Si el público, en general, hubiera asistido a la escena que presenciaron en Olivos, bien entrada la madrugada de ayer, un grupo de ministros del gabinete nacional, tal vez la imagen más extendida de Fernando de la Rúa (la de un hombre introvertido y poco claro a la hora de transmitir sus percepciones) se corregiría un poco. El Presidente dialogó con Chrystian Colombo, Patricia Bullrich y Adalberto Rodríguez Giavarini hasta las cuatro de la mañana.
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El tema fue el único posible: el nuevo ajuste que debe emprender la administración, ahora con López Murphy en el Ministerio de Economía, y el respaldo presidencial que ese recorte demanda. «Nadie puede decir que yo no he adoptado decisiones costosas. Si quieren llámenlas impopulares. Así que es intolerable para mí que se sostenga que no tengo firmeza o que el programa que adoptamos carece de respaldo político», se desahogó De la Rúa. Después pasó una factura: «Desde hace un año he cumplido con las recetas que me traían los economistas y sin embargo, estamos como al comienzo. ¿Van a decir que fue por culpa mía o de ustedes, los profesionales de la economía?» siguió el Presidente.
Giavarini se creyó en la necesidad de defender a su gremio: «No se trata solamente de la receta sino de la velocidad en las decisiones que se toman. Y muchas veces el tiempo que requiere la política se vuelve incompatible con la velocidad que requieren los mercados, en general ansiosos». De la Rúa insistió con su argumento: «Díganme entonces cuál fue el error en la última experiencia que tuvimos, la del blindaje. Me dijeron que ahora el problema estaba superado y hasta hicimos publicidad transmitiéndole eso a la gente. Ahora me dicen que las cosas no eran así. ¿Alguien mintió, no?». Nadie quiso decir que José Luis Machinea había engañado a su jefe y sus colegas. Por más que la desviación que detectó López Murphy una vez que repasó los números de Economía fue mucho mayor de la esperada: $ 2.000 millones.
La conversación regresó al punto inicial, el de la necesidad de que De la Rúa exprese un apoyo irrestricto a las pretensiones de su nuevo ministro. «Sí, estoy dispuesto a apoyar todo, pero que me diga qué es lo que quiere hacer» volvió a quejarse. «Lo que quiere hacer ya lo dijo: recortes por $ 2.000 millones que se componen de restricciones en los giros a provincias y ajustes en el gasto del Estado nacional». No se enumeraron nuevamente las medidas, sobre todo para no recordar que incluye una economía de 20% en el presupuesto universitario que golpea en el corazón de la UCR por su ramificación histórica en la militancia estudiantil. Sí se mencionó que Hugo Juri, el ministro de Educación, fue el integrante del gabinete que más levantó la voz frente a las metas presupuestarias que plantea el nuevo equipo económico. Para aliviar el sinsabor, se apoyaron en Mario Losada, el presidente del Senado, quien le transmitió al gobierno que «va a haber apoyo político siempre que no se toque el Fondo del Tabaco». Claro, Losada es de Misiones, provincia ligada a esa actividad, y además está en campaña electoral por su reelección como senador.
Los ministros trataron de que no todo fuera autoflagelación fiscal, en Olivos se repasaron algunas conquistas recientes. Se le recordó a De la Rúa que «el Fondo ya dio el waiver que requerimos, inclusive antes de que se exponga el programa. También se hizo referencia al espaldarazo que se había producido unas horas antes, en esa misma casa: el de Carlo Ciampi, quien expresó la confianza de Italia y de la Unión Europea en «el programa del Presidente».
Finalmente, en Olivos examinaron la posibilidad de que De la Rúa dirija un mensaje a la población, capaz de dar un marco político amplio a la presentación de López Murphy. La intención del gobierno, tal como se analizó en la reunión de la madrugada de ayer, es ofrecer un horizonte más amplio a la nueva etapa de la política económica. Por eso se habló de apuntar a las oportunidades que ofrece la Argentina en rubros como la minería, la forestación, la petroquímica, el turismo, la industria alimentaria y las telecomunicaciones. Se examinó además la posibilidad de que la exposición oficial tuviera algún pasaje autocrítico. Es decir, que admita las limitaciones de la política ensayada desde diciembre del '99, no sólo para tender un puente con la población; también para darle a López Murphy su propia oportunidad de contar con una «herencia recibida» que justifique el nuevo torniquete.
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