2 de enero 2004 - 00:00

30 horas en tren por la mesopotamia

En los hechos, el tren que cruza la Mesopotamia tarda hasta 30 horas en recorrer 1.100 kilómetros. Los coches están en buen estado, pero el viaje impone incomodidades a los pasajeros.
En los hechos, el tren que cruza la Mesopotamia tarda hasta 30 horas en recorrer 1.100 kilómetros. Los coches están en buen estado, pero el viaje impone incomodidades a los pasajeros.
"Se mueve como un barco", dice a mi derecha, pasillo por medio, un audaz pasajero de Lanús que se decidió a viajar a Misiones en tren. Como periodista, uno cumple profesionalmente. El lanusense, en cambio, con esposa y una hija a bordo, me cuenta que «ama los trenes desde chico». En 30 horas de viaje casi terminamos como hermanos.

Me hizo sonreír su invocación al movimiento de un barco por la irregularidad evidente de la red de vías. En el largo y extenuante trayecto, observando enorme cantidad de vagones de carga volcados al costado de las vías, efectivamente uno recuerda las barcazas del delta del Tigre, con cantidad de barcos abandonados en las riberas.

Lo que puede comenzar como travesía a lo largo de la región mesopotámica termina convirtiéndose en un suplicio para cualquier pasajero. Nos ocurrió a quienes durante 30 horas viajamos en el cuarto servicio del tren que une los 1.100 kilómetros entre Buenos Aires y Posadas.
Problemas con el aire acondicionado en los camarotes, falta de agua en algunos tramos, retrasos importantes en los horarios y la precariedad de los baños son algunas de las deficiencias que tuvimos que soportar los pasajeros.

• Partida demorada

Como periodista de Ambito Financiero viajé en la formación, denominada El Gran Capitán, que partió un lunes a las 22.30 (con más de media hora de demora) desde la estación Federico Lacroze, con 150 pasajeros en clase turista, 20 en primera, 12 en pullman y tan sólo 2 personas en camarotes; esto significaba 60% de ocupación sobre el total disponible en el tren. A marcha lenta y con decenas de paradas, algunas de cerca de una hora, arribó a la capital misionera recién el miércoles a las 4.30 (5 horas después de lo previsto), con el último aliento.

Una gran parte de los pasajeros que abordaron el reinaugurado servicio que puso a disposición la empresa Trenes Especiales Argentinos (TEA) iniciaron «algo asustados» la travesía de recorrer la región delimitada por los ríos Paraná, Uruguay e Iguazú, según reconocían algunos. El desafío era viajar durante 25 horas en tren a un destino en el que un micro llega en 13 horas.

El espacioso tiempo que demora El Gran Capitán en recorrer los 1.100 kilómetros se debe al
mal estado de las vías, que obliga a la máquina a realizar tramos a 30 km/h y hasta en algunos sectores a paso de hombre. Debido a esto, el tren se mueve por momentos más que un barco. Este periodista tuvo la posibilidad de viajar en la locomotora junto con los conductores en el tramo que sigue a la localidad de La Cruz (Corrientes). Desde ese lugar se puede observar el calamitoso estado de las vías.

TEA acusa a América Latina Logística (ALL), la operadora del servicio de carga del ex Ferrocarril Urquiza, de no realizar el mantenimiento necesario para que las vías estén en condiciones.

Más allá de esta disputa, el primer gran inconveniente que mostró el servicio se dio a minutos de comenzado el viaje, cuando dejó de funcionar el aire acondicionado en los camarotes debido a un desperfecto eléctrico. El calor insoportable hizo que uno de los pasajeros terminase durmiendo en el pullman (donde el aire funcionaba) y el otro decidiera hacerlo con la puerta de su dormitorio abierta. Cuando el tren llegó a Concordia (Entre Ríos), cerca del mediodía del lunes, es decir 12 horas después de iniciado el viaje, se logró reparar la falla.

El agua también mostró momentos de preocupante ausencia. Incluso, durante dos horas,
las mujeres que viajaban en el sector pullman debieron utilizar el baño de hombres, donde quedaban las últimas gotas para refrescarse, hasta la recarga en Concordia, una parada estratégica, donde también el tren se aprovisiona de combustible. El agua, en un viaje de 30 horas por la Mesopotamia y con momentos de intenso calor, se torna un elemento básico. Se podría, por ejemplo, contar a muy bajo costo con un dispenser con una importante cantidad de bidones de reserva, para que cualquier pasajero pueda saciar su sed. Pero nada es gratis: una botella de agua mineral o gaseosa se puede conseguir en el comedor por 3 pesos. Y si el viajero quiere llevar su termo puede hacerlo. Llenarlo, cuando hay agua, cuesta 50 centavos. Varios termos se vacían en 30 horas de recorrido.

