Buenos Aires, como otras ciudades legendarias, parece al borde de una trama de tragedia. Mauricio Macri está enojado porque el gobierno nacional no le avala créditos para extender las líneas de subterráneos. Por eso desairó a la Presidente y faltó a un acto en el cual la Nación anunció la fabricación de vagones para los subtes porteños. Interpreta Mauricio Macri que Cristina de Kirchner quiere aparecer resolviendo problemas que él no puede. Lo insólito es que Franco Macri, padre del gobernante porteño, tiene injerencia en la empresa proveedora de los coches de la discordia.
Si bien el anuncio del gobierno nacional sobre la compra de más de doscientos vagones para los subtes porteños pone en duda la llegada efectiva de esa flota en corto plazo, es cierto que la noticia pareció mortificar a Mauricio Macri. Creen en la administración macrista que tantos rodados es una manera «de presionar» al jefe porteño, quien debería apurar la extensión de las vías para utilizarlos. Macri ya resignó públicamente la posibilidad de trazar nuevos recorridos como estaba previsto.
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«Quieren mostrar que ellos hacen más que nosotros por la Ciudad», aseguraban ayer en más de una dependencia del Gobierno de la Ciudad. Es un caso difícil de interpretar, si se tiene en consideración que el representante de la empresa china que cerró una venta de cientos de millones de dólares (850 sumando 160 vagones de trenes y 24 locomotoras) por los vagones, sin pasar por licitación alguna, es Franco Macri, padre de Mauricio.
Así, la contratación que explicó Ricardo Jaime, el miércoles, disparó ya en un ala de la oposición porteña las sospechas sobre los beneficios de la familia Macri. Hoy no se comprende en toda su dimensión si finalmente Mauricio desairó a Cristina de Kirchner no concurriendo a ese acto de anuncios o eludió una foto con su propio padre, en curiosa escena. Complicado, porque por las dos vías le ofrecían motivo para el festejo: su familia concreta un suculento negocio, y el gobierno nacional finalmente invierte en la Capital Federal, tanto que reprocha Macri la falta de atención (de Cristina de Kirchner, claro).
Dificultades
Lo cierto es que más allá de diferencias o complicidades familiares, en todo caso, un tema de expertos en esas materias, si la compra se concretara en parte para el año próximo, como dijo Jaime, sería oportuno que Macri comience a acelerar las obras que comenzaron gestiones anteriores. La administración de subtes parece tan dificultosa de comprender como algunas reacciones del jefe de Gobierno porteño: las redes son de la Ciudad de Buenos Aires, que se hace cargo de las extensiones; la concesión a Metrovías SA la otorgó la Nación; la Nación controla a los concesionarios y también les da los subsidios para que mantengan bajo el precio del boleto (hoy $ 0,90); la Ciudad paga por nuevos servicios,pero lo que compra la Nación, como los vagones, queda para el distrito. La mora de la Nación es en la transferencia del control de la concesión. Es otro de los casos de reclamo del distrito porteño por su autonomía.
El gobierno nacional dijo entonces que comprará 279 coches a los chinos, y eso representa casi la mitad de los existentes hoy para seis líneas de subtes. La idea es destinarlos a las líneas que se están ampliando para que puedan estacionar trenes más largos y contener a mayor cantidad de pasajeros, con la correspondiente señalización y también frecuencias más cortas, en una ecuación ambiciosa. La red porteña, según recordó Jaime, tiene «43 kilómetros, distribuidos en 6 líneas y 74 estaciones; 7 kilómetros en una línea con 17 estaciones, que es la del Premetro» y una demanda anual de 287 millones de pasajeros que cubre con 647 coches en servicio. Cerca de cien vagones se destinarían a reemplazar los de la línea A, que pasa por Rivadavia, que ya constituyen piezas históricas de 1913. La obra se terminó en 42 meses para 1,8 kilómetro y tres estaciones nuevas durante los gobiernos de Aníbal Ibarra y Jorge Telerman, pero aún no se estrenó.
Además se destinarían 55 coches para la nueva línea H, que funciona con vagones viejos: en su momento no se pudieron comprar porque la empresa de China, que representa Franco Macri, no presentó la oferta técnica correspondiente, y la otra, Alston, se excedió de presupuesto.
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