13 de marzo 2001 - 00:00

Es explosiva la situación fiscal

Es explosiva la situación fiscal
La situación fiscal, más allá del blindaje, sigue siendo absolutamente insostenible, y tarde o temprano nos va a poner a discutir otra vez, como a fines de 2000, la crisis de la deuda y la devaluación. Pruebas al canto: el déficit de 2001 superará los $ 16.000 millones (contra $ 13.700 millones en 2000) y la deuda pública comenzará a acercarse a 60% del PIB. Un espanto.

Luego de 10 años de convertibilidad se puede hacer una buena estilización de la política fiscal que han seguido tanto el gobierno del ex presidente Menem como el que comanda De la Rúa. Esta ha consistido en hacer todo el déficit fiscal posible y financiarlo externamente con privatizaciones cuando las hubo, con colocaciones de deuda en el mercado de capitales cuando ya no alcanzaban las ventas de activos públicos y con el blindaje por u$s 40.000 millones cuando los acreedores privados ya no nos prestaban más, como ocurrió a fines del año pasado.

Desde el punto de vista conceptual, el gasto público y el déficit fiscal son malos en sí mismos. El primero porque requiere apretar a la gente con impuestos que le quitan capacidad de gastar en lo que le plazca, aunque es cierto que hay ciertos bienes que son llamados «bienes públicos» (defensa exterior, seguridad interior, justicia, diplomacia, etc.), que son demandados por la sociedad y como consecuencia de que presentan externalidades, indivisibilidades, etc. no serían provistos de manera eficiente por el sector privado, por lo cual se torna necesario que los provea el Estado para lo cual éste tiene que recaudar impuestos.

Mirada

El déficit fiscal es malo en sí mismo y no tiene los atenuantes mencionados más arriba para el gasto público. Si no, recordemos las consecuencias que trajo en nuestra historia. Después de décadas de financiarlo con emisión monetaria terminamos en hiperinflación en 1989. Cuando se lo hizo con deuda pública interna terminamos abortando todo proceso de crecimiento y más tarde estafando a los acreedores (plan BONEX de diciembre de 1989). Cuando se recurrió al financiamiento externo, como ha sido el caso de la convertibilidad, inicialmente tuvimos un boom de actividad económica (1991-1994) y desde ahí venimos penando con cada crisis internacional.

Equivocada y/o perversamente también, cada vez que la Argentina enfrentó problemas para crecer en los últimos 10 años, el gobierno de turno comenzó a mirar al exterior para encontrar alguna causa que explique el estancamiento del país. Cuando México devaluó, en diciembre de 1994, fue el efecto tequila el que nos postró. Cuando se cayó el sistema financiero del sudeste asiático, a mediados de 1997, fue el efecto arroz. Cuando se cayó Rusia, en agosto de 1998, fue el efecto vodka. Cuando devaluó Brasil de manera masiva, en enero de 1999, fue el efecto banana y ahora que Turquía se fue al demonio, es el efecto kepi.

Lógica

A pesar de que esta teoría que se ha inventado sobre por qué no crecemos es ridícula, tiene su lógica (todo en la vida tiene su lógica por más perversa que ésta sea). Si la estrategia para crecer dentro de la convertibilidad fue hacer déficit fiscal y financiarlo en el exterior, pues miremos al exterior cuando no crecemos y le echamos la culpa de todos nuestros males. ¿Por qué es ridícula? Para no ser demasiado pesados con tecnicismos, usemos la lógica ¿es serio mirar al exterior como el malo de la película desde hace casi 7 años cada vez que tenemos problemas para crecer?

Por más que la estrategia haya sido usar al exterior para crecer, el problema fue cómo lo usamos. Recurrimos al mercado de deuda y a hacer déficit fiscal en vez de hacerlo al mercado de bienes con una genuina apertura de la economía para exportar más y también para importar más todavía de lo que importamos. Elegimos el «currito» del Mercosur, que es tolerable con un tipo de cambio superatrasado como el que tenemos, en vez de ir a aranceles de 2% (hoy el arancel promedio de la Argentina es de 14% con una protección efectiva más alta en algunos sectores) y tipo de cambio alto para no generar una crisis de balance de pagos.

