19 de marzo 2008 - 00:00

Viajeros II

Se ha enfriado la expectativa del viaje de Cristina de Kirchner a Londres, a esa cumbre de gobiernos que se dicen progresistas o de izquierda. No concurrirán José Luis Rodríguez Zapatero, tampoco Lula, hasta se borró Alan García. El español, sin embargo, tuvo un gesto: la invitó a pasar por Madrid para tomar un café. Ella, quien no respondió aún, quizás rechace el convite: debe almorzar en París, en su regreso, con Nicolas Sarkozy, a quien tal vez le pida un gesto para arreglar cuentas y pagarle al Club de París (ansiada meta de Martín Lousteau para ver si se logra financiación para ciertos proyectos en el país) y, de paso, combinar una gira junto al francés a tierras tropicales para lograr la liberación de la ex candidata colombiana Ingrid Betancourt, secuestrada por las FARC hace más de seis años. En Londres, antes, disertará en la London School of Economics en discurso que no escribió Lousteau, referido a la inclusión social (en la formación liberal del ministro, esa asignatura nunca fue prolijamente tratada). Para la emoción le han reservado a Cristina un encuentro con el geronte historiador Eric Hochbaum, un socialista que en la juventud le hubiera convenido más que cualquier texto memorizado de Hernández Arregui. Para halagarla le tocan una vena progresista que presuntamente cultiva. ¿No sería prudente que la Cancillería le imaginara alguna vez una reunión con Paul Johnson, si se buscan famosos divulgadores? Sería un cambio, también un adulto ascenso luego de conversar con Luis Palau.

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