El «restorán sobre rieles» es agradable, aunque no tiene demasiados clientes, debido a que el fuerte de este tren es el pasaje que viaja en las clases económicas, que prefiere la «vianda casera». El potencial consumidor del comedor es el cliente de camarotes o pullman, pero en este servicio las dos categorías sumaban apenas 14 pasajeros, incluido este periodista.

• Menú

Lo que se ofrece son minutas (menos ravioles, según aclara la camarera cada vez que entrega el menú), empanadas y sándwiches. Una milanesa con puré más una gaseosa cuesta 9 pesos, al igual que un cuarto de pollo con guarnición de papas. Un vino, claro, encarece la situación. Hay botellas desde 6 pesos, y hasta se ofrece champagne a $ 35.

En cuanto a los coches, todos están en muy buen estado.
Limpios, bien pintados y con cómodas butacas. Las dos clases más económicas no poseen aire acondicionado, sino ventiladores de techo, y cada sector tiene un baño para damas y otro para caballeros, más un lavatorio para refrescarse la cara o lavarse las manos, como una especie de refuerzo. En el viaje, salvo el problema con el agua, los baños no se vieron colapsados, pero es cierto que, por ejemplo, en el pullman viajaba muy poca gente. En turista, donde la cantidad de gente fue bastante importante, era por momentos difícil ingresar en el baño. Este cronista hizo la prueba dos veces y en ambas tuvo que esperar un buen rato.

Un médico o una enfermera también serían necesarios en un servicio de estas características. Un inconveniente en la salud de un pasajero podría ser fatal, teniendo en cuenta las distancias entre las estaciones y que, además, la formación corre a baja velocidad. El tren tiene botiquín de primeros auxilios y, según explica la empresa, parte del personal tiene conocimientos de este tipo. Además, hay celulares para comunicarse con las estaciones y en caso de problemas se pide una ambulancia. Hasta que se llegue al lugar, sólo se hacen primeros auxilios. Por más organización que haya, la falta al menos de una enfermera es evidente. La concesionaria lo reconoce e incluso asegura estar pensado en llevar en un futuro a un médico en la formación.

Durante toda la tarde del martes, ya con el agua recargada, el mate cebado y el aire acondicionado rehabilitado, el pasajero comenzaba a esperar la llegada a la ciudad de Posadas. Pero el retraso en el arribo trajo quejas. Luego de la medianoche, el tramo previo a la llegada a la capital misionera se repartió entre los que preferían dormir, ya resignados por el tiempo transcurrido, y los que descargaban su bronca con alguna azafata, que no tenía demasiadas explicaciones y sólo intentaba convencer con un café.

Ya entrados en Misiones, pasó Apóstoles, a unas dos horas de Posadas. El rumor decía que la formación llegaba pasadas las 2 de la madrugada. Pero previo a llegar a Garupá, la última parada antes de arribar a la capital misionera, y cuando las previsiones indicaban una hora más de viaje, el tren estuvo parado durante más de una hora por un motivo insólito:
una desmalezadora había quedado varada en medio de las vías, en un horario muy poco común para ese tipo de trabajo. Hubo que esperar que la sacaran del camino para continuar viaje. Para esa altura, los ánimos entre los pasajeros estaban muy caldeados. La mayor queja era que ningún representante de la compañía se hubiese acercado a dar explicaciones a los pasajeros por la demora en la llegada.

• Rebeldía

Rafael, un comerciante de Laferrere de unos 60 años, que viajaba con esposa, hija y yerno a visitar familiares, era el más fervoroso en la clase pullman. En un ataque de rebeldía, desafió la prohibición de fumar en su asiento (está prohibido hacerlo en todos los coches, aunque se puede fumar al lado de la puerta). Nadie se lo hizo apagar. El hombre estaba furioso y desafiaba.

La llegada a Posadas, bien entrada la madrugada del miércoles, hizo encontrar el alivio al pasaje y también a los familiares que esperaban en la estación. Mientras el tren arribaba se escuchó decir entre la gracia y el espanto: «Esto es una barbaridad. Si vas a un velorio, llegás cuando enterraron al muerto».

Había terminado la aventura.

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