La culpa del atraso cambiario ha sido de la política fiscal consistente en maximizar el déficit fiscal cada vez que existe algún dólar tirado por el mundo para que financie a nuestra inescrupulosa clase política. Esta ha generado un atraso cambiario que fundió al «cuete» a la mitad del país y ha causado el desempleo más alto de la historia. El déficit fiscal hizo explotar la deuda pública que ya supera 50% del PIB y así aparecieron las dudas de que la Argentina pudiera hacer un default el año pasado. Los mercados se cerraron y si no fuera por el blindaje, el tipo de cambio hoy sería un múltiplo del 1x1.

El blindaje, entonces, debe quedar claro que consiste en profundizar la estrategia de hacer déficit fiscal (como se puede observar en el cuadro adjunto, el desequilibrio del fisco argentino en 2001 será mayor que en 2000) y financiarlo con créditos institucionales (FMI, Banco Mundial, BID, gobiernos extranjeros como España, etc.). ¿Puede ser posible que aquello que nos llevó al borde de la cesación de pagos, el déficit fiscal, sea ahora la llave del crecimiento económico por el solo hecho de contar con el financiamiento del blindaje?

Aclaración

Difícil, muy difícil.Y aquí es necesario hacer una aclaración importante. Una cosa es el déficit financiable y otra totalmente distinta es el déficit sostenible. A lo mejor, el déficit de $ 16.400 millones que tendremos este año (Nación sin dibujos+Provincias+Pagos con BOCON) y que supera a los $ 13.700 millones de 2000 es financiable, pero de ninguna manera es sostenible porque implica que la deuda pública crece casi 5% del PIB por año, salvo que el dólar se devalúe y que los intereses de la deuda pública todos los años sean alrededor de $ 2.000 millones superiores a los del año anterior, con lo cual en 2004/2005 ya llegarán a los $ 20.000 millones. Impagable.

Si llegamos a crecer, lo haremos a una tasa tan baja que nadie sentirá que la recesión que ya lleva más de 30 meses esté menguando, con lo cual no solucionaremos ninguno de los problemas que la gente tiene, con el agravante de que la crisis de la deuda es inevitable. Urge entonces ir a déficit fiscal 0 ahora y ni pensemos, como a veces lo hacemos, que el cambio solo de Machinea por nombres rutilantes transformarán a la Argentina en un vergel con la velocidad de un rayo. Los que piensan así pretenden reanudar la «fiestita» de más déficit fiscal, financiable a una tasa de interés más baja para lograr un crecimiento rápido, más en un año de elecciones, con lo que lo único que se hace es retardar la crisis, que más temprano o tarde llegará, porque con niveles de déficit fiscal de casi 6% del PIB, como será 2001, lo único que puede esperarnos es un gran «tortazo» en algún momento. El argumento de los políticos acerca de los costos sociales que tendría bajar el gasto público $ 15.000/ $ 20.000 millones para ir a déficit fiscal 0 ahora es indefendible, porque los costos sociales de haberlo aumentado 40.000 millones de pesos, como ellos lo hicieron cuando votaron los presupuestos de los últimos 10 años, quebrar al Estado aun habiendo privatizado todo y habernos puesto al borde de la crisis de la deuda a fines del año pasado han sido enormes: el desempleo más alto de la historia, pobreza extrema y quiebras generalizadas de empresas que no necesariamente hubieran ocurrido sin el atraso cambiario que tenemos y que tampoco podremos sostener. Lo que pasa es que los políticos defienden la «quinta» de su clientela política, que son los que viven del gasto público y les asegura vivir de arriba (de los impuestos que paga el sector privado) con los votos que logran.

Lo inescrupulosa de la postura de los políticos es que al mismo tiempo que no quieren bajar el gasto público 15.000/20.000 millones de pesos para ir a déficit fiscal 0 ahora, endeudan al país a tasas de interés que no podrá pagar y que van a generar la crisis de la deuda y la devaluación posterior, con lo cual van a quedar como los grandes responsables de que la sociedad la pase peor todavía de lo que la está pasando. Se dice que la economía es una ciencia social. Puede ser. Pero lo que sí es más claro es que tiene que respetar ciertas leyes como la ley de la gravedad: vivir de prestado es pretender que el círculo sea cuadrado. Hasta hoy no existe.

Dejá tu comentario