28 de marzo 2002 - 00:00

Hace 40 años, caía el gobierno de Frondizi

Hace 40 años, el 29 de marzo de 1962, caía el gobierno de Arturo Frondizi, tras casi cuatro años de una azarosa y a la vez lúcida gestión de gobierno. A cuatro décadas del hecho, parece conveniente realizar algunas reflexiones sobre el mismo.

a) El problema peronismo-antiperonismo, a sólo 7 años de la revolución del '55, fue desencadenante de la crisis institucional que provocó la caída del gobierno. El triunfo del peronismo en la decisiva provincia de Buenos Aires, a través del sindicalista Andrés Framini, parecía entonces como un hecho intolerable, no sólo para los militares, sino también para las fuerzas económicas y gran parte de la opinión pública, incluyendo a la mayoría de las fuerzas políticas no peronistas.

b) El hecho puso en evidencia -como había sucedido en abril de 1931- que la elección de Buenos Aires determina el rumbo de la política nacional cuando tiene lugar separada de la elección presidencial. El oficialismo, a través de la UCRI, había ganado a nivel nacional, obteniendo más votos que el peronismo, pero el triunfo de éste en Buenos Aires, con más de un millón de sufragios frente a 700.000 del oficialismo, determinó la crisis, que comenzó con la anulación de los comicios en los distritos donde había ganado el justicialismo.

c) Entre la elección que tuvo lugar el 18 de marzo y el desplazamiento del gobierno, el 19 del mismo año, se sucede una vertiginosa crisis político-militar. El intento de acompañar a Frondizi con un gabinete de coalición integrado por radicales, conservadores y democristianos, fracasa por la negativa de los primeros, liderados por Ricardo Balbín, a avalar el último y desesperado intento de mantener el gobierno.

d) Desde el punto de vista militar, el desplazamiento de Frondizi fue el primero realizado por los tres comandantes en jefe en forma conjunta. El protagonismo militar en 1930 había sido de un general retirado (Uriburu); en 1943, de un grupo militar que impulsó al secretario de Guerra (Ramírez), y en 1955, un general retirado (Lonardi) secundado por oficiales subalternos.

e) Pese a ello, el apoyo al desplazamiento de Frondizi no fue expresión monolítica de las Fuerzas Armadas. Ya desde 1958, sectores militares legalistas, como el que representó el coronel Manuel Reimundes, pugnaron por dar al gobierno constitucional una base de sustentación militar. En marzo de 1962, gran parte de la Aeronáutica Militar --denomina-ción que entonces utilizaba la Fuerza Aérea-y del propio Ejército, como el caso de la guarnición de Campo de Mayo se oponían al golpe militar, mientras que la Marina de Guerra -nombre que usaba entonces la Armada-apoyaba en bloque la posición hostil hacia el presidente. La detención del secretario de Guerra, general Rosendo Fraga, por parte de los golpistas, fue un intento tendiente a evitar reacciones legalistas.

f) El rol de arbitraje para salvar la situación del presidente, intentado entonces por el teniente general Pedro E. Aramburu, fracasa en encontrar fórmulas eficientes para resolver la crisis con la continuidad del presidente al frente del gobierno, aunque fuera con poderes sumamente recortados: las decisiones de gobierno más trascendentes requerían la ratificación de los tres secretarios militares.

• Fisuras

g) Desde el punto de vista internacional, la política del gobierno desarrollista de alineamiento con los Estados Unidos había tenido sus fisuras en el verano de 1962, a raíz de la entrevista mantenida por Frondizi con el Che Guevara, en momentos en que ya había asumido Fidel Castro una posición hostil hacia Norteamérica. Ese mismo hecho había debilitado notoriamente la capacidad de acción de los sectores militares legalistas y había generado fisuras en los sectores de la Argentina conservadora, que públicamente habían percibido el acertado espíritu de cambio y modernización que encarnaba el proyecto de Frondizi.

h) En el campo económico, algunos análisis realizados en función de docu-zimentación inédita parecerían demostrar que la caída de Frondizi fue el último episodio en la pugna entre los intereses británicos -de tradicional hegemonía en la economía argentina durante la primera mitad de siglo-y los norteamericanos, que habían acelerado su desplazamiento desde fines de la década del '50. Desde esta perspectiva, habría sido la última crisis en la cual los intereses británicos ejercieron una influencia efectiva sobre la política argentina, jugando en este caso en contra de la estabilidad del presidente, quien aparecía promoviendo el alineamiento con los Estados Unidos y el alejamiento de Gran Bretaña.

i) En la coyuntura, la habilidad ejercida en el momento de la crisis por el entonces ministro de Defensa, Rodolfo Martínez, y Julio Oyhanarte, miembro de la Corte Suprema, evitó que las Fuerzas Armadas asumieran directamente el poder, logrando que el presidente provisional del Senado, José María Guido, lo hiciera, mateniendo así un hilo de formalidad institucional.

A 40 años de los hechos, existe un consenso generalizado sobre el error que significó el desplazamiento de Frondizi. El proyecto de modernización caracterizado por la inversión extranjera, la apertura petrolera, el ajuste del gasto público y la ubicación de la Argentina en la esfera de influencia de los Estados Unidos no fueron comprendidos en su momento y, por el contrario, fueron duramente combatidos.

Desde el punto de vista político-institucional, este golpe militar fue un antecedente necesario de las intervenciones de 1966 y 1976. Si bien nunca puede escribirse la historia que no pasó, es evidente que si Frondizi hubiera terminado su período constitucional, hubiese sido mucho más difícil lograr el consenso civil y militar para posteriores interrupciones de la normalidad constitucional.

Hace cuarenta años, la caída de Frondisignificó una oportunidad perdida para la Argentina y para el mundo fue un hecho incomprensible, dado que era el presidente con más prestigio de América latina en ese momento. Han pasado cuatro décadas y los argentinos, en vez de aprender de los errores del pasado, parecen insistir en volver a equivocarse, desperdiciando oportunidades y ensimismándose en la crisis sin resolverla.

Por esta razón, recordar la caída de Frondizi no es un mero hecho histórico, sino que impone una necesaria reflexión sobre los errores del presente, de los que pueden arrepentirse generaciones futuras, como hoy sucede cuando miramos lo que ocurrió el 29 de marzo de 1962.

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