Mientras la Organización Mundial del Comercio (OMC) aprobó, en Doha, una nueva «rueda» que durará tres años e incluirá negociaciones para liberar el comercio de productos agropecuarios, reduciendo el proteccionismo agrícola de los países industrializados, que tanto daño ha hecho a la Argentina, los legisladores norteamericanos (en prevención de lo que pudiera, eventualmente, suceder) continúan tratando de renovar su normativa nacional proteccionista respecto del agro. Con el mazo dando, entonces.
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Hace algunas semanas, recordamos, la Cámara baja del Congreso de los Estados Unidos aprobó la renovación de los subsidios al sector agropecuario, por una década más. Sin alterar demasiado las actuales estructuras, que estarían vigentes hasta setiembre del año próximo. Manteniendo, en lo sustancial, los niveles de protección en vigor.
Se acerca ahora el turno del Senado. Y ya se ha escuchado su primera propuesta. La del presidente del Comité de Agricultura del Senado, el demócrata Tom Harkin, del estado de Iowa. Ella tiene un horizonte quinquenal. En lugar del decenal ya aprobado por la Cámara baja, entonces. Procura equilibrar los intereses de los grandes productores de granos y algodón (que reciben, históricamente, lo sustancial de los subsidios, del orden de unos 20 mil millones de dólares por año) con los de los productores más pequeños que presionan, en cambio, por lograr un mayor enfoque conservacionista. Para ello propone una novedad, esto es un «techo» de 100.000 dólares anuales de subsidios directos para cualquier productor individual. Sugiere, sin embargo, dos subsidios nuevos. Uno -de dudosa validez bajo la OMC- que apunta directamente a garantizar ingresos. Y otro que pretende estimular las medidas de conservación de los suelos y del agua.
• Respuesta
Como primera respuesta (que anticipa que puede haber alguna lucha con la administración en este tema tan sensible), el líder de la mayoría, el senador Tom Daschle, de South Dakota, y otros 23 senadores acaban de solicitar una reunión a la secretaria de Agricultura norteamericana, Ann Veneman, para discutir la visión de la Casa Blanca en esta materia.
Porque suponen que, con una concepción abiertamente más liberal, el Ejecutivo podría oponerse a la aprobación del «paquete» decenal de más de 170 mil millones de dólares de subsidios propuesto desde la Cámara baja.
La secretaria, que sabe que respecto del agro en su país se cierne un nuevo pacto social, más orientado a las localizaciones de la gente que al sector en sí mismo, hizo una «verónica». Y evitó el encuentro. Propuso, en cambio, uno reducido. Con la presencia del Partido Republicano, representado por el experimentado senador Richard Lugar, de Indiana. Lo que parece prudente, en momentos en que -en Doha- la Organización Mundial del Comercio ha consensuado una difícil agenda, que incluye específicamente esta cuestión. Y «sin prejuzgar el resultado» trataría de abrir los mercados, reduciendo «con vistas a su eliminación progresiva» los subsidios a la exportación y cortando sustancialmente las medidas proteccionistas domésticas que distorsionan el comercio. Teniendo, además, en cuenta las preocupaciones no comerciales y las que hacen al desarrollo.
Salvo el tema del plazo, la propuesta de Harkin es similar, en sustancia, a la de la Cámara baja. Es fruto, entonces, de las presiones de los mismos intereses que ya lograron su aprobación parcial.
Para la Casa Blanca, ese enfoque es inequitativo, desde que concentra en cabeza de 8% de los productores 50% del total de los subsidios. Además, porque -como en Europa- estimula en los hechos la sobreproducción, empujando a los precios internacionales hacia la baja. Y porque, finalmente, olvida la necesidad de impulsar la protección del ambiente.
(*) Embajador. Ex representante permanente de la República Argentina ante la ONU.
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