizar sus pagos a riesgo de más déficit para «aceitar» a la economía. Las devoluciones de IVA a empresas, lo primero que se frena en todos los gobiernos cuando tienen dificultades de caja, son un claro ejemplo. Hay quienes consideran esto superior a bajar sectorialmente impuestos porque si no se nota demanda dirigida, ni aún con ventajas se entrará a producir (más allá de un tibio aumento de stock por si viniera una reactivación).
Algunos susurran al oído de Fernando de la Rúa viejas ideas estatistas de «obras públicas que reactivan». Otros creen que «la llave» de la reactivación la tendría -es muy curioso esto-el ex presidente Carlos Menem. ¿Por qué? Por ser casi el único argentino hoy que tendría acceso directo al presidente George Bush de Estados Unidos. Un gesto de Bush hacia la Argentina -y no necesariamente tendría que ser monetario-podría provocar fuerte efecto en las expectativas de la alicaída sociedad porque si no logra esto un audaz como Domingo Cavallo, ya nadie lo podría hacer en el país. Para Fernando de la Rúa, para el mismo Cavallo y ¡ni hablar! para el aliancismo y el Frepaso significaría preferir antes cortarse las venas que recurrir al ex mandatario. Pero la necesidad apremia y apremiará más si la situación sigue así. El problema es que, en definitiva, Menem también es político y podría exigir condiciones insobrellevables como su reiteración por la dolarización (discusión inoportuna hoy y totalmente contraria al pensamiento de Cavallo) y otras colateralidades. Por caso las detenciones de Víctor Alderete y ex familiares Yoma donde la Justicia y las presiones de determinado periodismo han actuado demasiado infantilmente en asuntos que, por más levadura de prensa que se le ponga, no alcanzan la envergadura que se les quiere adjudicar, no dejan de ser temas menores, y, desde ya, inoportunos frente al gran problema nacional de la recesión.
Los mismos que se desvelan ideando soluciones al estancamiento del país miran hacia Córdoba y más exactamente hacia una intermediación del gobernador José de la Sota. Es el hombre principal sostén detrás de Cavallo y el que mejor llegada tiene, de los principales gobernadores justicialistas, al ex presidente Menem. De la Sota tiene grabadas dos ideas: que si el país crece 3% su provincia lo hará 9% y que si no hay reactivación, verá demorado su sueño de convocar inversiones extranjeras para las privatizaciones que ya tiene listas a la espera en Córdoba, incluido el juego.
Mientras tanto un sector del país se desplazará por Semana Santa. Lo bueno es que aliviará sectores del interior -también extranjeros-propicios al turismo. Lo malo es que especulaciones no menos infantiles puedan pensar que estos desplazamientos de 4 días tapen la realidad de la Argentina hoy.
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