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6 de febrero 2002 - 00:00

Variar la corte no para alfonsinizarla sino para federalizarla es posible

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El rol del Senado es decisivo en la eventual destitución de los jueces del máximo tribunal y también en la designación de quienes los reemplacen. El mecanismo del juicio político supone que la Cámara de Diputados acusa a un juez, pero es la otra cámara la que lo condena o absuelve por 2/ 3 de los votos. Además, la Presidencia debe remitir al Senado el nombre de los candidatos a ocu
La última experiencia en el armado de ese instituto fue controvertida. En el pacto de Olivos, Raúl Alfonsín puso como condición de su adhesión a la reelección de Carlos Menem la sustitución de tres jueces a los que acusaba de «menemistas» por otros que, según él, daban mayor garantía de independencia. Curiosamente, en estos días reclama por la permanencia de uno de ellos (Gustavo Bossert) en el tribunal, opacando la figura del ministro. En todos los casos, las vacantes se completaron con abogados porteños, lo que reforzó el carácter metropolitano que siempre tuvo la Corte.

En el caso actual, ese rasgo prometía acentuarse: el nuevo tribunal sería la expresión judicial del «pacto bonaerense» que sellaron peronistas y radicales de ese distrito para gobernar el país. De allí los nombres que se comenzaron a ventilar, abogados en general «filo-alfonsinistas» e invariablemente porteños: Ricardo Gil Lavedra, Arnoldo Klainer, León Arslanian, hasta el mismo Jorge Vanossi, hoy ministro de Justicia.

Frente a esta manera de seleccionar magistrados, algunos diputados y un par de senadores le hicieron conocer a Duhalde otro criterio. Le propusieron, y el Presidente comenzó a considerar, la posibilidad de saltar el cerco porteño, con el argumento de que «es también una manera de sanear a la Corte de los intereses de los grandes estudios jurídicos que se concentran alrededor de los tribunales». Además, los legisladores de la Cámara alta pretenden que se reconozca, con acierto, el capital del interior del país en el campo del Derecho: allí hay profesores y jueces del prestigio de Luis Moisset de Espanes y José Buteler (Córdoba) o de Aída Kemelmajer de Carlucci (Mendoza, podría ser la primera mujer que alcanzara esa jerarquía), por citar tres casos descollantes. La idea le resultó especialmente atractiva a Duhalde y se comentaba anoche en la Casa Rosada, (durante una reunión de máximo nivel para analizar la reforma institucional que se lanzará hoy). El Presidente está empeñado en desdibujar la imagen centralista que lo ha caracterizado hasta ahora al punto de convertirlo en una especie de émulo de Juan Manuel de Rosas.

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