Extravagante como en otras decisiones, Néstor Kirchner huye hacia adelante para escapar de los efectos de la crisis que abrió con la Iglesia Católica al desplazar al vicario castrense Antonio Baseotto. Ayer dio a conocer un decreto de designación de un «representante especial para Asuntos Eclesiásticos en la Embajada ante la Santa Sede», cargo que recae en un sacerdote católico de la rama «pingüina». Se trata de Daniel Ferrari, un santacruceño que se ha desempeñado como secretario privado del obispo sureño, monseñor Antonio Buccolini.
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Este Ferrari, que atenderálos asuntos religiosos de la embajada criolla ante el Vaticano, que ocupa el ex diputado ceteísta Carlos Custer, tendrá el rango de consejero de Embajada y cónsul general, y cobrará u$s 2.700.
Se trata de un sacerdote especializado en derecho canónico que ya estuvo en Roma cursando estudios de posgrado. Regresó a Río Gallegos, y ahora el gobierno le confía la tarea de mejorar las relaciones entre la Argentina y el Vaticano. Como es público y notorio, el país tiene un representante oficioso que es el ex embajador Esteban Caselli, hoy representante de la Orden de Malta en la república del Perú y gentilhombre de Su Santidad, rango que lo convierte casi en un local en cuanto a las relaciones internacionales.
• Autorización
¿Puede un presidente disponer de un sacerdote para darle un cargo? Sí, siempre y cuando su obispo, en este caso Buccolini, lo autorice. Algo que ya ha hecho ya que éste mantiene buenas relaciones con el Presidente. La designación evoca otro nombramiento controvertido, el que hizo Eduardo Duhalde siendo presidente para elegir al empresario Saúl Rothstein como representante de la Argentina para las relaciones con la comunidad judeo-argentina. Ese decreto duró poco por las quejas de esa comunidad; habrá que esperar los efectos de este decreto en las autoridades y la grey de los católicos.
No parece clara la intención del Presidente al ponerse a manejar destinos de sacerdotes y obispos (Baseotto, Ferrari). A poco de dominar Mao Tse Tung en China, creó en 1951 una «Iglesia Patriótica China» con católicos sometidos a la autoridad del Partido Comunista de ese país y rebeldes a los dictámenes de Roma. Ha durado hasta hoy y tiene 5 de los 15 millones de católicos de ese país. ¿No estaremos ante el nacimiento de una fracción «pingüina» de los católicos?
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