José Luis Machinea convirtió el dato sobre el monto total del blindaje financiero en el juguete rabioso del fin de semana que terminó fastidiando a medio gabinete. Con el argumento de que esa cifra debía sacarse de las especulaciones interesadas, la mantuvo en secreto en las 72 horas previas al anuncio de ayer, y recién la liberó al conocimiento de los ministros en la reunión de gabinete. Por eso, al arrancar la sesión en Olivos con Fernando de la Rúa en la cabecera, había mal humor en varios de los cole-gas del ministro de Economía. El primero de ellos, el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, que se pasó toda la tarde del domingo en la quinta presidencial sin enterarse, pese a la magnitud de sus dignidades protocolares, de ese número. Machinea insistió ante los varios intentos por quebrar el secreto sobre cuánto montaría el salvataje que «antes debe conocerlo el Presidente; además -se enroscaba-después los números trascienden a la prensa, se publican, se corrigen y nos castigan por no cumplir las previsiones».
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En dulce venganza, cuando los ministros estaban sentados, algunos deslizaron desde su silla: «¿No se sabe el monto, ¿hay algún problema?». «No -dijo el Presidente-el monto no se ha podido saber antes porque se está calculando todo el tiempo. Ahora -remató revolviendo algunos papeles-sabemos que son $ 39.700 millones». Era la primera vez que se conocía esa cifra que además era más alta que las que se habían especulado antes. Machinea agregó que no hubo ningún problema, pero que el monto había variado mucho en cada tramo de una negociación que, además, se había hecho en lugares y con protagonistas distintos. «Los canjes de deuda con bancos privados se están cerrando en este momento en negociaciones telefónicas, por ejemplo, y eso hace variar las cifras finales», explicó mientras distribuía a los presentes una carpeta con la síntesis del blindaje en números, acompañado de un seleccionado de frases para repetir por radio, que preparó el grupo de asesores en medios.
Atrasados
Quedaron varias carpetas sin dueño: Graciela Fernández Meijide atendía un blindaje chico en Miramar; Darío Lopérfido apareció ayer en Olivos recién cuando se encendían las cámaras para el discurso presidencial, pasado el almuerzo; Jorge de la Rúa llegó tarde. Como un emblema de la coreografía interna del gobierno Ricardo López Murphy anunció, apenas llegó, que andaba corto de tiempo y que no podía quedarse al anuncio.
El Presidente glosó la situación, la más gozosa de la que puede preciarse el gobierno: «Ahí andaban los agoreros, que decían que todo se venía abajo. Y ya ven hemos logrado esto». La sonrisa con que lo dijo despertó otras evocaciones. Héctor Lombardo medio se levantó en la silla para mostrar su corbata azul y oro. Hincha de Boca como el Presidente, el ministro de Salud había llegado con ese accesorio en complot directo con el privado de De la Rúa, Leonardo Aiello, y con el secretario general, Horacio Jaunarena, también con corbata de campeones.
El Presidente recibió la broma, pero continuó: «Hemos logrado esto y tenemos que destacar que empezamos a discutir este blindaje con $ 10.000 millones y estamos casi en $ 40.000 millones». Uno de la mesa se atrevió a pedir aclaración: «¿Por qué 39.000 millones y no $ 40.000 millones, cuando este gobierno ayuda al Sr. Ruckauf a pagar los sueldos? Hubiera sido una cifra más linda, más redonda».
El Presidente ignoró la pulla y siguió elogiando el paquete financiero. Machinea dedicó varios minutos para leer la carpeta con la síntesis del blindaje y abrió un brevísimo turno de inter-venciones. El rango técnico del asunto permitió apenas que una experta Patricia Bullrich se subiera desde la cartera de Trabajo a la fiesta. «Estamos viendo ya los primeros resultados de la ley laboral, hay empleadores que achican el período de prueba para beneficiarse con la baja de aportes», dijo la ministra. Siguió con una promesa que algunos anotaron: «La muestra de desempleo de mayo va a dar mucho mejor que la de octubre, porque con la baja de tasa y el crecimiento que viene con este salvataje vamos a poder dar más noticias buenas», remató. Mirando al ministro de Economía lo halagó: «O sea que vienen tiempos más tranquilos para el ministro». Machinea le respondió, con su mirada más melancólica: «¿De dónde sa-caste que un ministro de Economía puede estar alguna vez tranquilo?».
Todo eran ya flores. El Presidente quiso escuchar algo sobre La Tablada, pero su hermano Jorge estaba ausente. Tomó la palabra Federico Storani quien explicó que la Suprema Corte está estudiando el pedido de que se abra una instancia de apelación para los delitos ya juzgados y que después se vería la posibilidad de un decreto. Recién ahí llegó el ministro de Justicia, siempre oportuno.
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