Amplio rechazo en la Argentina

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La palabra eutanasia deriva del griego «eu» que significa «bueno, y «thanatos» que significa muerte, es decir «buena muerte». A partir de esta definición el mundo se ha sumergido en la discusión sobre el «derecho a morir» que tienen los pacientes que sufren enfermedades terminales. En la Argentina, la eutanasia todavía no se ha convertido en un tema central de debate, pero muchos no dudan en que esta posición dé un viro imprevisto a partir de la decisión del Senado holandés de despenalizar o legalizar la muerte asistida.

El caso más cercano, aunque salvando diferencias, que involucró a la Corte Suprema de Justicia argentina en una decisión sobre la vida o la muerte, estuvo dado por un fallo que permitió inducir el parto de una mujer cuyo feto padecía anencefalia. El caso mereció la opinión de juristas, médicos y de la misma Iglesia que se inclinaron a favor de adelantar el parto de un bebé cuya posibilidades de vida clínicamente eran nulas.

Tradicionalmente, se ha interpretado que la eutanasia implica que un médico mate por medios indoloros a un paciente que sufre y a un enfermo terminal por razones de compasión.

La génesis de ésta, si se quiere «corriente», puede encontrarse el la actitud del doctor
Jack Kevorkian y su máquina del suicidio, que provocó la muerte de pacientes terminales.

El avance de la eutanasia en los Estados Unidos y su legalización en Holanda inevitablemente han llevado a los médicos a plantearse la posibilidad de que en la Argentina pueda ocurrir episodios similares. Por eso, han alertado sobre la necesidad de que la legislación actual abunde sobre el valor de la vida.

«Desde el punto de vista bioético, no existe ninguna motivación para legalizar la eutanasia», opinó
Juan Antonio Mazzei, ex director del Hospital de Clínicas. Sostiene al respecto, que la reciente ley holandesa se contradice con el deber del médico y de su juramento hipocrático a favor de la vida. Para Mazzei, la legalización de la eutanasia no es otra cosa que la convalidación de la creciente corriente de ideas que apareció en el mundo a partir de la utilización de Kervokian «de la máquina de la muerte», y, subraya que «será importante que los tribunales de bioética sean claros respecto a los límites de la medicina en la Argentina».

Una postura similar tuvo el médico
Bernardo Igolnikof para quien se trata de «un tema muy delicado» que debe ser tratado con la mayor cautela del caso y que «requiere de controles muy estrictos». Igolnikof se pronunció a favor de la vida en las mejores condiciones y por no dar vía libre a una ley de esta naturaleza».

Por su parte,
Carlos Gheradi, titular del Comité de Bioética de la Sociedad de Terapia Intensiva, calificó de «admirable» la decisión de Holanda de legalizar la eutanasia y manifestó que «es una actitud valiente de ese país».

En relación con la utilización de la eutanasia pasiva, donde se retira el soporte que mantiene al paciente vivo, Gheradi la consideró como
«imprescindible» y afirmó que «en nuestro país se hace en forma cotidiana, aunque no sea legal».

Se sabe que en la Cámara de Diputados existen por lo menos tres proyectos que se sumergen en este análisis de este controvertido tema y en que se prohíbe expresamente la eutanasia. Sin embargo, de los fundamentos, uno de ellos impulsado por los diputados
Graciela Camaño y Corchuelo Blasco habla de la «muerte digna».

Obligación

En uno de sus párrafos se expresa: «Sabemos que hay enfermos en estado terminales, siguen sin gozar del respeto a la autonomía de su voluntad no permitiéndoseles decidir sobre lo que realmente es mejor para ellos (y contradiciendo, por lo tanto, el principio bioético de la beneficencia)..».

Traducido en palabras simples significa la obligación de los médicos a informar a un paciente sobre su estado terminal, y la posibilidad de que éste decida si se quiere someter a un tratamiento que sabe doloroso liberando al médico de toda responsabilidad.

«Lo que se apunta es a lograr que los pacientes con enfermedades terminales puedan recibir un tratamiento determinado, de acuerdo a su criterio», señaló a
Ambito Financiero la diputada Camaño.

También la Iglesia fijó su postura, en tal sentido voceros eclesiásticos remarcaron las reiteradas expresiones del papa Juan Pablo II condenando esta controvertida práctica médica a la que calificaron como «el asesinato deliberado y moralmente inaceptable de un ser humano».

«Nada puede justificar quitar una vida que es preciosa a los ojos de Dios», dijeron los voceros. En esa línea de reflexión se recordó que el propio Juan Pablo II en una conferencia internacional de médicos señaló que «los médicos no pueden alentar la llamada autodeterminación del moribundo o justificar la asistencia del personal de la salud para poner fin a la vida».

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