8 de marzo 2001 - 00:00

Creen que será Europa la que hará crecer al mundo

Madrid - El optimismo acerca de España y de Europa que exhibe Rodrigo Rato hacen todavía más difícil entender su negativa a postularse como sucesor de José María Aznar. Rato es el vicepresidente segundo y ministro de Economía del gobierno español. Acaba de revolver el avispero de la política de este país al renunciar a ser, como estaba previsto, el delfín de Aznar a partir de 2004. Una decisión que se comprende con dificultad apenas se comienzan a escuchar sus pronósticos y explicaciones sobre el futuro de España y su lugar en Europa y en Iberoamérica. También sus expectativas respecto de la Argentina. Fue posible hacerlo el martes por la noche, durante una comida que ofreció el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA). Fue en el palacio Linares, denominado ahora «Casa de América», una muestra suntuosa y casi excesiva de la arquitectura madrileña de fines del XIX, situado frente a la fuente de las Cibeles. A uno y otro lado del ministro, los copresidentes del banco: Emilio Ybarra y Francisco González.

En la Argentina la figura de Rato no debería ser brumosa: se trata del hombre que, en último término, firmó el cheque de España (u$s 1.000 millones) para integrar el salvataje financiero de fines del año pasado. Se encargó de recordarlo en varias oportunidades de su exposición. Fue con delicadeza, sólo para demostrar que en ése, como en otros casos -el brasileño, por ejemplo-, su país volvió a demostrar su vocación ibero-americana. Cuando habló específicamente del gobierno de Fernando de la Rúa se mostró complacido, tanto con la receta aplicada para encuadrar las cuentas públicas como por los «acuerdos alcanzados en el Congreso», que tal vez suponga más sólidos de lo que lucen por estos días.

Otros detalles escapan a la vista de este ministro: desconoce quién es Ricardo López Murphy y por lo tanto no puede abrir juicio sobre lo que significa su designación. Blazer azul, pantalón gris, camisa a cuadros y una poco recomendable corbata azul eléctrico, Rato enfocó de entrada el problema que más inquieta a cualquier observador de la actual coyuntura económica internacional: la desaceleración del crecimiento estadounidense. Como si reapareciera, subliminal y prudente, una rivalidad nunca superada, el ministro auguró que «Europa está en condiciones de hacer un aporte al mundo, sin intención de sustituir a nadie». Para él, la Unión Europea puede aspirar a convertirse en la nueva locomotora del crecimiento por varias razones. Primero, porque su ciclo ascendente es autónomo del que se verifica en los Estados Unidos. Segundo, porque comercialmente se trata de la economía más importante del planeta, sostenida ahora en el euro y en una buena plataforma tecnológica.

Rato disimuló los problemas de productividad que ofrecen los europeos cuando se los compara con los norteamericanos y tampoco puso en evidencia el distinto grado de innovación en tecnología. Estancado Japón y frenados los Estados Unidos, «2001 puede ser legítimamente el año de Europa».

Promesa

En ese contexto, la perspectiva de España no podría ser mejor para quien maneja las finanzas del país. «Hace cinco años que estamos creciendo y hace cuatro que lo hacemos a más de 4%, por encima del promedio europeo», ilustró Rato. Después prometió la eliminación del déficit fiscal para este año y, en consecuencia, una propensión a reducir la deuda pública. ¿A qué se debió esta excepcionalidad de la economía española respecto del resto de Europa? El vicepresidente y ministro lo explicó con términos de una ortodoxia desacomplejada. Dijo que la liberalización fue más rápida e intensa que en el resto de la Unión y acudió al ejemplo del mercado laboral: «Con el modelo de protección anterior tuvimos el nivel de paro más importante del continente; con las reformas laborales que llevamos adelante no sólo revertimos ese nivel de desempleo sino que creamos 50% de los puestos de trabajo que se crearon en Europa».

Una ventaja más la atribuyó a la apertura de la política económica española: la segunda después de Canadá de todas las de la OCDE, si se elabora el ranking siguiendo ese criterio. Esa noche, Rato iba a volver sobre este mérito para decir que «en cuanto a apertura y subsidios, Estados Unidos tiene muy buen marketing. Pero son peores que nosotros, los europeos, que no somos ningunos santos». Después de esta primera pasada por la pasarela, el «modelo» español se propuso como la mejor manera de articular Latinoamérica con Europa. Es simpático observar los esfuerzos retóricos que realizan funcionarios y empresarios aquí, en España, para despistar de cualquier intento de «reconquista» de las que fueron sus antiguas colonias. Hablan, de nuevo, de «mestizaje», «respeto a las peculiaridades históricas» y hasta de «inculturación».

Hechas esas aclaraciones, Rato apuntó que España es el sexto inversor mundial según un índice elaborado por Naciones Unidas y que buena parte de esa inversión se vuelca sobre Latinoamérica. Este movimiento económico se debería traducir, según el ministro de Aznar, en otro político: la constitución de una «voz iberoamericana» que equilibre la balanza europea y también la del continente americano. Algo así como una tercera corriente, capaz de convivir con las dos dominantes en estos días: la de expansión del capitalismo europeo -básicamente alemán-hacia el Este y la de creación de un mercado americano, desde los Estados Unidos hacia el Sur. Rato, como todo político europeo, presta atención a esta última tendencia, que debería configurar el ALCA hacia 2005 y por eso sugirió: «Los españoles queremos colaborar para que las negociaciones de México, Chile, Mercosur o el Pacto Andino con la Unión Europea se agilicen y lleguen a buen término cuanto antes». En esta perspectiva explicó Rato el compromiso de su país con el «blindaje» argentino: «Tenemos una gran confianza en la economía argentina a pesar de las dificultades que enfrentó por la crisis asiática del '98, la crisis cambiaria regional (Brasil) del '99 y la reciente crisis turca». No dijo más que eso en público. En privado, en cambio, dio una sorpresa: calificó a José Luis Machinea de «aguerrido» y se convirtió así en uno más de los amigos del ex ministro que hablan de virtudes que jamás pudo dejar traslucir en su imagen pública.

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