5 de abril 2005 - 00:00

Ya se habla de Duhalde candidato a senador

Eduardo Duhalde comenzó ayer a tejer una candidatura a senador nacional por Buenos Aires con el argumento de que su gente se lo pide y de que puede ser una alternativa a la puja que hoy divide al peronismo provincial entre Cristina Fernández de Kirchner y Chiche González. Simuló recibir una oferta de sus coroneles ayer en un almuerzo en Capital Federal; dijo que lo pensará, pero que no puede rechazar esa posibilidad si se evita una confrontación con Néstor Kirchner, a quien, insiste, sólo quiere ayudar.

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
Al final se produjo: Eduardo Duhalde no dijo ayer que no a una oferta de candidatura a senador nacional que le ofreció un grupo de los dirigentes más cercanos a su conducción. «Si no es para confrontar con el Presidente y sirve como una síntesis de lo que están diciendo unos y otros, no lo puedo descartar. Déjenme pensarlo», se acurrucó el ex presidente mientras revolvía el plato con el panaché de verduras que le habían servido en el Club San Juan, santuario de todas sus conspiraciones.

Parece la reiteración de un libretoconocido: el cacique que escucha ofertas «a medida» que le hace su gente para iniciar una etapa de meditación que irá creciendo día a día hasta que se conozca el dictamen. Quien escuchaba esto (Duhalde) esperaba llegar a este momento; quienes hacían la oferta, en realidad, venían repitiendo este final hace meses. ¿Quiénes eran? Eduardo Camaño (jefe de los diputados), Alfredo Meckievi (intendente de Dolores), Baldomero Alvarez (intendente de Avellaneda), Julián-Domínguez (diputado provincial).

Se citaron a mediodía de ayer con Duhalde en el San Juan para intimarlo a que les indique un camino más claro que el que les propone el gobierno con la instalación de la candidatura de Cristina de Kirchner, una declaración de guerra de final incierto.

De a uno, mientras servían el módico menú, los coroneles del duhaldismo repasaron la violencia con que el gobierno había instalado en el último mes el nombre de Cristina. También cómo su principal azote, Felipe Solá, sigue inseparable del Presidente en actos públicos. Ayer fue en la Catedral, fotografiándose con Cristina Fernández en la misa por el Papa. El sábado mantuvo una larga charla por teléfono con Kirchner, también con el pretexto de la muerte del Papa, que terminó con un diálogo sobre política partidaria. «Está de este lado», les comunicó Solá a sus coroneles después de esa conversación.

• Guerra interna

El argumento unánime del cuarteto fue que la situación los obligaba a una guerra interna en el peronismo que les iba a costar dinero, donde el reglamento lo manejan Solá y Kirchner ( tienen la potestad de fijar las fechas de las internas y de la elección general) y en la cual el kirchnerismo domina el escenario mediático (ver vinculada).

Duhalde
hizo como que escuchaba, meditaba, y admitió que la situación lo tenía más que molesto. «Podemos ir solos a una elección, sin arreglar nada con Néstor ni con Felipe. En realidad, no los necesitamos. Tenemos el partido, con eso nos basta

Camaño
lo interrumpió para intranquilizarlo un poco: le contó que la jueza María Servini de Cubría lo había intimado como presidente del congreso del PJ nacional para que regularice los papeles porque el partido está en virtual acefalía. Después del último congreso de Parque Norte (recordado por el emblemático debate de «alta peluquería» entre Olga Riutort, Hilda González y Cristina Fernández), la renuncia de la mesa de los gobernadoresdejó al partido sin autoridades para funcionar.

La presentación de
Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá -que pareció en su momento algo testimonial y decorativo-ha avanzado hasta esta intimación. ¿Qué vas a hacer?, le pregunta Duhalde. Camaño responde que va a citar (no tiene otro remedio) a la mesa que quedó de los renunciantes de Parque Norte para tratar de imaginar una fórmula legal para que el partido que gobierna la Argentina no termine intervenido, como tantos sellos, por María Servini.

«Cacho» Alvarez
fue más crudo al volver al tema de la mesa. Con el tono pausado y voz baja estuvo implacable: «Acá hay una pelea, alguien tiene que ganar. Hay tres bandos, Kirchner, Solá y nosotros. Lo peor es que hay quienes dicen que al final pueden ganar los tres. ¿Y saben qué? Que si ganan los tres es que hemos perdido nosotros».

En silencios pausados, para evitar los oídos indiscretos de los mozos que sirven en el San Juan, parecían rumiar una solución hasta que Duhalde dictaminó: «Es cierto, por un lado está Chiche, que es mi candidata; del otro Cristina, que el Presidente no niega que sea candidata. ¿Para qué pelear? ¿Por qué no buscar una síntesis?».

Sonríe la mesa, y «Negro» completa: «No vayan a creer que quiero confrontar; acá se trata de ayudarlo al Presidente y buscar evitarle una pelea».

Entusiasmados, embriagados con una repetición de la historia -«Negro» llamado a las grandes ligas para destrabar crisis que él mismo provocó-, apresuraron el final; debían salir hacia Dolores para tejer anoche, en la quinta de Meckievi, en las afueras de esa ciudad, esta nueva aventura electoral.

Después de todo, la última vez que «Negro» fue senador, terminó siendo presidente.

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