16 de octubre 2001 - 00:00

Córdoba logró reforma modelo

La reforma de nuestra Constitución Nacional adoptada en 1994 es -en muchos aspectos-de una pobreza técnica pasmosa, en términos de calidad jurídica.

Por una parte, contiene errores de estructura legal. Como el relativo al olvido de tratamiento de la Carta de las Naciones Unidas en el párrafo 22, del artículo 75, del nuevo texto. Motivado --cabe presumir-por la «carga ideológica» de algunos que, de espaldas a la Carta, empujaron -sin reflexión-el nuevo texto. Por otra parte, incluyó desaprensivos cambios estructurales (aumento del número de los cargos políticos) que hicieron posible el abuso social de nuestra «clase política». El cual --una vez evidenciado-ha sido rechazado por nuestra sociedad, que se siente engañada.

Atento los reclamos de su ciudadanía, la provincia de Córdoba ha reaccionado y --con hechos-está dando un notable ejemplo al resto del país, que parece no poder siquiera atinar a una respuesta similar.

Enormidades corregidas

Los cordobeses son hoy los primeros cuya Constitución provincial ha corregido las enormidades generadas por visiones similares a las que inspiraron la reforma de 1994, que exageran --innecesariamente-el papel conferido a la «representación» política. En perjuicio de todos.

La nueva Constitución de Córdoba -jurada el pasado 15 de setiembre-incorpora el sistema D'Hont; elimina los privilegios y fueros especiales para los legisladores (que vuelven a ser ciudadanos comunes) y asegura que todos los partidos tendrán alguna representación en el gobierno.

Además, la provincia de Córdoba tiene, ahora, una sobria Legislatura Unicameral. Con sólo 70 miembros, 26 de los cuales se elegirán por voto uninominal (por circunscripción entonces) y 44 que serán elegidos, en cambio, por el sistema proporcional.

Los legisladores cordobeses tendrán, asimismo, que asistir a las sesiones para poder cobrar sus emolumentos. Esto es una vergüenza, ciertamente. Porque para que esto haya «tenido que ser así», existe una triste realidad, que sugiere que este «incentivo» es necesario, para que los «mandatarios» cumplan con su deber. Increíble. Por lo que transmite respecto de la «calidad» de algunos que transitan los niveles más altos del mundo de la política.

En materia de remuneraciones a los legisladores, corrigiendo otros feos abusos, que deben desterrarse en todas partes, Córdoba no tendrá -en adelante-ni sobresueldos, ni viáticos, ni prebendas o disfraces salariales similares. Tendrá, en cambio, remuneraciones modestas y transparentes. Como debe ser. Porque la política, en un ambiente republicano, debe ser austera. Lo que quiere decir que no puede ser nunca un camino hacia el enriquecimiento personal. De nadie.

Córdoba ha comenzado así a recorrer el camino de la reconciliación de la política con su gente. Un camino imprescindible, que todos debemos transitar. Para dejar atrás las desilusiones y las frustraciones. Para tener mejores políticos y política. Para poder participar. Para concentrarnos en lo mucho que debemos hacer por nuestra sociedad, modernizándola. Para vencer la indiferencia. Para poder convocar a los mejores. Y para desterrar el privilegio.

Por todo eso, Córdoba está dando el ejemplo que debe ser seguido por todos: puede estar orgullosa de ello. Porque el sentir de su gente ha sido interpretado y porque ha podido materializarse con los cambios que se reclamaban.

(*) Embajador. Ex representante permanente de la República Argentina ante la ONU.


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