Como los Kirchner la semana pasada, que fueron a almorzar con Mirtha Legrand para inaugurar su mandato por adelantado, los Duhalde fueron a comer para despedirse de la Presidencia interina. Cuando fue Carlos Menem, en la puerta de «América TV» arengaban bombos y cánticos con la consigna «Menem 2003»; cuando asistió el matrimonio Kirchner, se habían congregado unos pocos vecinos a curiosear. Ayer, con la visita de los Duhalde, la calle era un conglomerado de manzaneras y policías. El matrimonio ingresó al estudio por separado, ambos con el tema «Color esperanza», el hit mismo de Diego Torres que le universalizó el Papa en Madrid. Antes de bajar la escalera de rigor, detrás de la escenografía, Duhalde había estado intercambiando apreciaciones futboleras con la producción y discutía con Chiche por la rivalidad que los separa: él es de Banfield y ella de Lanús.
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Una vez juntos, Mirtha preguntó al matrimonio: «¿Se van de vacaciones a Brasil?» y la que respondió fue Chiche: «Nos invitó Lula.. nos vamos los dos solitos, para hacer todo lo que no pudimos durante la gestión». No aclararon a qué privaciones los obligó el poder. «Es lindo salir sin apuro..», agregó la dama y alguien recordó por lo bajo la diferencia con la salida de De la Rúa.
Respecto del menú, Mirtha contó que conocía las preferencias de Chiche: « Me acordé que no te gustaba el queso así que encargué un menú sin nada de queso». Sin embargo, en el corte, Chiche inspeccionó minuciosamente los crêpes y dudó, pero Mirtha replicó: «Qué desconfiada, te dije que no tenía queso, es salsa de verdeo».
Mientras almorzaban, Legrand le preguntó a Duhalde si era cierto «eso que dicen de Kirchner al gobierno y Duhalde al poder» a lo que él contestó: «Elegí a Ruckauf y a Solá y jamás les pedí nada, a Kirchner le pedí sólo una cosa: que se rompa el alma». También hablaron de apodos: contaron que a Hilda jamás la llamaron por su nombre y siempre la bautizaron Chiche y que a Duhalde ella le dice Negro. Y Mirtha improvisó un chiste que no pareció divertir demasiado al entorno duhaldista presente en el estudio: «Dijo Chiche, creí que iba a decir Chechu».
•Elegancia
Una de las mozas de Legrand, mientras aguardaba detrás de cámara con la botella de champagne en mano y observadora como es, sin perder detalle de lo que hace falta en la mesa, comentó por lo bajo: «Menem estaba más elegante, hasta traía gemelos y se estrenaba el día del almuerzo un par de zapatos». Pero a los Duhalde se los vio de elegante sport, como a los Kirchner la semana pasada. Duhalde no se preocupó por esperar hasta el corte para comer, a diferencia de una más protocolar Chiche, quien lo interrumpió cuando él decía que no iba a extrañar el gobierno: «Yo le digo que sí va a extrañar, el ritmo de trabajo sobre todo». Y si ella lo dice. Pero Mirtha insistió: «¿Está aliviado que deja la Presidencia? Así que Duhalde se refirió a su vocación docente: «Ahora me voy dedicar al ámbito académico, voy a dar clases y trabajaré con la juventud. Los partidos políticos son piezas de museo».
En los cortes contaron anécdotas del viaje que había realizado la Legrand junto al matrimonio Duhalde a pueblo Smith, de donde la diva regresó con el vocero Carlos Ben. Pero lo que más recordaba la Legrand era que luego de ese viaje visitó a Sandro. Relajado y fuera del aire, Duhalde cantó una estrofa de Los Nocheros y confesó su afición por el grupo folklórico. Por eso lo halagaron dejándole la cortina musical durante todo el programa. Mirtha despidió a los Duhalde, se acercó a la cámara y vendió su programa del día siguiente, mientras los esposos aguardaban atrás. Luego se abrieron paso entre el atropello de movileros y noteros, Duhalde hizo algunas declaraciones y se subieron al auto. Cuando salieron del garaje, las manzaneras que habían hecho guardia en la puerta se precipitaron hacia el coche, golpearon los vidrios saludando a la dupla, gritaron y lloraron. Al final, la masa femenina se dispersó por las calles de Palermo, tras saludar al matrimonio que por estos días está de despedidas.
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