20 de junio 2001 - 00:00

Cumbre Mercosur: ¿confrontación o colaboración?

Asunción del Paraguay, del 20 al 22 del actual será sede de la próxima cumbre del Mercosur. De la misma participarán Chile y Bolivia; se dice que Venezuela formalizará también su ingreso. En el marco de la búsqueda de acuerdos, especialmente en infraestructura de energía, telecomunicaciones y transporte, se discutirá la situación fiscal y macroeconómica, el nivel del Arancel Externo Común (AEC) y la creación de un organismo permanente judicial para la solución de controversias. Estos objetivos deben alcanzarse para superar las asimetrías visibles: el déficit de su avance ha sido causa de dificultades y enfrentamientos conocidos.

La magnitud de la crisis económica que acosa a la región milita para que Buenos Aires y Brasilia confluyan en una estrategia común. También la línea estratégica diseñada por Brasil de cara al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) sobrevuela las opciones políticas, cada vez más acotadas por una dependencia mutua.

El Mercosur comercial

Los acuerdos bilaterales argentino-brasileños de 1986 aceptaban, al lado del concepto de libre comercio, una metodología de comercio administrado y de complementariedad de los sectores productivos. Pero desde 1990 predomina el pensamiento aperturista y el principio del acceso al mercado sin limitaciones, salvo las excepciones aceptadas. A partir de la devaluación brasileña (1999) alteráronse los precios relativos en la región; también la confianza (affectio societatis). Ahora toca a la Argentina, impulsada por razones de supervivencia, tomar medidas unilaterales en orden al tipo de cambio y a lo que se consideraba el núcleo duro de la integración: los aspectos arancelarios.

Eufemismos aparte, la «nueva convertibilidad» y «el factor de empalme» se hacen hacia el Mercosur, donde los exportadores recibirán 8% adicional (resulta inexplicable el concepto del canciller uruguayo que considera el nuevo régimen no aplicable al intercambio regional). Más que el preaviso dado por el ministro de Economía a los funcionarios de Brasilia, éstos no se han de alarmar, habida cuenta de la posibilidad de continuar con la devaluación del real y enjugar en pocas rondas el plus asignado al peso.

En cambio, enrarecerá el diálogo la reducción del AEC. En 1995 los cuatro países implementaron un programa de convergencia arancelaria para productos de telecomunicaciones e informática: el arancel máximo sería de 16% a fines de 2005. La renegociación, al parecer aceptada por Brasilia, ha sido rechazada de inmediato por la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP), principal representante del sector secundario y titular de poder real. Ya fue cuestionada la revisión reciente del AEC para bienes de capital: el año 2000 Brasil exportó a la Argentina cerca de u$s 1,7 millón en ese rubro.

El Mercosur político

Es un dato de la realidad que, desde el ingreso de Cavallo al elenco gobernante en nuestro país, la relación con Brasil adquirió picos de tensión, a favor de sus expresiones agresivas y sus ecos en la prensa del vecino país. El influyente «O Estado de Sao Paulo» las consideró afectando la propia existencia del Mercosur; reclamó, «más que respeto, lealtad», y terminó por estimarla como una política ostensible pro ALCA.

Más: se subrayó que la Argentina viene obteniendo superávit vitales con Brasil para alcanzar el equilibrio de sus cuentas externas y se desliza que esa balanza comercial desequilibrada «no será mantenida si cae el interés estratégico en preservar la estabilidad del Mercosur».

A más del ingrediente que
agrega el talante imperial de Brasil (hubo en él un emperador, mientras nuestras latitudes sólo albergaban un virreinato...) un nuevo factor se ha adicionado con la crisis energética que irrumpió el pasado mes para matizar la paradojal combinación de diferencias y desigualdades. Pero sobrenada la necesidad política de Brasil, esclarecida en el análisis de Henry Kissinger: «Al emerger Brasil como uno de los principales países económicos y políticos del siglo XXI, se ha concentrado en hacer más lento el ALCA para solidificar el Mercosur; en comprometer a la Argentina, Paraguay y Uruguay con su concepción del futuro de América latina y en obligar a Estados Unidos a hacer frente a un bloque regional».

Mercosur institucional

La carencia de un Tribunal de Justicia que funcione como un verdadero Poder Judicial y aplique un derecho supraestatal ha sido tematizada como verdadero hueco deficitario de la institucionalidad del Mercosur. A iniciativa de Uruguay y Paraguay, la Cumbre de Asunción ha de considerar su superación. En la Comunidad Europea el derecho unió las políticas de los Estados miembros por la obra encomiable de la Corte de Justicia de Luxemburgo. Cierto que el Protocolo de Brasilia (1991) modificó el sistema de concertación directa del Tratado, instituyendo un Tribunal Arbitral de jurisdicción obligatoria, verdadero avance en orden al respeto y garantía de los derechos comunitarios. Pero el paso decisivo hacia un perfecto sistema jurisdiccional debe radicar en la institución de una Corte independiente, de carácter permanente que, a imagen y semejanza de la europea, se halle investida de las funciones de interpretación final uniforme y de aplicación de las normas de la integración.

Y no se crea que con esta nueva postulación se paga tributo a una deformación profesional, privilegiadora de lo jurídico por sobre los aspectos antes analizados. Como se verificara en la Comunidad Europea, el Tribunal Judicial Permanente, adecuadamente definido en su jurisdicción contenciosa y garante de los principios exigibles técnicamente, será el instrumento apto para superar asimetrías, desarmonías y desigualdades. Como expresa el ministro de Industria uruguayo, Sergio Abreu, «la competencia por inversiones intra y extra Mercosur; la coordinación y armonización legislativas; la eliminación de restricciones no arancelarias; en suma, el restablecimiento de un sistema de igualdad que garantice la obtención de ganancias mutuas entre los socios necesita de una estructura jurdisdiccional que se empine por encima de la voluntad de los Estados».

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