11 de enero 2007 - 00:00

Una señal para otros distritos

Carlos Mazzón, el responsable de las relaciones entre la Casa Rosada y el oficialismo del interior del país, despejó ayer una de las incógnitas más importantes de la estrategia de Néstor Kirchner para 2007. Fue en un caso, el catamarqueño, pero el criterio tiene alcance para una serie muy numerosa de encrucijadas donde se cruzan el Presidente y su partido, el PJ.

El desenlace de la peripecia catamarqueña estaba cantado desde temprano. Entre Luis Barrionuevo, todavía no indultado por la acusación de haber hecho tirar huevos sobre las extensiones de Cristina Kirchner, y Armando Bombón Mercado, su cuñado (ex marido de Alicia Kirchner de la que todavía no se divorció), era muy previsible a quién beneficiaría el santacruceño. Mazzón le comunicó a la dirigencia de la provincia que Kirchner apoyaría a su cuñado, sellando una asociación entre su candidata, Lía Corpacci, y el gobernador radical de la provincia, Eduardo Brizuela del Moral. Ese binomio será el oficialista.

Más allá de las peculiaridades de esta trama, a la que aportan color Barrionuevo y los parientes del Presidente, el ejemplo importa por lo que tiene de general. Es la primera vez, al menos en 2007, que Kirchner decide dejar a la intemperie a su partido para configurar otra formación que lleve su bandera. La experiencia de Catamarca puede reproducirse en otras comarcas: Córdoba, Entre Ríos, Río Negro, Salta. Por eso es interesante observar cómo se modifica la ecología electoral de esos distritos.

  • Incógnitas

  • En otras palabras, desentrañar varias incógnitas. Una de ellas, qué conducta adoptará el peronismo en los casos en que se sienta descartado por el primer mandatario. ¿Postulará de todos modos un candidato propio que debilite la opción oficial a la gobernación? Algunos interlocutores de Mazzón salieron ayer por la tarde a buscar a Barrionuevo para que resuelva el acertijo pero el gastronómico seguía desconectado, al parecer en Punta del Este. Otro enigma, todavía más importante: ¿qué harán los despechados de hoy cuando deban optar, en octubre, entre Kirchner (él o ella) y otro candidato? Para evitar una desviación de esos votos del PJ hacia alternativas opositoras Mazzón intentó ayer que le crean que «si ustedes arman sus propias listas los ayudaremos igual desde el gobierno».

    Otro curso de acción que debe examinarse es el que adopte el radicalismo, también agredido por las composiciones políticas que se estimulan desde la Casa Rosada. ¿Qué harán los Castillo, adversarios de Brizuela del Moral en el radicalismo de Catamarca? ¿Postularán a sus propios candidatos? ¿Cuántos votos puede obtener la tradicional «Lista 3»? ¿Es decir, cuánto daño electoral pueden provocarle al oficialismo K diversificando sus listas? Estas preguntas valen para todos los distritos en los que Kirchner promueve una «concertación» con el radicalismo que gobierna.

    Otra cuestión que se dilucidará con el paso de los días es el efecto que estos castigos o desprecios puedan tener en la dinámica parlamentaria.

    Los que comiencen a intuir la proximidad de la guadaña, ¿seguirán votando las leyes del gobierno con la disciplina con que lo hicieron hasta ahora? Hay casos en los que este misterio luce más atractivo. El de Miguel Pichetto, por ejemplo, quien se encamina a ser el Barrionuevo de Río Negro mientras rema para que se cumpla la voluntad de la pareja presidencial en el Senado nacional. Es el jefe del bloque del oficialismo.

    Acaso una mirada retrospectiva ayude a reducir este rosario de interrogaciones. Basta con repasar lo sucedido en 2005 en la provincia de Buenos Aires. Allí Kirchner decidió sepultar a los Duhalde, precursores de Barrionuevo, Pichetto, De la Sota o Busti. En homenaje al debut del Frente para la Victoria sacrificó a quien lo había gestado. Si sucedió eso con Eduardo Duhalde, ¿por qué se le evitaría el mal a quien resulta indiferente o, peor, resulta un adversario? Quien pudo lo más podrá lo menos.

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