- ámbito
- Portada Principal
El fin de la convertibilidad
• Punto final
En definitiva, tener déficit fiscal independientemente de cómo se financie y usar a la apertura de la economía para cualquier cosa menos para lo que debe ser usada (importar más para exportar más) representan un modelo que murió totalmente. ¿Qué hacer entonces? Lo que correspondería es asumir la defunción del modelo de crecimiento de los últimos 70 años basado en el déficit fiscal y pasar a tener un presupuesto público que maximice el ahorro interno, o sea, equilibrio fiscal. Respecto de la apertura, habría que usarla no con fines anti-inflacionarios, sino para insertarse al mundo como Dios manda, que es abrirse por completo al comercio, para lo cual hace falta un tipo de cambio realista.
Sin embargo, una vez que el modelo de déficit fiscal -economía cerrada y atraso cambiario- quedó claro que estaba agotado, la Argentina de a poco comienza a «involucionar» al ir para atrás en todo lo poco que se había ganado en la última década. La idea del déficit cero queda claro que no fue una decisión estratégica para maximizar el ahorro interno, sino un mero escape a la cesación de pagos abierta ante el corte del financiamiento externo de julio pasado. Además, aparece cada vez más deshilachada por la caída en la recaudación y las crecientes resistencias de la corporación política de dejar de usar al gasto público como un instrumento para generar poder en vez de que sean impuestos que vuelven a la sociedad bajo la forma de bienes públicos.
La consecuencia es que volvemos a emitir moneda para financiar el déficit fiscal. Patacones, LECOP, Cecacor, Cecor, Quebracho, Bocanfor son todas manifestaciones de una misma cosa: en la Argentina no habrá ajustes fiscales adicionales más allá de los hipócritas teatros de discusión sobre los «costos sociales del ajuste» a los cuales nos tiene acostumbrada nuestra impresentable clase política por un lado y un gobierno que supuestamente quiere tener equilibrio fiscal e insiste con el déficit cero. Aquí se acabó con la idea de la disciplina fiscal, y vamos a un déficit cero cada vez más trucho, bien «a la argentina»: ingresos en pesos + terceras monedas para pagar el gasto primario que no efectivizó en pesos y gastos que probablemente se publiquen solamente en pesos. Burda patraña para engañar a argentinos crédulos para que hagan el «click» consumiendo más y reactivar para durar un poco más.
En cuanto a la apertura de la economía, el consenso es que no hay que devaluar, pero hay que recrear un sistema de reembolsos a las exportaciones y aranceles a la importación. En buen romance, una parte importante de los industriales argentinos (la UIA es el paradigma) prefiere tipo de cambio atrasado y cierre de la economía en vez de tipo de cambio alto y apertura, porque, de esa manera, puede importar bienes de capital e insumos baratos y vender caro sus bienes finales a los consumidores argentinos, en vez de tener que competir en el mundo con una protección no distorsiva como lo sería un peso bien depreciado.
Respecto de los controles de precios, hemos vuelto a ellos luego de que varias provincias comenzaran a emitir cuasimonedas que, para que fueran aceptadas, no tuvieron mejor idea que obligar a los comerciantes a tomarlas a 100% de su valor nominal y que el BCRA fijara un encaje de 100% para aquellos depósitos que estuvieran remunerados con una tasa de interés por encima del promedio del mercado. Se está discutiendo un proyecto en el Congreso para gravar diferencialmente a los que ganaron por encima de un cierto monto en los últimos años y a los que giren dividendos y utilidades al exterior. O sea, acá los mismos políticos que fundieron el país gastando cada peso que se recaudaba en los últimos años no tienen el menor escrúpulo de intentar hacernos creer que los que ganan plata o, peor (vuelta a la xenofobia), los que giran dividendos al exterior son los culpables del fracaso estrepitoso de la convertibilidad. Y para cerrar el círculo de terror, ahora no sólo congelamos los stocks de ahorro de la gente, sino también establecemos un control de los flujos a través del «revival» de los controles de cambio, transformando la economía argentina en una verdadera cárcel con cadena perpetua. Los que ya estaban ahorrando no pueden salir, y los que entren nunca más saldrán.
El modelo de política económica de los últimos 70 años, no da para más. Así como el momento de hacer déficit cero no era el 9 de julio pasado, cuando el gobierno anunció el ridículo plan de la independencia, sino desde el mismísimo momento del lanzamiento de la convertibilidad, en abril de 1991, ya casi no nos queda tiempo ni margen para cambiar el modelo hacia uno de alto ahorro interno (equilibrio fiscal), mucha apertura de la economía (aranceles mínimos para importar todo a la misma tasa) y un tipo de cambio alto, porque el deterioro económico, político y social es cada vez mayor y puede terminar siendo incontrolable.


Dejá tu comentario