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Amplio rechazo en la Argentina

Una postura similar tuvo el médico Bernardo Igolnikof para quien se trata de «un tema muy delicado» que debe ser tratado con la mayor cautela del caso y que «requiere de controles muy estrictos». Igolnikof se pronunció a favor de la vida en las mejores condiciones y por no dar vía libre a una ley de esta naturaleza».
Por su parte, Carlos Gheradi, titular del Comité de Bioética de la Sociedad de Terapia Intensiva, calificó de «admirable» la decisión de Holanda de legalizar la eutanasia y manifestó que «es una actitud valiente de ese país».
En relación con la utilización de la eutanasia pasiva, donde se retira el soporte que mantiene al paciente vivo, Gheradi la consideró como «imprescindible» y afirmó que «en nuestro país se hace en forma cotidiana, aunque no sea legal».
Se sabe que en la Cámara de Diputados existen por lo menos tres proyectos que se sumergen en este análisis de este controvertido tema y en que se prohíbe expresamente la eutanasia. Sin embargo, de los fundamentos, uno de ellos impulsado por los diputados Graciela Camaño y Corchuelo Blasco habla de la «muerte digna».
Obligación
En uno de sus párrafos se expresa: «Sabemos que hay enfermos en estado terminales, siguen sin gozar del respeto a la autonomía de su voluntad no permitiéndoseles decidir sobre lo que realmente es mejor para ellos (y contradiciendo, por lo tanto, el principio bioético de la beneficencia)..».
Traducido en palabras simples significa la obligación de los médicos a informar a un paciente sobre su estado terminal, y la posibilidad de que éste decida si se quiere someter a un tratamiento que sabe doloroso liberando al médico de toda responsabilidad.
«Lo que se apunta es a lograr que los pacientes con enfermedades terminales puedan recibir un tratamiento determinado, de acuerdo a su criterio», señaló a Ambito Financiero la diputada Camaño.
También la Iglesia fijó su postura, en tal sentido voceros eclesiásticos remarcaron las reiteradas expresiones del papa Juan Pablo II condenando esta controvertida práctica médica a la que calificaron como «el asesinato deliberado y moralmente inaceptable de un ser humano».
«Nada puede justificar quitar una vida que es preciosa a los ojos de Dios», dijeron los voceros. En esa línea de reflexión se recordó que el propio Juan Pablo II en una conferencia internacional de médicos señaló que «los médicos no pueden alentar la llamada autodeterminación del moribundo o justificar la asistencia del personal de la salud para poner fin a la vida».


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